Hay pequeñas películas que poco a poco, como un suave goteo, van llenando las salas donde se exhiben, y tras una tibia acogida van captando más y más adeptos. Porque al margen de las grandes campañas de promoción (“extasiados” estamos ya de tanto príncipe saltarín, superhéroe de latón, y ahora adolescentes enfundados en mallas) existe un boca a boca personal para otro tipo de cine, más intimista, cine que una parte del público necesita y reclama para no verse arrastrado por los “tsunamis-blockbusters” veraniegos. Estamos hablando de “Two lovers” (inexplicablemente a nadie se le ha ocurrido que es muy fácil traducirla por “Dos amantes”), película dramática sobre un triángulo amoroso que con dos años de retraso llega finalmente a nuestras pantallas.

James Gray es el director y escritor de la película. Podemos hablar de él como autor, ya que siempre busca dirigir él mismo sus propios guiones. Algo muy loable aunque no muy rentable, sobre todo en Hollywood, lo cual provoca que en 14 años sólo haya dirigido 4 películas, aunque las 3 últimas en la pasada década. Y es en estas tres últimas donde ha contado con el que parece su actor fetiche, Joaquin Phoenix, que en esta película es la piedra angular sobre la que pivotan las dos relaciones. Por suerte para Gray, Phoenix es un sólido pilar sobre la que asentar la historia.

Leonard Kraditor (magnífico Phoenix, en uno de esos papeles atormentados que tan bien se le dan) es un hombre roto por una pasada relación que se debate entre los dos amores del título: Sandra Cohen (Vinessa Shaw), la formal hija de un socio de negocios de su padre, un amor tranquilo y previsible, o Michelle Rausch (Gwyneth Paltrow), una atractiva y algo alocada vecina que conecta más con él, pero enfangada en sus propios problemas. Es una historia que ya hemos visto antes pero lo bueno es que Gray lo cuenta con una gran sensación de veracidad y realismo, los personajes están muy bien dibujados y nos creemos perfectamente su vida y vicisitudes. Es un alivio poder ver una película en la que los personajes no son simples siluetas que deambulan por la pantalla como marionetas.

Por otra parte, existe un problema a nivel narrativo en la historia. Sin querer desvelarla, sí podemos decir que el desarrollo se nos antoja algo previsible, y eso es un lastre para una película tan bien cuidada como ésta, pues podríamos estar antes un rotundo film sobre las penurias del amor, como podrían ser “Closer” o “Match point”, que se queda tibio y algo desangelado en su último tercio. La película y su suspense piden a gritos que haya una mayor indefinición en el personaje de Phoenix, que haya más dudas sobre a cuál realmente escogerá, pero el director apuesta demasiado pronto por una sola ganadora.

Podría así la historia zozobrar, pero por suerte tenemos la excelente actuación actoral, tanto del trío protagonista como de todos los secundarios (especialmente los padres), que refuerzan la idea de verosimilitud de lo que presenciamos. Sin embargo el personaje de Sandra Cohen, la esposa “adecuada”, apenas está esbozado y nos quedamos con ganas de conocer sus deseos y sus pensamientos respecto a Leonard (Phoenix) o su propia familia. Profundizar en este personaje apenas esbozado (y probablemente desaprovechado) habría dado mucho más juego a una película que no se atreve a salirse del camino que ella misma se ha marcado. Una auténtica pena. Aun así se deja ver con mucho gusto y es una apuesta más que recomendable.

Lo mejor: El reparto y la veracidad que transmite la puesta en escena.

Lo peor: La agridulce sensación de que podría haber dado mucho más de sí.