Pero lo que resulta inadmisible en el plano europeo es que por mor de un calendario rotatorio semestral como sucedáneo de una dirección política democrática, en 2009 los ciudadanos nos veamos representados por personajes políticos respaldados exclusivamente por una circunscripción electoral de 10,3 millones de europeos, sin que hayan podido expresar su voto los 487,8 millones restantes de electores potenciales que integran los 27 Estados de la Unión.

Y para colmo, pretendiendo disponer de un mandato democrático que no tiene esta presidencia europea semestral, los ciudadanos no checos tenemos que sufrir sus manifestaciones públicas que califican como una acción defensiva de Israel, la ilegal e injusta invasión terrestre de Gaza y el genocidio de su población.

Más aún, durante los seis meses en que habrán de plantearse las soluciones europeas a las deficiencias del sistema financiero reveladas por la crisis gestada en Wall Street que han traído la recesión económica a Europa, nos encontramos con una presidencia liderada por un país convertido en baza estratégica de Washington en el continente. Por no decir que se ha convertido en peón de la política unilateral del imperio al autorizar la instalación en su territorio de parte del escudo antimisiles de los EEUU en perjuicio de los intereses políticos del conjunto de la UE en sus relaciones con Rusia.

O también nos encontramos con que este país incorporado a la Unión en 2004, que no forma parte de los 16 países del Eurogrupo, muestra claramente su deslealtad con sus socios al no haber siquiera iniciado el proceso de ratificación del Tratado que como Estado miembro suscribió y firmó en Lisboa.

Lamentablemente son muestras del agotamiento de una Unión Europea prematuramente ampliada porque desde los noventa se pretende moldearla como un simple mercado sin Estado, sometida a los intereses de las grandes corporaciones y bancos sin patria; y ante los problemas actuales, esconde su vacío competencial tras la retórica mediática de Bruselas porque en el estadio alcanzado el entramado institucional europeo sólo funciona como “espacio” de los mercados financieros globales, como hemos documentado en “La Europa opaca de las finanzas”.

Por eso, habría que lograr que las elecciones europeas de Junio 2009 fueran una última oportunidad para que los pueblos europeos reflotaran otra Europa unida de verdad.