Así, ante cada cuestión y unos instantes después de que el Presidente de la Cámara llame a votar, un panel luminoso señala un plano del estado de la cuestión donde un conjunto de lucecitas rojas y otro de lucecitas verdes están separados por una nítida frontera que impide que haya una sola luz verde entre las rojas ni una roja entre las verdes.

Esta separación de criterios es perfectamente explicable cuando las cuestiones a debate tienen alternativas diferenciadas en los programas electorales o en las resoluciones congresuales de los partidos. Ni que decir tiene que ambos criterios deben ser defendidos por los integrantes de cada formación aunque sólo sea por el hecho de que han conseguido ser diputados por presentarse en una lista cerrada que contenía el nombre y anagrama de su partido político.

Incluso temas sobre los que el partido político no tenga una opinión predeterminada puede, en un momento dado, ser significativa para una acción de gobierno que debe ser defendida por el grupo gubernamental y censurada por la oposición.

Pero, ¿alguien se puede creer que sobre la peripecia personal del Sr. Taguas puede dividirse el Congreso de los Diputados en las dos célebres franjas que apoyan y se oponen al Gobierno de la Nación?

Y, si no es así, ¿deben los partidos políticos obligar a todos los componentes de su grupo a expresar una opinión monolítica sobre temas como este?

Pues no se si deben pero ¡vaya que lo hacen! Resulta que el Gobierno de la Nación ha solicitado un informe a algún funcionario experto en el tema de las incompatibilidades de ex-altos cargos para reintegrarse al sector privado. Resulta que el funcionario solicitado ha informado que no es contrario a derecho que el Sr. Taguas acceda a presidir SEOPAN. Resulta también que el Gobierno no ha impedido ese nombramiento y resulta también que un diputado socialista, el Sr. Barrio de Penagos ha lamentado que haya ocurrido todo eso.

Bueno, pues al diputado Barrio de Penagos le ha abierto su grupo político un expediente. No por lamentar lo que lamentaba, cosa en la que muy probablemente coincidiera con algún compañero suyo, sino por decirlo cuando el resto de sus compañeros decían lo contrario.

Como la enjundia del tema no parece excesiva, el que haya ocurrido todo esto, proposición, posicionamientos monolíticos, disidencia y expediente, mas bien parece un simulacro o un «ensayo general con todo» para ocasiones en las que se planteen temas de importancia nacional. Alguien habrá pensado que si en un entrenamiento un diputado se comporta así, cuando empiece la Liga puede hacer cualquier cosa.

Bueno, si es así lo entendería. Pero si se trata de censurar el fondo, es decir, la discrepancia en un asunto que, aunque menor, puede ser analizado con criterios de ética personal, el episodio sería un exponente del estrechísimo margen que tiene un representante de la soberanía popular en nuestro sistema democrático. Un margen más estrecho que el de los ex asesores del Presidente.