Después de desmitificar a Al Gore, el nuevo gurú de la lucha contra el cambio climático, Monbiot ironiza sobre los resultados de Bali al demostrar cómo los comunicados oficiales sobre el resultado de la cumbre parecen calcados de la celebrada hace diez años en Kyoto. Recuerda el articulista que el fraude de la compra de derechos de emisiones de CO2 fue una iniciativa del jefe de la delegación norteamericana en la cumbre de Kyoto –el propio Gore- y evoca la serie de fraudes y engaños registrados estos últimos diez años. Monbiot atribuye este comportamiento de lo que él denomina “las dos grandes fuentes corruptoras”: los medios de comunicación –que minimizan la gravedad del calentamiento global- y los dirigentes políticos, porque dependen de grandes empresas contaminadoras para la financiación de sus campañas, ya sean republicanos o demócratas.

De muy distinta forma juzga los resultados de Bali el diario británico de los negocios, el FINANCIAL TIMES, para quien la ausencia de objetivos concretos en la reducción de emisión de gases contaminante “no implica necesariamente un fracaso”. Al periódico le parece suficiente que la Casa Blanca haya aceptado, por fin, que la evidencia científica del calentamiento global es inequívoca y que el planeta puede estar en serioS problemas a menos que se corten las emisiones”. Un acuerdo más ambicioso hubiera sido poco realista.

THE ECONOMIST, fiel a su credo liberal, combate medidas políticas que coarten la libre iniciativa empresarial, pero reconoce que es preciso detener la oleada contaminante. Recomienda acuerdos locales y regulaciones sectoriales, según el principio de que lo mejor es enemigo de lo bueno.

A medio camino entre la critica y la complacencia, el diario LE MONDE califica de “modesto” el acuerdo de Bali. Reconoce que las ambiciones europeas de fijar fechas concretas de reducción del 25 al 40 por ciento en las emisiones de CO2 para los países industrializados no ha sido posible por la oposición de Estados Unidos. Pero acepta de buena gana que el consenso sobre una “hoja de ruta”, con “un plan de trabajo preciso” sea una buena base para lograr un acuerdo en la reunión de Copenhague, de 2009. Su especialista, Herve Kempf, aventura que entonces estará madura un acuerdo de reducción del 20 por ciento en los países mas industrializados y algún compromiso también concreto algo mas tarde para los países en desarrollo.

Curiosamente, desde el otro lado del Atlántico, el NEW YORK TIMES no tiene tantos reparos en calificar la cumbre de “decepcionante”. El diario, autentico azote de la actual administración norteamericana, recuerda que, recientemente, el Senado aprobó el mantenimiento de regalos fiscales a las compañías petroleras, para agrado de la Casa Blanca. Con un deje de escepticismo, el editorial consagrado a los resultados de Bali emplaza a la Camara Alta para que de la luz verde a una propuesta de una Comisión bipartidaria que establece por vez primera objetivos concretos en la reducción de gases de efecto invernadero.

Finalmente, en varios diarios de gran tirada de los países en desarrollo pueden leerse editoriales y comentarios que recriminan a los occidentales su renuencia a ayudarles en el esfuerzo de protección del planeta. Uno de los reproches mas repetidos es que la UE se muestra reticente a la cesión de tecnología en materia ecológica, aduciendo derechos de propiedad intelectual, cuando en realidad lo que están protegiendo son sus intereses económicos y comerciales. En el diario chino Yunnan Ribao se destaca este dato: Europa “controla el 40 por ciento del mercado de equipos y tecnología de producción energética respetuosa del medio ambiente”.