No es muy habitual poder contemplar la fotografía de moda expuesta en un museo. Afortunadamente tenemos a nuestro alcance ahora mismo la exposición de uno de los más reconocidos fotógrafos internacionales, Mario Testino. Este peruano comenzó su carrera en Londres y hoy es todo un referente de la moda internacional: ha trabajado con las principales revistas y marcas, de Vogue a Vanity Fair, de Dolce & Gabbana a Versace. Así mismo se le conoce por su faceta de retratista, no sólo de modelos sino también de actores, músicos, artistas, e incluso de casas reales como la británica.

La obra que se expone estos meses es un repaso a su faceta en el mundo de la moda, desde modelos con barrocos trajes y ornamentos hasta el más sincero desnudo. La forma comienza desde el todo de la alta costura, las joyas y el lujo, para ir despojándose según se avanza por el recorrido a la nada de la piel y la franqueza de la mirada, con retratos mucho más íntimos y personales.

En todo momento la serie (salvo alguna rara excepción) respira una profunda belleza y elegancia. Testino trabaja a la mujer como si de una escultura clásica se tratara, recorriendo formas como cincelando en mármol. La luz se respira etérea en muchas de sus instantáneas. Pequeños toques de humor o desenfado asoman por momentos, eliminando el riesgo de arrogancia o autosuficiencia. La naturalidad es la norma, y la búsqueda de la mujer a la que se retrata el camino.

La primera parte de la exposición posee obras rotundas, explosivas, de una belleza que asalta al espectador inundándolo de color e intensidad. Lentamente las obras se van despojando de adornos hasta la sencillez del blanco y negro y la piel desnuda. Mirando a los ojos de las modelos sentimos sus estados de ánimo y oímos sus silencios, musas renacentistas que transmiten sosiego e intimidad en un tú a tú al que las contempla como si él solo presenciara la exposición.

En cada foto palpita el parpadeo de la cámara como un único e irrepetible instante congelado. Es una exposición que debe verse más allá de la moda o de la simple curiosidad por las famosas retratadas. Todo un ejercicio de estilo que eleva a la fotografía de moda a un estatus pictórico a la altura de muchas de las otras obras que alberga el museo.