En estos momentos el peso de los delitos contra la Salud Pública se hace notar en el hecho de que el 28% de los varones en prisión y el 50% de las mujeres responde a este tipo de conductas. En los últimos años se ha observado también un aumento de los penados que han cometido delitos contra las personas (10% entre los hombres y 6,4% entre las mujeres), contra la propiedad (37,7% entre los hombres y 30% entre las mujeres), contra la violencia de género (6% del total de la población reclusa) y contra la seguridad vial (1.055 internos en toda España).

En el año 2008 se produjo un aumento notable del número de condenas, que se ha traducido en que la población reclusa en España ascendiera en enero de 2009 a 76.215 personas, de los cuales 49.148 son españoles y 27.067 extranjeros. El 91,8% de los internos eran varones y el 8,2% mujeres (el índice más alto de la UE). Por otro lado, cada vez hay personas de más edad, habiendo aumentado en el último lustro el número de internos con más de 30 años y más de 41.

A pesar de lo que a veces se sostiene, el hecho cierto – como tendencia a medio plazo – es que en España tenemos la tasa de encarcelamiento más elevada en Europa, con 164 internos por cada 100.000 habitantes, mientras que en Suecia asciende a 79, en el Reino Unido a 152 y en Alemania a 88. Sin embargo, la media en cuanto a delitos registrados estadísticamente es inferior a la media europea (47,7 delitos por cada 1.000 habitantes y 69 delitos por cada 1.000 habitantes respectivamente) o a lo que sucede en Suecia (120,4 delitos por cada 1.000 habitantes), en el Reino Unidos (101,6 delitos por cada 1.000 habitantes) o en Alemania (76,3 delitos por cada 1.000 habitantes). Estos datos evidencian la mayor aplicación que se hace en España de la privación de libertad, existiendo voces criticas, como la recién creada Plataforma Otro Derecho Penal es posible, que plantean la necesidad de orientar nuestro sistema penal hacia el cumplimento de penas alternativas, tal como está haciéndose en otros países de nuestro entorno.

El fenómeno más destacado en los últimos años ha sido el crecimiento de los inmigrantes en prisión, que supera el tercio del total de la población reclusa (35,5% con datos del mes de enero de 2009). Los ciudadanos de Marruecos, Colombia y Rumania son los que tienen una mayor presencia en las cárceles españolas. Entre las mujeres destacan las de nacionalidad colombiana, rumana y venezolana, dándose una alta presencia de las llamadas “mulas” (por tratar de atravesar fronteras con droga en sus organismos).

El crecimiento de la población reclusa está desbordando las previsiones del plan de infraestructuras penitenciarias establecido hasta el año 2012. De hecho, a principios de 2010 las prisiones españolas están acogiendo a 76.215 internos, existiendo únicamente 40.000 celdas disponibles. Por otro lado, la capacidad funcionarial está sobrepasada, ya que la acogida está prevista para un máximo de 50.000 internos.

Un problema que atañe a nuestras cárceles, y al que se presta poca atención, es que el 17% de la población penitenciaria tiene trastornos psiquiátricos previos a su entrada en prisión, ascendiendo al 25% los que padecen alguna enfermedad mental y, consecuentemente son tratados (el 12,8% por trastorno afectivo, el 9,4% por trastorno de personalidad, el 4,2% por otro tipo de patologías y el 3,4% por trastornos psicóticos). Entre los casos de mayor gravedad hay que destacar que el 1,8% tiene discapacidades psíquicas o minusvalías, y que el 3,2% ha estado ingresado anteriormente en algún centro psiquiátrico. Cuando se incluye la variable consumo abusivo de drogas los antecedentes psiquiátricos, incluyendo la adicción, la proporción de reclusos se eleva al 44,2%. Estos datos ponen sobre la mesa los efectos que tuvo la reforma psiquiátrica de los años ochenta, que dejó lagunas sin resolver, de forma que hay quien sostiene que las cárceles se han acabado convirtiendo en los parcialmente manicomios del siglo XXI.

La evolución de algunas de estas tendencias nos hace recordar las palabras de Concepción Arenal cuando escribió “Abrid escuelas y se cerraran las cárceles”.