De manera descentralizada y articulando organizaciones desde el ámbito local al internacional, se proponen la construcción de otro mundo más justo. El lugar no destila el “glamour” de Davos, aunque sus objetivos son más importantes para el bienestar presente y futuro de la humanidad. Las más de 1.200 organizaciones de todo el mundo y entorno a 45.000 personas que asisten a este encuentro tienen como objetivo debatir desde una perspectiva ciudadana, las alternativas a un contexto global marcado por la profunda crisis del sistema neoliberal.

En este encuentro anual, a partir de los debates y reuniones, donde se comparten experiencias y estrategias, se organizan distintas campañas. Este año, el Foro se desarrolla en torno a tres ejes temáticos: la crítica del capitalismo, el refuerzo de la lucha contra el imperialismo y la opresión y la construcción de alternativas democráticas y populares. Durante el evento, se van a proponer respuestas globales a la crisis económica, a la crisis de alimentos y al cambio climático. Todo ello, en un contexto donde los ciudadanos africanos están demandando democracia y mejores condiciones de vida ante la grave situación económica y social que sufren.

Estamos en un momento decisivo para la reflexión y la elaboración de propuestas que lleven a un modelo económico alternativo que sea más justo. Pero frente a la organización enfocada a la acción de Davos, en este Foro hecho en falta una conexión más directa con los representantes de los partidos de izquierdas para poder llevar a la práctica las alternativas para mejorar la vida de la gente.

Aún así, hay que destacar la importancia del encuentro, donde en los primeros días se ha decidido realizar una campaña mundial para pedir a los países del G20 que pongan fin a la opacidad financiera en los paraísos fiscales. Hay que trabajar para que tenga la mayor difusión, porque es fundamental no solo esta campaña sino tener claro que dentro de una alternativa democrática a nivel global, que hay que construir y decidir desde hoy, un capítulo clave es eliminar los paraísos fiscales en 2015 y redirigir sus fondos para cumplir con los objetivos del milenio.

Según la OCDE, los paraísos fiscales acumulan un patrimonio privado de casi un trillón de dólares, cinco veces superior al de hace dos décadas. En los Estados que los albergan tienen sede más de un millón de sociedades amparadas en el anonimato, lo que según el FMI ha permitido que en estos territorios se esconda una cuarta parte de la riqueza mundial. Ante este fallo de la regulación internacional, es necesario poner en marcha una batería de iniciativas nacionales (un nuevo gravamen especial para todo movimiento de fondos que tengan como origen o destino un paraíso fiscal; no reconocimiento de personalidad jurídica a las sociedades constituidas en paraísos fiscales para intervenir en el tráfico mercantil español; prohibición de tener filiales o sucursales en paraísos fiscales a entidades bancarias españolas) e internacionales que requieren un fuerte impulso político.

Es un sueño realizable que a partir de 2015, los paraísos fiscales queden completamente prohibidos, y los Estados que los mantuvieran sean excluidos de todos los organismos financieros internacionales y asuman medidas severas de aislamiento financiero. Desde este momento hasta el 2015, los capitales que abandonasen los paraísos fiscales no serían penalizados, tributarían a un nivel inferior, y a cambio, los fondos obtenidos serían puestos a disposición de organismos financieros internacionales reformados para ayudar al cumplimiento de los objetivos del Milenio.

Solo hace falta decisión.