No he podido evitarlo y esta película me ha rememorado aquellas tardes de sábado en el cine del colegio, con las películas de aventuras que tenían como único escenario el tren de vapor y su entorno más próximo. Y si alguna de aquellas inolvidables historias me ha evocado de una manera muy especial no ha sido otra que “Asesinato en el Orient Express”, cinta dirigida por Sidney Lumet en 1974 con un maravilloso elenco de actores (Lauren Bacall, Ingrid Bergman, Sean Connery, Albert Finney, Anthony Perkins, Vanessa Redgrave, Jacqueline Bisset, Richard Widmark). Todos al servicio de la novela de la escritora británica Agatha Christie publicada cuarenta años antes.

Las comparaciones no son posibles, la trama no se parece en nada y los personajes son desde todo punto de vista muy distintos. Ni siquiera Ben Kingsley como el oficial Grinko, un agente ruso dedicado a la lucha contra el narcotráfico, se aproxima a Albert Finney como el famoso detective Hercules Poirot. En lo que si se aproximan es en el retrato psicológico de los personajes, totalmente basados en los miedos y traumas más profundos que todos tenemos dentro.

La historia se inicia cuando Roy (Woody Harrelson) y Jessie (Emily Mortimer) deciden emprender una aventura y regresan a casa en tren recorriendo la estepa siberiana, en lugar de hacerlo por la vía rápida, tomando un avión. En el viaje conocen a una simpática pareja, formada por Carlos (Eduardo Noriega) y Abby (Kate Mara), jovenes con los que no tardan en trabar amistad. Sin embargo, como exige el género de suspense, las apariencias engañan.

“Transsiberian” tiene una puesta en escena cuidada y unos personajes bien perfilados. Anderson, su director, utiliza en su forma de narrar el cine más clásico, planteando una historia claustrofóbica en el interior del tren que logra mantener la atención del espectador. Relato bien construido, dirigido con corrección extrema y una interpretación más que efectiva.