la gran pantalla “The visitor” nos confirma su buen hacer. Una película que él mismo ha escrito tras sus viajes a Omán y Líbano, donde conoció el trasfondo humano de los conflictos políticos, pero también de una vieja ilusión: contar la historia de un veterano profesor sin vocación. Todo ello, encajó a la perfección en este drama de personajes que ahonda en los problemas de cuatro vidas cruzadas por el destino, sin dejar de lado temas de candente actualidad como la inmigración y las consecuencias del fatídico 11 de septiembre.

Las películas de McCarthy son humanistas, se debaten en la dualidad del ser humano. Entre el egoísmo protector, como mecanismo para no sufrir más allá de lo necesario, y una filantropía incondicional que nace de la firme creencia en el hombre, en el ser humano y en su inagotable capacidad para obrar con bondad.

«The visitor» esconde una aguda reflexión, nada complaciente sobre cierto estado de las cosas tras el 11 S, en torno a una nación paranoica, que desprecia la constructiva diversidad y se deshumaniza por culpa de una psicosis nacional y colectiva que se ceba con el inmigrante. La historia nos habla de inmigrantes honrados, de personajes de verdad, de carne y hueso, reales y perfectamente reconocibles.

Richard Jenkins reproduce con singular maestría el personaje gris (Walter Vale), con una vida sin sentido y convertido en un burócrata sin alma que, de repente, encuentra una situación que comienza a darle significado a su vida. Esta interpretación le valió su nominación al Oscar. También, cabe destacar el trabajo de dos intérpretes semidesconocidos que se enfrentan a su primer gran papel: Haaz Sleiman y Danai Jekesai Gurira. Junto a ellos, Hiam Abbass (Conversaciones con mi jardinero).

«The visitor» es una excelente película, no en vano, ganó uno de los tres premios Independent Spirit Awards a los que estaba nominada: el de mejor director. McCarthy es un director serio, preciso y extraordinariamente sensible. El resultado es una película, difícilmente olvidable.