Sí, aunque han hecho todo lo posible para evitarlo, está ocurriendo. La arrogancia y los excesos cometidos por el poder financiero y por unos Gobiernos que solo ven sueños de estabilidad en el sacrificio de sus ciudadanos, han despertado a unos hombres y mujeres que quieren hacer realidad en sus vidas su aspiración de bienestar y libertad.

La codicia de los poderes no democráticos, que parasitan la democracia a su favor, decidió aprovechar la crisis como excusa para destruir el acuerdo de bienestar que se produjo tras la Segunda Guerra Mundial. La escena se ha ido repitiendo a lo largo y ancho de Europa, con las políticas de recorte de derechos que llevan a cabo unos gobiernos que, aún elegidos por los votos de los ciudadanos, obedecen de manera servil al poder financiero.

Para conseguir sus fines han provocando y provocan miedo, desesperación y angustia en sociedades muy fragmentadas, donde creían que la individualización de la población les llevaría a una sumisión y a una resignación que pretenden vender como algo inevitable. Ya conocen las frases: “vivíamos por encima de nuestras posibilidades”, “el Estado de Bienestar es insostenible”, “la sanidad pública, gratuita y universal es cara y no se puede mantener”, “las pensiones son un lujo y suponen mucho gasto en el presupuesto”… Y junto a ellas, hay que ser pacientes porque este es el único camino posible.

Pues bien, cada vez más ciudadanos han decidido que ya basta, que hay que dar otra respuesta a la crisis, que los Gobiernos que ellos han elegido en las urnas están a su servicio, y si no que se vayan. Y para ello, se han reencontrado con algo tan moderno y clásico como la movilización. Han vuelto a ser conscientes que la soberanía está en ellos, que son ellos los que deciden qué modelo de sociedad quieren.

Los retrocesos sociales, políticos y económicos que vienen realizándose en materias que la ciudadanía consideraba que eran derechos ya conquistados, han sido la raíz de un malestar cada vez más amplio, y el reflejo del desarrollo incompleto que existe en el funcionamiento de la democracia. Por ese motivo, se demanda más democracia ante las nuevas necesidades ciudadanas y ante las transformaciones sociales, económicas y políticas que se van produciendo en nuestras sociedades.

Hay que llevar a cabo un proceso de redefinición de la democracia para que siga existiendo en las sociedades del siglo XXI. Y esa evolución democrática, que ha de hacerse con la participación activa de los ciudadanos, en las instituciones y también en la calle, tiene que:

1.-Partir de superar el modelo neoliberal de capitalismo financiero y el riesgo de exclusión que produce.

2.- Avanzar, desde el punto de vista práctico, en medidas concretas que posibiliten nuevos desarrollos democráticos que conduzcan a mayores niveles de igualdad entre los ciudadanos a nivel global.

3.- Y llevar, enlazando con Marshall, a una nueva fase de expansión de la ciudadanía, que haga efectiva una ciudadanía económica.

Todo lo anterior, enmarcado en un contexto donde el aumento de las desigualdades, provocado por el tránsito de una sociedad industrial a una sociedad tecnológica globalizada, puede llegar a ser la causa del colapso de los sistemas democráticos.

Viendo a esta ciudadanía cada vez más movilizada hay esperanza de más democracia y más igualdad, porque se algo nos ha enseñado la historia es que cuanto más democracia más igualdad y cuando más igualdad más democracia.