Cuando un enfermo es sometido a un tratamiento doloroso, para soportarlo necesita saber al menos que el tratamiento funcionará, que recuperará la salud y que los inconvenientes habrán merecido la pena. Sin embargo, el Gobierno del PP plantea a los españoles un escenario de renuncias dolorosas y crecientes, sin expectativa alguna para la recuperación de la economía y del empleo. Es más, el propio Presidente asegura que entramos irremisiblemente en una etapa de recesión, y que las reformas en marcha no crearán puestos de trabajo.

Y en esto tiene razón. Las reformas emprendidas por el Gobierno del PP no nos ayudarán a salir de la crisis. La decisión de priorizar el frenazo brusco al déficit, la austeridad radical, la subida de impuestos a las clases medias, la facilitación del despido y el debilitamiento de los servicios de bienestar, constituyen un coctel letal que acentuará la recesión y el paro. Por si había alguna duda, el propio Rajoy y sus ministros subrayan el drama afirmando que este año no creceremos y que el año próximo ya veremos. Entonces, ¿para qué tanto sacrificio?

Si las reformas en aplicación no sirven para salir de la crisis, como admite el Gobierno, resulta lícito y lógico buscar otras explicaciones. En este sentido, son muchos los que interpretan que la derecha política y la derecha económica están aprovechando la crisis y la angustia de muchos españoles como coartada para aplicar un conjunto de reformas regresivas, que no se hubieran atrevido a sugerir ni tan siquiera en un contexto distinto.

La derecha utiliza la crisis para desregular el mercado laboral, para darle todo el poder al empresario en la fijación de salarios y condiciones de trabajo, para facilitar el despido libre, para desmontar los servicios públicos que atienden necesidades fundamentales, para generalizar los copagos en la Sanidad y la Educación, para instaurar el déficit cero… Y lo hacen a sabiendas de que ninguna de estas medidas ayudará a resolver los problemas de nuestra economía, y de que ninguna de estas decisiones creará un solo puesto de trabajo.

Eso sí, la derecha quiere a la gente calladita. En la calle, con más impuestos, con menos salarios, pagando servicios públicos que antes formaban parte de sus derechos de ciudadanía. Y sin quejarse, porque la queja es algarada y radicalismo.

Pues va a ser que no. Los ciudadanos se movilizarán legítima y pacíficamente, en el marco de la Constitución y de sus derechos democráticos no recortados. Y los representantes institucionales de los ciudadanos críticos con las medidas del Gobierno del PP plantearemos alternativas en el Parlamento.

La principal alternativa consiste en romper el círculo vicioso del ajuste irracional del déficit que conduce a la recesión, y de la recesión que acrecienta el déficit. Muchos expertos y muchas fuerzas progresistas están proponiendo un camino distinto, mediante la flexibilización de los objetivos de déficit, la ejecución de planes públicos de incentivación de la demanda, la cobertura social justa, la fiscalidad progresiva, las reformas destinadas a ganar competividad por la vía de la innovación y el conocimiento y, claro está, el gobierno económico de la Unión Europea.

El Gobierno debiera tener presente la fábula de la luna y el dedo, y debiera fijar su atención en la raíz de los problemas antes de cuestionar la legitimidad de quienes se quejan frente a los atropellos.