Y aquí otra piedra Rosetta de la política conservadora española. En el PP han adoptado el silbo gomero como nuevo lenguaje. Es así que el Pinta, la Niña y la Santa María han pasado de dignas carabelas a ser el trío calavera. Se pasan el día silbando. ERE que ERE y silbando. Convoque elecciones anticipadas y silbando. Rubalcaba les habla de doble moral. ¿Quiere el programa del PP para salir de la crisis? Yo se lo explico: una libra de clavos y un formón. Silbando, claro.

En esta campaña de elecciones autonómicas y locales no esperen mucha letra. Lleva una banda sonora donde el PP chifla y el PSOE le rechifla. Y ya saben lo del chiste: “chifla, chifla. Como no te apartes tú”. Vamos derechos a una catástrofe ferroviaria en dos tiempos: uno electoral y otro judicial. Por eso comparto con Bono, no su pasión por el palio y la zanahoria, sino que “en ocasiones veo muertos” políticos. No es una cuestión de sexto sentido. Con menos bastan para reconocerlos. Aunque quemados, los políticos despiden un frío especial. Tampoco importa. La mayoría son palmeros del ¡ale!, ¡arsa!, ¡dale! y el triquitrán, tran, tran. Los que los periodistas resumen con la expresión “en las bancadas del …”.

“Tan sólo tu nombre es mi enemigo” le dice Julieta a Romeo (Acto II, escena II). También los del PP andaluz a Chávez, con menor amor pero igual pasión. En silbo gomero significa, “no me mires, no me mires, el “gürtel” ni el “brugal””. Su descendiente trabaja y además en Andalucía. Dicen que gracias al ascendiente. Comparado con el hijo de Sarkozy es nada. Claro que el de Sarkozy tiene idiomas: habla francés. Responde enfadado Chávez “ustedes que quieren, ¿que se vaya a trabajar fuera de Andalucía, fuera de España?” Como motrileño emigrado que soy aún no entiendo que quería decir. ¿Se puede elegir?

Y ya que tendremos que aprender silbo, escuchamos a López Aguilar (por canario de Las Palmas) salir con torería y valor a defender votar en contra de viajar los eurodiputados en clase turista. Su reflexión la resumió un oyente. Dado lo delicado e importante del trabajo de los eurodiputados, que requiere toda su concentración, es vital viajar en preferente para llegar descansado y así no saber que estas votando, como demuestra el caso. López Aguilar dio la cara y la audiencia la talla. Es solo que no es gomero y queriendo silbar se hizo el argumento un lío. López Aguilar es un político sólido. Por eso lo de “junta los labios y sopla” (que decía Lauren Bacall) no le funciona aunque lo intente. Peor fue el resoplido de la del PP, en primera reacción (perdón, en reacción preferente). Según ella la propuesta era de “comunistas nórdicos” y San Seacabó. El famoso patrón de Aznar. Con eso estaba explicado todo. Al menos para ella. También hubo quien confundió el culo con las témporas (en su etimología de sienes, a lo Castilla-León), y apeló a la dignidad del cargo para viajar en preferente. Es parte de la confusión. Si crees que la dignidad procede de los atributos y privilegios del cargo, terminas siendo un indigno (culo) con ansias de mayores distinciones (laureles). Un trasero en preferente es menos trasero dado que va delantero. Más dignidades cuanto más indigno. Freud lo llamó compensación. Por eso, querido elegido para la gloria, aunque no lo comprenda y el psicoanálisis lo explique, le aseguro que es más digno apelar a la seguridad. Hay que ir en preferente por razones de seguridad. Siempre corren peligro dado que todo el mundo reconoce a un eurodiputado de lejos. No por su relevancia pública. Es por el exceso de equipaje y las bolsas del duty free.

Zapatero adopta la teoría del “petit suisse”. Solo dos. Y Felipe González considera secundarias las primarias. Conoce el problema. Se llamó Borrel y también Zapatero. Continúa siendo un hombre de Estado. Es decir, del estado en que se encuentre. Pocas veces de gracia, todo hay que decirlo. El gobierno, ya de perdidos me río, acude a los socialistas de último recurso y ficha a Boyer. Puestos a hacer capital-democracia de última hora mejor bien y con un nivel. Hay personas dispuestas a perder un amigo por no desperdiciar la oportunidad de hacer una broma. Es el espíritu del capitalismo. Son capaces de echar a perder el mundo (contaminación, centrales nucleares, desequilibrios sociales brutales, guerras, hambrunas, etc.) por no perder la oportunidad de hacer unas comisiones y unos milloncejos. Mientras, crece la oposición y el malestar a cómo se está solucionando la crisis, sobre todo y está claro, en Grecia, Irlanda, Portugal o España. Ya sabemos que no somos económicamente iguales, pero lo cierto es que sobre eso opinamos parecido.

El Eurobarómetro ha estrenado (noviembre de 2010) una nueva medición de clase social subjetiva. Tipo Cantrill con diez posiciones. Arriba en la cúspide social (10) y abajo durmiendo a ras de suelo (1). Las sociedades de los países desarrollados europeos eligen en tres cuartas partes del 6 hacia arriba. Las sociedades de los países postcomunistas y el sur en tres cuartas partes del 5 hacia abajo. La excepción es la sociedad española. Como el universo antes del Big Bang, el camarote de los hermanos Marx o los tres mosqueteros que eran cuatro: todos a una. En España prácticamente todos estamos en el 5. Es sorprendente. Somos, más que nadie, el justo medio. Ninguna sociedad europea con tanta clase media subjetiva. Y eso nos obliga. Queremos seguir siendo, o parecer, clase media, y por ello resistiremos, mientras podamos. Posiblemente no lleguemos a fin de mes. Da igual. Nadie nos podrá quitar ser de clase media a tiempo parcial.