En principio nadie puede negar que, después del triunfo de Obama en Estados Unidos y de la izquierda en Japón, el panorama mundial ha quedado inclinado hacia la izquierda, sobre todo teniendo en cuenta el peso que incorporan también China, India, Brasil y otros países menores. Por ello, lo que hay que preguntarse en estos momentos es si los resultados electorales en Portugal y, sobre todo, en Alemania introducen un contrapunto en esta tendencia general, que dejaría a varios países europeos centrales fuera de la onda mundial.

En Portugal parece claro que el triunfo ha sido del Partido Socialista y de su candidato José Sócrates, aunque retrocediendo casi 9 puntos respecto a las elecciones de 2005. Descenso que dista de ser compensado en el terreno de la izquierda por el Bloque de Izquierdas, que ha pasado del 6,4% al 9,8% de los votos, mientras el Partido Comunista, a su vez, queda prácticamente estancado en los resultados de 2005.

Por lo tanto, el resultado en Portugal resulta complejo, aunque Sócrates parece que podrá seguir gobernando en coalición, con el serio aviso de una abstención que ha aumentado significativamente.

Los resultados electorales de Alemania también son complejos, aunque presentan características diferentes. Lo primero que debe destacarse en las elecciones del 27 de septiembre es que se ha producido uno de los niveles de abstención más altos conocidos en Alemania desde los comicios de 1949. Lo segundo a reseñar es el descalabro del SPD, que desciende nada menos que 11,2 puntos respecto a las últimas elecciones de 2005, en las que obtuvo un 34,2% de los votos, sólo un punto por debajo de la CDU. En cambio ahora la distancia con el partido socialcristiano ha aumentado a más de 10 puntos, pese a que la señora Merkel también ha retrocedido 1,4 puntos respecto a 2005. El retroceso conjunto de votos en los dos grandes partidos ha dado lugar a que se haya evolucionado desde una situación en la que estos dos partidos concentraban el 69,4% de los votos a los parámetros actuales del 56,8%.

En paralelo a estos retrocesos, la gran novedad de las últimas elecciones alemanas es el aumento de los partidos calificados hasta ahora como “pequeños”, especialmente los liberales, que se sitúan en el 14,6%, con un incremento de 4,8 puntos respecto a 2005; el partido La Izquierda, coliderado por Oskar Lafontaine, que se sitúa en el 11,9%, con un aumento de 3,2 puntos y el mayor crecimiento porcentual de votos respecto a las últimas elecciones generales; y Los Verdes, que también suben 2,6 puntos.

El espectacular avance de “La Izquierda” y el afianzamiento de “Los Verdes” revela que ahora el progresismo en Alemania tiene una conformación plural y, si se mantienen estas tendencias en el tiempo, y el SPD continúa retrocediendo en las próximas elecciones generales alemanas, podríamos encontrarnos en un futuro próximo ante un auténtico “triángulo político”, bastante equilibrado entre sí.

Los avances de “La Izquierda” y de “Los Verdes” no significan, sin embargo, que los sectores de izquierdas en su conjunto hayan avanzado. En concreto, en 2005 estos tres partidos sumaban un 51% de los votos, mientras que en septiembre de 2009 se han quedado en un 45,6%. Lo cual significa que una parte de los electores que en 2005 votaron por opciones progresistas ahora se han quedado en casa. Particularmente parece que se trata de electores del SPD desengañados con la política de este partido inaugurada con la famosa Agenda 2010 y los consiguientes recortes sociales que acarreaba. En concreto, los estudios demoscópicos apuntan a que algo más de un millón de antiguos votantes del SPD ahora no han acudido a las urnas.

Por todo ello, lo ocurrido en Alemania el 27 de septiembre puede considerarse como un auténtico terremoto político que tiende a modificar un mapa electoral y un sistema de partidos políticos que hasta ahora se consideraba bastante asentado. ¿Hacia dónde evolucionarán las cosas? ¿Cómo se solucionarán a medio plazo los problemas de traducibilidad electoral de las ideas y los sentimientos de la población? ¿Cómo está influyendo la abstención –y los desáminos que la causan– en los resultados electorales finales? ¿Estamos ante tendencias indirectas de giro hacia la derecha que no obedecen a evoluciones sustantivas de la opinión pública, sino a deserciones, fragmentaciones e incertidumbres entre unos electorados progresistas que continúan siendo mayoritarios? ¿Cómo van a reaccionar a medio plazo los electores que no se encuentran bien representados en los actuales mapas políticos? ¿Resulta extrapolable lo ocurrido en Alemania a otros países europeos? Buenos temas para el debate y el análisis.