La solución adoptada habría que calificarla de inteligente. Se trata de llevar agua desde Tarragona, donde hay, hasta Barcelona, donde falta. Y, además, de manera continua y aprovechando la cualidad de fluido que tiene ese elemento natural. Para ello se ha empleado un instrumento utilizado desde hace muchos siglos para tal fin: una tubería, con lo cual se prefiere esta solución a las que se habían manejado hasta ahora de llevarla en tren o en barco desde Almería.

Como otros grandes estrategas hicieron anteriormente, se ha encontrado en la historia el ejemplo a seguir: como el general Koch que encaró la defensa de Francia en 1914 recordando la batalla de Cannas de 216 a.C. o como su oponente, el mariscal Schliefefn que le opuso la estrategia de la batalla de Gaugamela del 333 a.C., la nueva Ministra no ha dudado en recurrir a un instrumento tan antiguo como un tubo.

Las ventajas de la solución adoptada radican, como ha destacado la prensa, en que se trata de una solución reversible. Es decir, se va a instalar, en seis meses, una tubería en paralelo con la carretera Tarragona- Barcelona, que, una vez que haya cumplido con su función, podrá desmontarse nuevamente.

No se dan plazos, obviamente, para el desmontaje: podrá ser cuando otras soluciones, como la desalación de agua del mar o el trasvase del Ródano, lo permitan, pero le da al asunto un aire de provisionalidad que suele ser muy eficaz en estos casos de utilización de soluciones que no terminan de gustar en la opinión pública. Al fin y al cabo estamos hablando de expatriar agua de la cuenca del Ebro, cosa que se ha determinado espuria por el anterior gobierno.

En esta provisionalidad radica gran parte del valor de la solución y supone la diferenciación con la solución clásica de la canalización de agua. Basta compararla con los acueductos romanos que todavía no se han desmontado después de tantos siglos para darse cuenta de la novedad.

Además, cuando se desmonte podrá volverse a montar en dirección Norte- Sur hacia la Comunidad Valenciana, donde su presidente ha dicho que ellos también quieren agua de Tarragona.

Son, pues, todo ventajas y, desde esta página web que en reiteradas ocasiones nos hemos preocupado de este tema, hay que felicitar a la Ministra por sus reflejos.

Si alguna crítica hay que poner a la medida sería la de no utilizar el lenguaje más apropiado para explicar mejor la solución adoptada: ya que se trata de una conducción provisional, a la conducción utilizada, en lugar de tubería, debería habérsele llamado manguera.