Este es el segundo largometraje que dirige Emilio Aragón, “Una noche en el viejo México”, como su iniciática “Pájaros de papel” (2010), no va a ser una película muy comercial, ni tampoco va a contar con una amplia aceptación ni de público ni de crítica. Pero no por ello, deja de ser correcta y estar muy por encima de la calidad media de los productos que se exhiben en nuestras salas de proyección.

Siempre ver a Robert Duvall, este actor legendario, hipnotiza a los amantes del buen cine. A sus 83 años, nos continúa haciendo gozar con sus interpretaciones llenas de entrega y de una actitud inquebrantable acompañada con esa media sonrisa a la que nos tiene acostumbrados. Sin negar que su protagonista es lo mejor de esta cinta, su director logra hacernos pasar un buen rato haciéndonos vivir algunos sueños y nos ofrece una oportunidad para recuperar en estos tiempos a un ranchero de leyenda.

El banco concedió a Red (Robert Duvall) un crédito para comprar sus vacas. Pero el azar no quiso que lloviera, y todo se fue al carajo. Una maldita conspiración que le ha llevado a perder su rancho justo cuando aparece su nieto, Gally (Jeremy Irvine). Desde este planteamiento, comienza una divertida aventura. Forzado a abandonar su rancho y su tierra, Red Bovie decide coger el coche y viajar hasta México junto a Gally, al que acaba de conocer. Abuelo y nieto comienzan un viaje por sus respectivos con una febril parada en la noche mejicana donde conocen a Patty, una stripper que encuentra en ellos la esperanza de una vida mejor. En su viaje se cruzarán personajes oscuros que harán que sus vidas tomen un nuevo rumbo. Un relato a golpe de carretera y tequila. Una historia sobre la virtud de sobrevivir y el derecho de cada persona a elegir su propio final.

Es un drama de redescubrimiento, un canto a la vitalidad hasta sus últimas consecuencias, podríamos calificarlo de thriller fronterizo, tecnicamente eficaz y con una puesta en escena, excesivamente pulcra, que le resta algo de autenticidad.

Si Duvall, en su interpretación se come toda la pantalla, el resto se limita a compartir plano, se quedan eclipsados pero dan una correcta réplica. A excepción de Luis Tosar, que por pequeño que sea su papel, nos ratifica en la opinión de que es uno de los mejores actores con los que cuenta el cine español.

Para finalizar, debo destacar la excelente banda musical que, junto al preciso montaje, logra transmitir las más variadas emociones y vivir intensamente las más rocambolescas situaciones por la que nos hace pasar este entretenido relato.