En el último álbum de Wilco, “The Whole Love”, vuelve a demostrar que las grandes canciones caminan solas. Y sin son interpretadas por Wilco, mejor que mejor.

Jeff Tweedy tiene las ideas claras. Hace unos años tenía ideas claras y unas migrañas espantosas que le llevaron a depender de los calmantes. Ahora sólo tiene ideas claras. Ni rastro de las migrañas. Y eso le permite volver a ver las cosas con perspectiva y tranquilidad.

Desde que en 1994 creó Wilco con su inseparable Jhon Stirratt, hasta hoy recién editado “The Whole Love”, ha ido demostrando, disco a disco, que las ideas de Tweedy puestas en práctica por Wilco dan como resultado discos redondos y excitantes. Y eso que “The Whole Love” sigue la senda iniciada por “Sky Blue Sky” (2007) y “Wilco (The Album)” (2009), considerados menores en el universo Wilco y en los que las canciones, sin ser malas (eso hablando de Wilco es imposible), no tienen el nivel de exquisitez que alcanzaron en los trabajos editados la primera década del siglo XXI, como “Yakee Hotel Fostrot” (2001) y “Ghost is born” (2004), o los editados en la década anterior como “A.M” (1995), “Being There” (1996) o “Summerteeth” (1999).

Esos primeros discos están repletos de canciones clásicas del cancionero de la banda como “Jesús”, “Via Chicago”, “Can’t Stand it”, “A Shoot in the Arm” o “Hummingbird” y ahora, con el nuevo álbum, se encuentra un puñado de bonitas y resultonas melodías pulsadas con el inimitable toque Wilco pero sin que ninguno de los doce temas llegue a deslumbrar de manera individual, como suele ser costumbre.

Grabado en su propio estudio y producido por ellos mismos, es un trabajo en el que la experimentación realza unas composiciones fáciles de digerir y esconde una producción digna de elogio que demuestra que la inmediatez no está reñida con el trabajo en la mesa de mezclas. A pesar de esa supuesta sobreproducción, el viaje a través de la escucha del nuevo disco de la banda de Chicago se convierte en una agradable experiencia.

Se les ha calificado como de prototipo de banda adscrita al sonido “americana” pero Wilco va mucho más allá. A pesar de que partieron del folk americano más tradicional, su camino se expande en infinidad de direcciones, desde el rock más clásico al pop más experimental y de éste a las melodías country de mediados del siglo pasado.

Y así lo demuestran con temas folkies como “Rising Red Lung”, “Born Alone”, “Open Mind” o “Capitol City” (donde Ray Davies o Paul McCartney parecen sobrevolar el tema), temazos roqueros como “Stranding O”, o experimentaciones inclasificables como “Art Of Almost” o “One Sunday Morning”, la locura de más de doce minutos que cierra el álbum con un aire de folk delicioso y un riff de guitarra acústica que suena en bucle y arrastra al oyente a una catarsis sónica de la que parece imposible escapar.

Bienvenidos al fantástico universo Wilco. Un viaje sin retorno.