Sea cierto o no, el hecho constatado es que cuando a los ciudadanos se les pregunta si creen que a los partidos políticos les importa lo que piensa la gente, éstos responden mayoritariamente que no. Con los datos del estudio de Dalton y Weldon, se observa que en España el 61 por ciento de los encuestados creen que no les importa y solo un 39 por ciento cree que a los partidos políticos les importa lo que la gente piensa. El resultado es revelador en sí mismo, pero ¿está nuestro país en niveles inferiores, medios o superiores en esta visión en relación a otras democracias occidentales en el estudio realizado?

Comparando los resultados, y a pesar de la estrategia de crispación política que ha venido realizando el PP desde su derrota en las elecciones generales de marzo de 2004, España se encuentra entre las democracias con un porcentaje más alto entre los que opinan que a los partidos si les importa lo que piensa la gente. Concretamente, sólo Holanda tiene un porcentaje superior, con un 43 por ciento de los encuestados que piensan que si les importa. Y estamos con el mismo porcentaje de democracias tan consolidadas como Suiza o Noruega.

En este punto, sorprende como el 38 por ciento de los norteamericanos encuestados cree que si les importa lo que opina la gente, cuando solo un 56 por ciento cree necesarios los partidos políticos. En el otro extremo, es digno de mención como en Alemania solo un 18 por ciento cree que les importa; en Japón, un 21; en Canadá, Austria y Suecia, un 23 por ciento.

Si la pregunta la tuviera que responder, diría que a los partidos políticos si les interesa lo que opinan los ciudadanos, aunque solo sea porque son los que posteriormente con su voto deciden quienes le van a gobernar. Otra cosa, y considero que ahí está el problema, es que los partidos políticos deben evolucionar hacia formas más participativas tanto en los debates y decisiones, como en la rendición de cuentas de sus políticas y propuestas. ¿Ante quien rendir cuentas? Pues ante sus militantes y simpatizantes, pero también ante los ciudadanos en general.

De este modo, acabaríamos con la percepción de que los programas electorales o las promesas electorales en las campañas son solo mensajes, elaborados por un grupo de expertos y dirigidos a la población para que nos voten, pero que pierden su vigencia y validez una vez que ha pasado el día de las elecciones y se ha llegado al poder.

Los partidos políticos no son organizaciones estáticas, son estructuras dinámicas, que cambian y evolucionan dependiendo de la sociedad en la que se encuentren, de la época en la que estén y de los cambios que en esas sociedades se produzcan. Por ese motivo, tienen que adaptarse a los cambios vertiginosos que se están produciendo y potenciar espacios de encuentro, con los ciudadanos y con las organizaciones sociales de todo tipo.

Esta forma de organización del trabajo permite conjugar las reivindicaciones concretas con un proyecto general de transformación social con el que pueda sentirse identificado una mayoría de los ciudadanos.

Es necesario generar una mayoría social comprometida y que participa, como primer paso para poder conseguir posteriormente una mayoría electoral. Pero en todo ese proceso, y también después, los ciudadanos y el propio partido deben tener un papel más activo, tanto en las decisiones como en el control de las políticas que desarrollen los gobiernos democráticamente elegidos.