Después de celebrarse la verdadera encuesta electoral, que es la del día de las votaciones, estamos en condiciones de realizar una evaluación empírica precisa de las encuestas preelectorales que se han venido realizando, y del contexto intencional en el que han sido empleadas.

Una vez más, el 24 de mayo permite constatar hasta qué punto bastantes de las encuestas difundidas durante la campaña y la precampaña responden a intenciones políticas muy concretas. En primer lugar, se ha visto que el PP dista bastante de ser la fuerza claramente victoriosa y hegemónica del panorama político español, como se ha intentado hacernos creer desde los entornos oficiales y desde los grupos de comunicación y poder que apoyan al PP.

En segundo lugar, se ha comprobado también que las potencialidades reales de Podemos y, sobre todo, de Ciudadanos distan bastante de ser las que auguraban determinadas encuestas, que vistas desde el presente, o bien no eran suficientemente rigurosas, o bien estaban bastante sesgadas en su “cocina”. Aquellos estudios demoscópicos que atribuían a Ciudadanos porcentajes de voto incluso superiores al 16% han quedado desvelados en su intencionalidad, desde el momento en que Ciudadanos, por ejemplo, en el ámbito municipal se ha quedado en la frontera del 6,6% de los votos.

Algo parecido habría que decir de Podemos, que en aquellos ámbitos en los que se ha presentado con sus propias siglas, y donde pueden ser realmente evaluados en su potencialidad electoral específica, se han movido en niveles de apoyo que han oscilado entre el 10% y el 16% (en dos Comunidades incluso por debajo del 10%). Es decir, bastante lejos de las estimaciones de aquellas encuestas que les daban hasta el 26/27% de apoyos posibles.

Finalmente, el PSOE –en contraste con los augurios catastróficos de algunos─ ha obtenido resultados que le sitúan claramente como la fuerza principal de la izquierda, y a notable distancia, siendo el primer partido político en bastantes lugares. Después de las elecciones de Andalucía y de las Autonómicas y Municipales (en las que el PSOE ha obtenido un 25% de los votos) no se entiende cómo algunos de los analistas y medios de comunicación social aún se niegan a aceptar la evidencia de que el PSOE es, hoy por hoy, la principal fuerza política de la izquierda con capacidad para ofrecer una alternativa congruente y creíble a las actuales políticas del PP. Y de la derecha europea en general.

A partir de todas estas evidencias, resulta evidente la intencionalidad de determinados análisis sociológicos, que más que elementos prospectivos científicamente fundados, han sido entendidos por algunos como instrumentos de influencia y de poder, orientados a intentar prefigurar la posibilidad de otras opciones reales de gobierno, con apoyos suficientes, hacia las que se está intentando canalizar el voto útil, con engaños y falsas apariencias. Y, desde luego, no hay que desechar la posibilidad de que todo esto haya influido en los votos de bastantes ciudadanos españoles en los últimos comicios.

Más llamativo, e incluso chusco, resulta que después de las elecciones los análisis que se efectúan en algunas tertulias y en ciertos medios de comunicación social hayan continuado insistiendo –erre que erre─ en los mismos tópicos y presunciones anteriores al día de la votación, minusvalorando ostensiblemente la potencialidad de voto real del PSOE y dando por supuesto a priori que algunas candidaturas, que apenas han superado el veintitantos por ciento de los votos en determinados lugares, son las que han ganado aplastantemente las elecciones y están predeterminadas a priori y, sin necesidad de mayores acuerdos o consideraciones, a formar los gobiernos que tengan por más convenientes.

Aunque a veces cuesta decirlo con claridad, en algún momento habrá que denunciar abiertamente estos comportamientos manipuladores e irresponsables y empezar a llamar a las cosas por su nombre, en la medida que todo esto es también una forma de corrupción y un intento de intoxicación de la opinión pública, impropio de una cultura verdaderamente democrática y respetuosa con los derechos de la ciudadanía.