Con la retirada de las tropas españolas de los distintos conflictos internacionales en los que participan, parece que no se opera con la misma eficacia, y dada la experiencia que va adquiriendo España en hacerlo, va siendo hora de que se haga un buen protocolo de actuación, aunque sea mediante el asesoramiento del Director General de Tráfico al Ministerio de Defensa.

Porque el asunto no empieza en Kosovo. Sin remontarnos a Rocroi (una operación retorno oprobiosa de nuestros tercios en el ocaso del imperio español), ni a la Marcha Verde sahariana, la vuelta de tropas españolas de Afganistán costó, en 2.003, la vida de 62 militares españoles cuando viajaban en un avión inadecuado, con una tripulación inadecuada y bajo condiciones atmosféricas inadecuadas.

Incluso la tan deseada vuelta de los soldados españoles participantes en la indigna ocupación de Irak tuvo críticas debido a la forma súbita en que se realizó el repliegue que, presuntamente, hubiera aumentado los riesgos de las tropas aliadas que tuvieron que reemplazar a los españoles.

Ahora, la vuelta a casa desde Kosovo ha suscitado el reproche no sólo de los que criticaron la de Irak, sino de muchos de los que la aplaudieron y eso a pesar de que, ahora mismo y después de las distintas explicaciones de los Ministerios de Exteriores y de Defensa y de la propia Presidencia de Gobierno, no se sabe bien si vamos o venimos. Alguien ha querido ver en ello una prueba de la existencia de tantos Ministros gallegos en el Gobierno.

Muy posiblemente todo sea un problema de comunicación. En la acción del Gobierno, no sólo de éste pero también de éste, muchas veces parece que lo importante no es hacer una cosa sino anunciarla. Y, en función de eso, se hace la cosa. Es evidente que los soldados españoles a los que fue a visitar Chacón no se pensaban jubilar en Kosovo y, por consiguiente, su destino más tarde o más temprano, es volver a casa. Pero ¿por qué tenía Chacón que hacer lo que hizo ese día? Ni la opinión pública, ni la necesidad militar, ni la práctica diplomática, ni, posiblemente, la oportunidad política, demandaban ese anuncio «a los chicos» como de permiso de fin de semana. Pero el anhelo de portada es muy fuerte y es muy difícil resistirse a él.

La misma Ministra lleva anunciando la destrucción de las bombas racimo como si se las hubiera encontrado en un inventario de fin de año. ¿Por qué no informa de quién las compró, de a quién pensaban tirarlas o de cuanto costaron? Sencillamente porque esa información no sale bien en la televisión y estropea el perfil suave de un ejército que, el mismo día, destruye bombas racimo y se vuelve a casa.

Parecidos problemas de comunicación debió tener el Ministro Trillo cuando tuvo que identificar restos humanos inidentificables, repatriarlos y celebrar un funeral en el tiempo record necesario para enterrar el asunto junto con los muertos del Jak-42.

Mucho más pausadamente anunció Trillo la defensa, al alba, del “statu quo” de la Isla de Perejil cuando las tropas españolas completaron la toma que, por la hora debió ser un desayuno, de la isla.