Las imágenes que estamos viendo de familias enteras vagando de un país a otro de Europa no es ni más ni menos que la cruel semblanza de un fracaso político de la actual política exterior de la Unión Europea. Si no se reacciona con prontitud y voluntad será el de la propia Institución.

Parafraseando a Marx y a Engels yo diría: «Un fantasma recorre Europa: el fantasma de la mediocridad. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para apuntalar a ese fantasma» y España se ha querido apuntar a ese carro a través del proceso soberanista catalán.

En 1992, con motivo de la Guerra Civil en Argelia ya sonó la alarma en Europa ante posibles éxodos masivos de exiliados por la posible ocupación del poder por las fuerzas islamistas del FIS. La previsión que se hicieron en aquel momento por los incipientes organismos de gestión de crisis, tanto nacionales como europeos, es que se podía producir un flujo cercano a los dos millones. Los Gobiernos y la Unión entraron entonces en un proceso de coordinación de las Instituciones Europeas y los países posiblemente receptores (España, Francia e Italia, principalmente). Se identificaron las zonas de acogida y se determinaron los protocolos de actuación tanto de acogida como seguridad. El objetivo era evitar a toda costa que se produjera lo que posteriormente se ha generalizado con el eufemístico nombre de «Crisis humanitaria».

El éxodo masivo no se produjo, la Unión Europea volvió a primar en este cruento conflicto sus intereses económicos sobre los humanos y políticos y se corrió un tupido velo sobre lo que estaba pasando en el interior del país, la guerra finalmente se decanto a favor del Gobierno derrotando a los grupos islamistas. El coste en vidas humanas se estima en cerca de 200.000. Estos sucesos producidos a un año de finalizada la I Guerra del Golfo y evaluado que el Sur y Este mediterráneo eran la cercana y prioritaria asignatura pendiente de la Unión y ésta no disponía de los suficientes mecanismos políticos y operativos para actuar en la zona. En años sucesivos se pusieron en marcha multiplicidad de organismos y herramientas fundados en convenciones, declaraciones y normas que sería muy prolijo reseñar, lo remito al Boletín Oficial de la Unión, pero en todo caso otorgan capacidades políticas y operativas suficientes para poder actuar y evitar todo lo que estamos viviendo.

La Guerra Civil Siria refleja lo poco avanzado, incluso retrocedido poniendo en evidencia que la Unión Europea está necesitada de una profunda revisión sino quiere pasar de la mediocridad institucional a la que ha llegado al total desinterés ciudadano.

En el político, el papel desempeñado por la UE en Siria, por no mencionar más casos, ha sido lamentable. La UE en el letargo que padece desde hace años no ha sabido ver el conflicto y su gravedad, como tampoco supo interpretar y actuar en los procesos de la mal llamada «primavera árabe». La UE ha sido espectador pasivo y contradictorio de los sucesos que se estaban viviendo en la región euro mediterránea y ha terminado estallando en sus manos. Sin remitirnos a la responsabilidad histórica de UE en la existencia de los regímenes dictatoriales en los diferentes Estados árabes. En todo caso, la UE renuncio a convertirse en un aliado fuerte y decidido que ayudara a la consolidación de Estados democráticos que garantizaran los derechos humanos y el acceso al bienestar de todos estos pueblos.

El caso sirio era con mucho el más delicado, junto al egipcio y libio, por potencial armamentístico y por una intensa intervención de la población civil en las revueltas de estos países. En Siria estamos viendo las más cruentas consecuencia de la inacción: destrucción total de un territorio; enquistamiento entre diferentes fuerzas en conflicto y fortalecimiento del llamado Estado Islámico en una zona que es ya de por sí un secular polvorín y, más grave, los crímenes de guerra contra una población civil indefensa que intentan huir con todos los medios. Un claro retroceso histórico.

La Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD) es hoy un papel mojado que ni es común, ni de seguridad, ni de defensa. Su objetivo es «garantizar el mantenimiento de la paz, la prevención de conflictos y el fortalecimiento de la seguridad internacional…» y a las pruebas podemos remitirnos y no ha sido falta de capacidades, peor ha sido mirar hacia otro lado esperando a que escampara. La UE cada día que pasa es más débil y si los ciudadanos europeos fueran conscientes del derroche de recursos económicos que terminan convirtiéndose en reuniones, conferencias, encuentros de resultado baldío clamarían, como poco, después de ver las trágicas imágenes que vemos a través de las televisiones diariamente, sin reparar en lo no hecho en las causas y siendo incapaces de resolver las consecuencias. Por ello podemos decir de manera contundente que la UE es un proyecto fallido en el orden político internacional.

En el plano operativo es bueno saber que la UE ha desplegado treinta operaciones de mantenimiento de la paz fuera del territorio europeo, la mayoría de carácter civil, pues acarrea menor coste político, pero si pusiéramos encima de la mesa toda la documentación elaborada por los organismos de la Unión, empezando por la Estrategia Europea de Seguridad; si además consideramos el número de funcionarios de la propia Unión y de los Estados miembros destinados a trabajar en este área; las estructuras existentes para evitar conflictos y responder a las «crisis humanitarias»; los Institutos financiados con dinero público destinados a analizar y proponer soluciones a estos problemas tendríamos que finalmente hacernos la pregunta de ¿para qué sirve todo esto si estamos viviendo una catástrofe y seguimos desojando la margarita?.

La Unión Europea es una Institución que camina hacia la melancolía de lo que pudo ser y no ha sido, con dirigentes mediocres y funcionarios apoltronados en la medianía. Lo hemos podido comprobar con la crisis griega y el anquilosamiento de sus mecanismos económicos, financieros y sociales. La propuesta de una reforma en profundidad de la Unión es de lo más sensato que se ha oído últimamente, la Guerra Siria es una evidencia que aboca a esa necesidad, ya no es una opción. Pero también téngase en cuenta que no es un problema jurídico, existen poderes y competencias sobradas, es una cuestión de voluntad política.