¿EL FANTASMA DE ZP?

La vida política tiene sus servidumbres y exigencias. Y una de ellas –posiblemente la más difícil– es saber retirarse de verdad. Sin nostalgias, ni tentaciones conspirativas.

Casi todos los líderes que han desempeñado un papel dilatado en la vida de sus partidos tienen la tentación de intentar seguir moviendo los hilos desde la sombra. Y a veces ni tan siquiera desde la sombra. Lo cual tiende a complicar la vida a Slos nuevos líderes, que durante un tiempo se pueden ver perseguidos por las sombras y fantasmas del pasado.

Los condicionantes desde el pasado generalmente operan como un factor retardatorio en las posibilidades de despegue de los nuevos líderes, en la medida que los fantasmas del pasado, en la mayor parte de los casos, restan credibilidad y apoyos. Sobre todo cuando los líderes anteriores acabaron sus mandatos en un clima de fuerte descrédito para su partido y de neto retroceso electoral. Por eso, precisamente, tienen que marcharse del todo y dejar paso a que otros líderes y enfoques puedan operar sin condicionantes, para intentar recuperar la credibilidad perdida y los apoyos electorales necesarios. Sencillamente esta es la ley de la vida de la política.

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