Dado que el PSOE baja tres puntos en Galicia pero sube ocho en Euskadi, podemos concluir que la primera preocupación de los ciudadanos de toda España no parece haber incidido de manera claramente negativa en estos comicios para el partido del Gobierno.

Esto puede querer decir dos cosas: gallegos y vascos no contemplan razones para un castigo al Gobierno de España por la gestión de la crisis; y/o vascos y gallegos han decidido diferenciar los ámbitos y los momentos de decisión. En todo caso, la crisis no penaliza al Gobierno.

Aún cabe una conclusión más en clave nacional, sin embargo. Los nacionalismos retroceden, los partidos estatales avanzan. Tanto en Euskadi como en Galicia, al igual que antes ocurrió en Cataluña, se constata un agotamiento en la estrategia victimista y separatista de los nacionalismos periféricos. Los ciudadanos son cada día más conscientes de que los retos son globales y de que no caben miradas reduccionistas para hacerles frente. Los partidos del compromiso constitucional con la igualdad de todos los españoles y de implantación en todo el Estado son los que consolidan posiciones.

El vuelco más trascendente se ha producido en el País Vasco. Por vez primera en unas elecciones autonómicas, las fuerzas constitucionalistas suman mayoría. La apuesta firme y valiente de los socialistas vascos por la paz, la libertad y el progreso más allá de los frentes, ha recibido como recompensa un incremento histórico en sus apoyos electorales. El estéril “raca-raca” soberanista de Ibarretxe y sus socios tripartitos ha cosechado un lógico desentendimiento ciudadano, que puede apear al PNV del poder por vez primera desde la transición democrática. El PP retrocede, aún menos de lo previsto. Y Rosa Díez obtiene un escaño decisivo para su estrategia en Euskadi, y también fuera de Euskadi.

La derrota del “frentismo”, de Lizarra y del permanente chantaje separatista en el País Vasco constituye una noticia magnífica, en aras a la normalización política y la conquista de los derechos y libertades aún secuestrados en esa sociedad. Este es el momento del cálculo racional y prudente para administrar con éxito este resultado esperanzador. La baraja está en manos del PSE-PSOE. Puede impulsar un acuerdo puramente constitucionalista, que deje fuera a PNV, EA, EB y Aralar. O puede forzar un cambio en el liderazgo y el programa del primer partido nacionalista para reeditar la coalición PSE-PNV que respaldan la mayoría de los vascos en las encuestas.

La primera opción tiene la ventaja del cambio oxigenador y didáctico, pero puede reverdecer tentaciones frentistas. La segunda posibilidad favorece la estabilidad institucional, pero puede frustrar las aspiraciones de cambio en buena parte de la sociedad vasca. Los intereses del Gobierno de España a favor de una mayoría sólida en el Congreso de los Diputados tampoco serán una pieza menor en la partida a jugar a partir de hoy mismo. No obstante, y pase lo que pase, las cosas no volverán a ser igual en Euskadi. El gesto bronco y amenazador de Mr. Spok pasó a la historia. El nuevo Gobierno de Euskadi no será ya el verso suelto del esfuerzo por el progreso general en España.

Por cierto, en términos de pedagogía democrática sería muy interesante también comprobar cómo sobrevive fuera del Gobierno vasco un partido tan profundamente institucionalizado como el PNV. En su momento le ocurrió a CiU en Cataluña. Las formaciones que se eternizan en el poder corren el riesgo de acabar confundiendo partido e institución, lo propio y lo de todos. No obstante, se trata de un mal que tiene curación, a veces dolorosa, eso sí, con una buena temporada en la oposición.

Las cosas han sido más claras en Galicia. Los populares han recuperado su mayoría tradicional en esta región. El desgaste y la falta de horizontes que identificó a Fraga hace cuatro años, ha tenido como contrapunto a un renovado y centrado Feijoo. Touriño merecía más. Su esfuerzo para modernizar Galicia y superar el modelo caciquil y clientelar implantado por la derecha ha sido encomiable. Pero, probablemente, la inercia conservadora en la sociedad gallega, el lastre del nacionalismo excéntrico del BNG y la campaña barriobajera del PP, le han impedido reeditar los cuatro años más para los que había hecho méritos. Está por comprobar ahora qué línea adoptará el ejecutivo de Feijoo. ¿Será el suyo un Gobierno de trinchera contra la Moncloa, al modo Aguirre? ¿O será en Galicia donde el “marianismo” mostrará su perfil más centrado?

Algún apunte más de carácter general. Rajoy respira. Los “herederos” en liza tendrán que esperar un poco más. El resultado sirve al líder del PP para volver a aplazar lo que a la postre, tarde o temprano, todos entienden como inevitable. Al Gobierno Zapatero le vendrá bien tener en frente a un Rajoy superviviente a duras penas mientras dura la crisis.

La estabilidad parlamentaria del Gobierno de España, si bien se vería claramente favorecida por un acuerdo PSE-PNV, tampoco parece muy comprometida de no darse esta circunstancia. Nada indica que el BNG vaya a cambiar su estrategia de colaboración con el PSOE. Tampoco tiene por qué modificarse el apoyo crítico de ERC, o los acuerdos puntuales con CC, UPN o NaBai.

En definitiva, vuelco esperanzador en Euskadi, vuelta a la tradicional mayoría conservadora en Galicia, nueva carga para la botella de oxígeno de Rajoy, y estabilidad para el Gobierno de España, cuya gestión de la crisis económica no ha sido contestada en las urnas.