Si interesante siempre fue la relación entre Freud y Jung, su discípulo, lo es más aún, en versión Cronemberg, director de cine canadiense, caracterizado por su inquietante lenguaje audiovisual. Él es uno de los principales exponentes de lo que se ha denominado horror corporal, el cual explora los miedos humanos ante la transformación física. En sus películas, usualmente se mezcla lo psicológico con lo físico. En la primera mitad de su carrera exploró estos temas en el género fantástico, principalmente a través del horror y de la ciencia ficción, de esa época nos obsequió con “The Fly”. Posteriormente encauzo sus inquietudes hacia el mundo de lo social con una clara progresión hacia la vida interior. Disfruta con la exploración psicológica del individuo contrastando realidades subjetivas y objetivas desde lo cotidiano a lo espiritual. Sin duda, la novela “A most dangerous method” de John Kerr y la obra de teatro “The talking cure” de Christopher Hampton le han dado una magnífica oportunidad para llevar esta historia a la gran pantalla y mostrar su saber con los más finos matices de la personalidad de los padres del psicoanálisis.

Los actores, magníficos, con un Viggo Mortensen genial en su aproximación al doctor Freud. Michael Fassbender, que le da la réplica, como Jung, sobrio y contenido hasta que aparece Keira Knightley como paciente y le arrastra en sus instintos humanos y muy alejados del rigor científico y ético exigible a un doctor.

David Cronenberg consigue una película brillante y lúcida que provoca en el espectador una sensación de desasosiego que llega en algunos momentos a incomodar.

Es un retrato exhaustivo de las relaciones personales y científicas de Freud y Jung a través de sus primeras conversaciones y de su extensa relación epistolar. Un relato valiente y muy preciso del primer gran cisma del psicoanálisis, las referencias a las repercusiones históricas son constantes y sus protagonistas no podrían ser más conscientes de las consecuencias de sus investigaciones y diálogos. En el fondo de la disputa, Cronenberg no toma partido. Se mantiene equidistante con una y otra de las tendencias, independientemente del grado de reconocimiento que tuvieron con el paso del tiempo.

Son muchas las razones para ver esta película pero dos destacan sobre todas las demás; su rigor histórico-científico y el viaje profundo y sutil que nos ofrece al interior de mentes privilegiadas.