Escribió Mario Benedetti que “No hay sufrimiento más doloroso y largo que la esperanza”. Y hoy, esa esperanza para millones de personas se llama Europa. Sí, Europa como espacio de paz, libertad y prosperidad. Qué paradoja, mientras las élites económicas y parte de las políticas pretenden acabar con uno de los mayores y mejores patrimonios de la Humanidad, el Estado de Bienestar, a través de recortes de derechos conquistados y de una falsa austeridad que esconde su codicia, el resto del mundo, de ese mundo que quiere una vida digna, mira a Europa y quiere venir a ella.

La imagen de los cuerpos muertos, varados en la playa, de Aylan Kurdi, de tres años, y de su hermano Galip, de cinco, años, tras sufrir “su embarcación” un accidente cuando intentaban llegar a Turquía, hiela la sangre y desgarra el alma de toda persona que se considere bien nacida. Como también, el descubrimiento de los 71 cuerpos sin vida en el camión encontrado en la autopista hacia Viena; los muertos en las bodegas de los barcos, o mejor dicho en los ataúdes flotantes en el Mediterráneo; los recuerdos de Lampedusa tristemente repetidos, y así una larga lista no de sucesos, sino de vidas truncadas, ahogadas por cumplir un sueño, por lograr una esperanza.

Solo querían huir de la guerra, la miseria y la muerte, y poder hacer realidad sus sueños. Solo querían como cientos de miles de personas llegar a Europa. Como ocurre todos los días y seguirá ocurriendo cada día más, llegar a Europa. A pesar de las cuchillasde entrada que les esperan, a pesar de las pelotas de goma, a pesar de los desiertos y las mafias, a pesar de un Mar Mediterráneo que se ha convertido en un gran cementerio, a pesar de los pesares. Llegar a Europa.

¡Que nadie se tape la cara para no mirar! o pretenda solucionar esta cuestión con un titular, porque el problema requiere esfuerzo, audacia y determinación dentro de una solución global. Hay unos 51 millones de personas desplazadas de sus hogares como consecuencia de los conflictos, la persecución y la violencia generalizada, según un informe del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) de junio de 2014. La cifra más alta desde la II Guerra Mundial.

Y mientras esto ocurre, ¿qué hacen los europeos? ¿Qué hace la Unión Europea? Los primeros, sensibles pero inactivos en su gran mayoría. Los segundos, es decir, los Gobiernos, en medio de una representación donde van intercalando discursos morales, palabras vacías, miedos al auge de las fuerzas políticas xenófobas como excusa para hacer poco o nada. ¿No se dan cuenta que esto acaba de empezar y hay que dar respuestas a corto, medio y largo plazo? Pero respuestas no desde la ansiedad cortoplacista electoral, sino desde los principios, estos si morales, de que todos somos iguales y toda persona tiene derecho a una vida digna en libertad. Aquí por supuesto, pero también en sus tierras de origen.

Por ese motivo, como ciudadanos tenemos que exigir a nuestros gobiernos que traten a los refugiados como lo que son, personas. Esto significa que tienen que recibir la ayuda humanitaria que necesiten. En este punto, es importante que la Unión Europea cumpla la legalidad de la que democráticamente se ha dotado. No puede seguir incumpliendo sistemáticamente, entre otros:

  • El artículo 14.1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos que establece que “en caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país.” Este artículo choca con el reparto o cuotas de refugiados por país, del que se habla en la UE y a lo que también se oponen algunos Estados miembros.
  • Artículo 4 del Protocolo cuarto, de la Convenio Europeo de Derechos Humanos, donde señala que “quedan prohibidas las expulsiones colectivas de extranjeros.”
  • Carta de Derechos Fundamentales de la UE:
    • Artículo 1: “La dignidad humana es inviolable. Será respetada y protegida.”
    • Artículo 18: “Se garantiza el derecho de asilo dentro del respeto de las normas de la Convención de Ginebra de 28 dejulio de 1951 y del Protocolo de 31 de enero de 1967 sobre el Estatuto de los Refugiados y de conformidad con el Tratado constitutivo de la Comunidad Europea.”
    • Artículo 19: “1. Se prohíben las expulsiones colectivas.2. Nadie podrá ser devuelto, expulsado o extraditado a un Estado en el que corra un grave riesgo de ser sometido a la pena de muerte, a tortura o a otras penas o tratos inhumanos o degradantes”.

Después, a la par que soluciona el problema humanitario ya, tiene que dar respuestas a los conflictos, cambiar las políticas, y el modelo de desarrollo para que llegue a todos los rincones del planeta y no sean necesarias las migraciones masivas por miseria, persecución o guerras.

Las imágenes de miles de personas caminando para llegar a su sueño europeo, me han recordado a los cientos de miles de españoles que por defender la libertad en España, tuvieron que huir hacia Europa. Recordemos como fueron tratados para que hoy nosotros no hagamos lo mismos con los desterrados de ahora.