En otras palabras, si hay una mayoría que no le interesa la política y no participa en ella ni con su voto, y una minoría, que sí participa con su voto y que además son las capas más pudientes de la sociedad, la ecuación es fácil de resolver: la agenda política la determinarán quienes más tienen, porque son los que votan, y los Gobiernos que salen con sus votos se ocuparán de centrar sus políticas en contentar a esos votantes que son los que más privilegios tienen ya en la sociedad.

¿Por qué digo esto? Por una cosa. En el poco tiempo que lleva gobernando Rajoy en España ya se ha demostrado que mintió a los españoles, antes de las elecciones y durante la campaña electoral, ocultando cuáles eran sus verdaderas intenciones y haciendo lo contrario que decía en su programa electoral.

Que las medidas que plantea la derecha española y europea nos están llevando a la recesión y a más sufrimiento de los ciudadanos con más paro, desigualdad y exclusión social es algo evidente, que el Gobierno del PP quiere tapar con la confrontación ideológica de las contrarreformas que está planteando.

Qué opinarán las españolas -que piensan que todos los políticos son iguales- cuando hayan escuchado al “centrista” Gallardón decir que acaba con el derecho de las mujeres al aborto y nos lleva a la Ley de supuestos de hace más de veinte años, con lo que implica de criminalización de la mujer y de posibilidad de volver a los abortos clandestinos, por hacer un guiño a los sectores más ultras de la derecha y la Iglesia.

Qué opinarán los jóvenes que han escuchado a la ministra Mato decir que va a modificar la ley para que la píldora postcoital vuelva a ser dispensada solo con receta médica.

Qué opinarán los familiares y las personas que agonizan sin remedio cuando el Gobierno del PP dice que descarta que se vaya a tramitar la Ley de muerte digna que el anterior Gobierno socialista había enviado al Congreso porque dice otra vez la ministra Mato que tenía intencionalidad ideológica.

Qué opinarán los españoles que vieron como en los años ochenta, con un país menos rico que ahora incluso con la crisis, se logró la Sanidad universal, pública y gratuita, y ahora la intención de Rajoy es acabar con ella y castigar a los ciudadanos con pagar cada vez que van al médico.

Qué opinarán los dependientes y sus familias cuando escuchan que el Gobierno del PP regulará por decreto cuanto van a tener que pagar los ciudadanos por los servicios de dependencia, es decir, implantan el copago.

O cuando acaban con la Educación para la Ciudadanía con ejemplos falsos, o cuando dicen que modificarán la Ley de Costas para que se pueda urbanizar hasta en el cielo.

Pienso que no pueden estar muy contentos. Incluso alguno se estará arrepintiendo de no haber ido a votar. Ocurra una u otra cosa lo que va a marcar los próximos tiempos son dos factores. El primero, es el grado de implicación que tengamos como ciudadanos en la defensa de nuestros derechos. Porque hay que ser conscientes que las conquistas sociales y los derechos tardan mucho tiempo en conseguirse, pero se puede acabar con ellos de un plumazo, como ahora lo hace el PP.

El segundo es que para liderar esta ofensiva ciudadana y política en el parlamento, hace falta que el PSOE gane pronto la credibilidad perdida ante la población. Por ese motivo, éste debe ser el objetivo del Congreso de Sevilla. Presentar a los españoles un proyecto creíble y con objetivos claros para el siglo XXI sobre la base de la libertad, la igualdad y la justicia social.