He vuelto a visitar Polonia después de 30 años. Todos los países europeos han cambiado mucho en estos 30 años. España también y a mucho mejor.
Polonia dejó de ser comunista en 1989, tras una transición pacífica iniciada con las elecciones del 4 de junio de ese año. Algunos aún recordamos aquel sindicato independiente Solidaridad que ganó de forma abrumadora. Posteriormente, Polonia entró en la Unión Europea el 1 de mayo de 2004, en la mayor ampliación de la historia de la UE, a raíz de un referéndum con casi un 78% de votos a favor.
¿Qué país he encontrado? Una Polonia moderna, divertida, amable y muy segura. Es uno de los países más seguros del mundo. Con unas infraestructuras fenomenales en carreteras, trenes y conexiones; un transporte público en las ciudades magnífico (autobuses y tranvías con frecuencias altísimas); y, sobre todo, una rehabilitación extraordinaria.
Polonia ha recuperado todo su patrimonio de antes de la II Guerra Mundial tal y como era antes de que fuera un país destruido en un 80%. Una tarea de reconstrucción realmente impresionante. Al mismo tiempo, la modernidad ha entrado en todos los poros del país: rascacielos en Varsovia que nada tienen que envidiar a cualquier ciudad americana o china; barrios modernos y nuevos que resultan increíblemente agradables para vivir. Eso sí, una construcción que ha permitido mantener la identidad del país y dar espacio a la naturaleza. Polonia es un país verde, muy verde, que ha permitido que sus ciudades disfruten de espacios amplios llenos de árboles y jardines.
También quedan vestigios de los barrios judíos, de los guetos, del paso de la barbarie nazi para no olvidar lo ocurrido. Calles que requieren silencio y memoria. Que encogen el corazón. Seguimos con la misma pregunta sin respuesta: ¿cómo fue posible tal infierno? ¿cómo fue posible tal barbarie?
Y, ¿cómo es posible que la nación judía que vivió aquellas atrocidades esté hoy bajo el gobierno sádico de Netanyahu infringiendo un genocidio a los palestinos? ¿Qué distorsión cruel se produce en la mente de los hombres?
Pero que Polonia surgiera de las cenizas del infierno nazi, que haya recuperado su vida y su historia, que hoy sea un país moderno al tiempo que ha recuperado su pasado más glorioso, que sea un país seguro y amable, que su gente te reciba con los brazos abiertos, que el turismo se abra paso no es un milagro polaco. Es un prodigio europeo.
Como ocurrió con España y con otros países, la construcción de la Unión Europea, su pacto político-económico, la distribución de recursos, la voluntad política de hacer grande a Europa (y no el MAGA americano basado en fuerza, armas y violencia) hicieron el milagro de que Europa sea hoy un lugar de derechos civiles y sociales, de libertades políticas y búsqueda de una clase media. Y sobre todo de trabajar por la seguridad y la PAZ.
La reconstrucción de Polonia se ha dado por los fondos europeos, porque el presupuesto de la UE garantiza grandes proyectos que la mayoría de los países no podrían abordar en solitario. De hecho, este mes de agosto de 2026, la Comisión Europea aprueba la quinta solicitud de Varsovia de 42.000 millones de euros.
Aun así, la ultraderecha está creciendo en Europa alertando por un desmantelamiento de la UE, de la ONU, y en busca de un patriotismo hueco que incita al odio al otro. ¿Por qué?
Lógicamente, Polonia tiene los mismos problemas que otros países, como el nuestro, por ejemplo, la vivienda para los jóvenes. Pero, la pregunta es: ¿no puede la democracia resolver estos problemas?
Que la UE tiene que agilizar, dar respuestas, cambiar lo inservible por el funcionamiento de décadas, escuchar y atender demandas, revitalizar y reforzar los principios y valores básicos que la han hecho única, apostar por los derechos humanos, seguir unificando posiciones conjuntas, abordar los graves problemas globales como la inmigración, y, sobre todo, defender con uñas y dientes la democracia, es una realidad.
Que la UE también ha cometido errores en estos años es cierto. Recordemos la barbaridad del austericismo impuesto, sobre todo, en Grecia, con los hombres de negro recortando pensiones y derechos civiles, mientras que otros países como Islandia apostaron por hacer pagar a la banca su propio fraude.
Soy una mujer de izquierdas que le preocupa lo que le ocurre a la derecha democrática europea. Su debilidad en Francia, su casi desaparición en Italia con el crecimiento de varios partidos de ultraderecha, o el desastre de la CDU en Alemania. Y si en España el PP no cae es porque está imitando cada vez más a Vox a ver quién de los dos es más bárbaro, salvaje e irresponsable en sus acciones y palabras.
No estamos en una batalla entre derechas e izquierdas dentro de la política democrática. Estamos en un tablero entre Democracia sí o no, Europa sí o no, Derechos humanos sí o no.
Pero que haya que mejorar, corregir, reforzar, atender, no significa que haya que cerrar la Unión Europea ni que haya que anular la democracia. También nuestros sistemas democráticos necesitan revisar sus formas y métodos con el objetivo de devolver su fortaleza; de la misma forma que la ciudadanía necesita recuperar confianza y humanidad. Sin humanismo no se puede construir una democracia como forma de convivencia.
¿Estamos dispuestos en Europa a perder lo conseguido? No se trata de seguir igual. Se trata de mejorar. Pero me resisto a aceptar que estas décadas vividas desde la II GM hasta el siglo XXI son un paréntesis histórico, un oasis en medio de la barbarie humana.
Como explica muy bien Josep Vicent Boira en su magnífico artículo “La persistente y luminosa idea de la democracia”, https://www.lavanguardia.com/opinion/20260919/11638041/persistente-luminosa-idea-democracia.html
“Solo desde la ofensa a los que nos precedieron en este mundo tenemos derecho a pensar que hoy vivimos en la peor de las situaciones posibles. Solo desde la desconsideración a las víctimas tenemos derecho a decir que el futuro es más negro cada día. Solo desde el desconocimiento del pasado podemos abandonar la lucha por la persistente y luminosa idea de la democracia”
Me resisto a aceptar que hemos llegado al final de la historia matando a las democracias. Si existe una gran mayoría ciudadana europea dispuesta a seguir viviendo en paz y de forma conjunta, alcemos la voz, votemos y no permitamos que aniquilen los mejores años de la humanidad.
