Lo primero que hay que reseñar de las tres encuestas publicadas es que se trata de aproximaciones no suficientemente fiables, ya que se trata de estudios realizados en base a un número reducido de entrevistas (en algunos casos sólo 500) efectuadas telefónicamente, lo que no permite partir de muestras mínimamente estratificadas y fiables. Para hacernos una idea de tales carencias técnicas hay que tener en cuenta, por ejemplo, que en los tres casos considerados los márgenes de error muestrales son superiores a las ventajas electorales que se atribuyen a uno de los dos grandes partidos. En concreto, se trata de Encuestas con unos márgenes teóricos de error que oscilan entre un ±4,5% y más de un ±3,2%, para distribuciones 50%/50%; es decir tienen un recorrido posible de ¡nada menos que de 9 o 6 puntos! Lo que, obviamente, no permite llegar a conclusiones definitivas.

Aun así, el hecho de que las tres Encuestas coincidan en asignar una ventaja posible de 3 ó 4 puntos al PP sobre el PSOE, indica que podemos estar ante una tendencia subyacente, que responde también a algunas de las impresiones colaterales de desgaste que están cundiendo.

Plausiblemente el PSOE está sufriendo el desgaste lógico de gobernar en una coyuntura muy delicada de crisis económica. Pero también el PP está sufriendo el desgaste causado por escándalos cuya dimensión y alcance parece que van a ir en aumento. Por eso, nos encontramos ante una situación de desgastes mutuos, cuyo balance final tenderá a dilucidarse en términos de cuál será el partido político que sufra finalmente menores desgastes político-electorales.

Adicionalmente a esta complejidad analítica y de pronóstico, las Encuestas que se han hecho públicas muestran algunas contradicciones y paradojas de cierta entidad. Por ejemplo, no “casa bien” que Rodríguez Zapatero tenga bastante mejor imagen que Rajoy y, sin embargo, concite menos apoyos electorales potenciales, incluso entre sectores que le son afines y que parece que en estos momentos se decantan en una proporción significativa por la abstención. Aparentemente el aumento de la abstención es una de las tendencias que se apunta más nítidamente.

Tampoco resulta muy coherente que la mayoría de los encuestados (el 58%) tenga la percepción de que la situación económica personal de su familia es razonable o positiva y, sin embargo, al mismo tiempo, una mayoría muy abultada de encuestados (81%) opinen que la situación económica del país es mala o muy mala. Esta disonancia entre lo personal y lo colectivo revela los fuertes componentes de subjetividad y de pesimismo que están influyendo en la actual dinámica económica, al tiempo que muestran algunas tendencias de positividad objetiva, que podrían permitir al Gobierno recuperar en uno o dos años la confianza de una parte de la opinión pública, más allá de las fuertes críticas existentes sobre procederes “poco rigurosos” e “improvisadores”; críticas que, a juzgar por los datos de tales encuestas, parece que están calando en la opinión pública en una forma que no va a ser fácil revertir, si no es a partir de un contraste fehaciente con los hechos concretos.

Mención aparte merecen las valoraciones que se hacen sobre los distintos Ministros del Gobierno, que bien podrían ser objeto de un análisis específico en un próximo artículo de esta sección.