En esta novela, al igual que ocurre en la novela Invierno en Madrid de C.J.Sansom, sobre la que recientemente he tenido la oportunidad de hacer un breve comentario en esta misma página Web, la acción transcurre en el Madrid de la postguerra, si bien en este caso han transcurrido más de quince años desde el final de la guerra civil y se percibe claramente la diferencia de espacios temporales entre una y otra, entre los inviernos de 1940 y 1955.

Venga a nosotros tu reino se desarrolla en el invierno de 1954-55, el régimen franquista ha sobrevivido al triunfo, en 1945, de las democracias sobre el totalitarismo nazi y fascista, y para ello, para sobrevivir, ha llevado a cabo una serie de operaciones cosméticas con objeto de despojarse de los signos más visibles que le identifican con sus aliados nazis y fascistas de los primeros años de la década de los cuarenta, aliados sin los cuales no hubiera podido ganar la guerra civil, y así poder buscar, ahora, un hueco en el nuevo escenario internacional, presidido por la guerra fría y el anticomunismo, que desde Estados Unidos se expande por occidente. Pero debajo del maquillaje la represión continua, implacable, cortando de raíz cualquier intento de avance democrático.

Los acuerdos con EEUU sobre la instalación de bases norteamericanas en España (en realidad se llamaban “convenios de ayuda económica y militar entre España y Estados Unidos) y el Concordato con la Santa Sede, firmados ambos en 1953, fijan el nuevo escenario en el que se desarrolla la política del régimen. El Papa Pío XII y la jerarquía católica española son, junto con los EEUU, los aliados más fuertes con los que cuenta el régimen para llevar a su cabo su política camaleónica.

Javier Reverte nos introduce en ese tiempo a través de esta novela, en la que aparecen personajes representativos del nacional-catolicismo de la época como Leopoldo Eijo Garay, obispo de Madrid-Alcalá y augusto Patriarca de las Indias Occidentales; Casimiro Morcillo obispo de Bilbao, Enrique Pla y Deniel, primado y arzobispo de Toledo así como el nuncio del Vaticano Ildebrando Antoniutti.

Los dos personajes clave de la novela son Stefan Berman, un joven sacerdote polaco, acogido por la Iglesia Católica española en calidad de refugiado huido del comunismo de su país, y el obispo de Madrid-Alcalá Leopoldo Eijo Garay. Poco a poco, entre ellos va desencadenándose una profunda amistad, sin embargo el padre Stefan no puede olvidar que tanto su padre como su hermano fueron víctimas de los nazis en Varsovia, por ello le produce un sentimiento de rechazo y rebeldía contemplar la complicidad de la jerarquía eclesiástica española y la del Papa Pio XII con un régimen como el franquista, antiguo aliado de los nazis, así como la intransigencia que dicha jerarquía mantiene con cualquier posición democratizadora que, como las HOAC, surja del seno de la propia Iglesia.

Esta novela de amor e intriga apasiona desde el principio y las vicisitudes por las que va pasando el sacerdote polaco nos van retratando la sociedad de aquel tiempo tan próximo y tan lejano a la vez, con personajes como la hermosa hija de un importante militar afín al régimen o el comisario Casado de la brigada político social.

Uno vuelve hacia atrás en el tiempo y se instala en la nostalgia vivida o presentida de las fotos y las películas de entonces, de los trenes y tranvías, de los programas radiofónicos como el del cómico Pepe Iglesias el Zorro, Zorro, Zorrito para mayores y pequeñitos, de la cafetería Dólar en la esquina de la calle Alcalá con la Avenida de José Antonio como se llamaba entonces. El Madrid, la España, de nuestros padres, de nuestra infancia o juventud, que debemos dar a conocer a nuestros hijos y nietos. Por eso, novelas como las que comentamos, nos son tan necesarias para comprender nuestra realidad histórica más inmediata. Dos inviernos de la postguerra, uno en 1940, cuando el régimen franquista está convencido de que su benefactor Hitler va a ganar la Guerra Mundial, otro en 1955, cuando ese mismo régimen trata de adaptarse a los nuevos tiempos apoyándose cada vez más en los sectores católicos, corrigiendo así la influencia de Falange, pero en el que la represión y la intransigencia siguen siendo una constante que se ceba con aquellos que pretenden ser libres y tener ideas propias.