Tras casi cinco aĂąos de crecimiento econĂłmico, la evoluciĂłn del PIB ha superado el volumen anterior a la crisis. De hecho, en 2017 se superĂł en mĂĄs de 82.000 millones de euros el PIB anual de 2007. Los datos de la evoluciĂłn del empleo recogidos en la Encuesta de PoblaciĂłn Activa (EPA) del II trimestre de este aĂąo son positivos: los ocupados han superado los 19 millones. Pero aĂşn no hemos salido de la crisis: faltan mĂĄs de un millĂłn de personas ocupadas respecto a los 20,38 millones de ocupados que habĂ­a el segundo trimestre de 2007.

El desempleo y la precariedad son la herencia del Partido Popular (PP), despuĂŠs de casi siete aĂąos en el Gobierno, desarrollando polĂ­ticas de recortes de los servicios pĂşblicos y contrarreformas laborales y de pensiones. Los grandes logros de creaciĂłn de empleo, que se auto-otorga el PP se basan en la sustituciĂłn del empleo a tiempo completo por empleo a tiempo parcial. SegĂşn la EPA del segundo trimestre de 2018, el desempleo afecta a 3,49 millones personas, lo que representa una tasa de paro del 15,28%, solo superada por Grecia. Por comparaciĂłn, en mayo, la UniĂłn Europea tenĂ­a el 7,0% de tasa de paro. En el mismo periodo de 2007, el desempleo afectaba a 1,76 millones de personas y la tasa de paro era del 7,95%. La tasa de empleo de las mujeres es un 11% inferior a la de los hombres. MĂĄs de la mitad del empleo creado es temporal, la temporalidad afecta a casi el 27% de los trabajadores, el porcentaje mĂĄs alto de la UniĂłn Europa seguido de Polonia con un 25,3%.

El empleo que se crea estĂĄ condicionado por la alta rotaciĂłn, temporalidad y parcialidad involuntaria. En el primer semestre de 2018, los Servicios PĂşblicos de Empleo (SEPE) han registrado 10,42 millones contratos de los que 9,70 millones fueron temporales, lo que representa mĂĄs 93% del total de los contratos registrados y 715.000 han sido contratos indefinidos. La precarizaciĂłn de las condiciones laborales se va extendiendo, los contratos temporales son cada vez mĂĄs cortos, el 40% de los contratos iniciales registrados tienen una duraciĂłn inferior a un mes, los contratos temporales tienen una duraciĂłn media de 52,82 dĂ­as, los de menos de una semana suponen el 28,2% del total y un tercio del total de los contratos son a tiempo parcial, siendo tres de cada cuatro para mujeres, una parcialidad que en la gran mayorĂ­a de los casos no es querida por los que los afectados.

La reforma laboral es un modelo laboral fracasado, injusto e ineficiente, que no ha conseguido los objetivos de reducir la dualidad y la segmentaciĂłn de nuestro mercado de trabajo. La precariedad y la desregulaciĂłn de las condiciones de trabajo se agravan por el gran nĂşmero de horas extraordinarias que se realizan. SegĂşn la EPA, durante 2017 se realizaron nueve millones de horas extraordinarias ilegales cada semana; mĂĄs de un millĂłn de asalariados realizaron jornadas de trabajo que excedĂ­an de los lĂ­mites legales. De haberse convertido esas horas extraordinarias en puestos de trabajo se habrĂ­an creado 235.000 empleos con la consiguiente reducciĂłn del desempleo y aumento de ingresos a la Seguridad Social. La mala gestiĂłn del Gobierno del PP y la precariedad y los bajos salarios son las verdaderas causas del dĂŠficit de la Seguridad Social, que ha pasado de un mĂ­nimo de 1.063 millones en 2011 a 18.800 millones de dĂŠficit en 2017 a lo que hay que aĂąadir el vaciado del fondo de reserva y el endeudamiento de la Seguridad Social.

Uno de los objetivos centrales de la reforma laboral era la devaluación que ha provocado la caída de las rentas de los trabajadores y sus familias, como efecto de la desregulación y de la debilidad producidas a la negociación colectiva. El Índice de Precios de Trabajo (IPT) acumula una caída real de los salarios del conjunto de los trabajadores del 8,6%. La precariedad y los bajos salarios, junto con las políticas de recortes de los servicios públicos y de la protección social, han supuesto un incremento de las desigualdades y de la pobreza: el 27,9% de la población está en riesgo de exclusión social y el 14,1% de los trabajadores ocupados sufren la pobreza. La tasa de cobertura se ha reducido más del 20%, hay más de 1,6 millones de personas desempleadas sin protección. Según la Fundación Foessa de Cáritas la pobreza entre los parados alcanza el 44,8%.

Este diagnĂłstico sobre la situaciĂłn laboral existente en el modelo espaĂąol de relaciones laborales es la consecuencia de las polĂ­ticas basadas en la desregulaciĂłn y la precariedad laboral, que han generalizado la figura del precariado y el trabajador pobre como consecuencia de los bajos salarios. Por ello, es necesaria la puesta en marcha de forma urgente de medidas que se orienten hacia el necesario cambio de rumbo en las polĂ­ticas laborales y sociales desarrolladas en nuestro paĂ­s desde la reforma laboral de 2012.

Dentro de esa nueva orientaciĂłn se inscribe el Plan Director por un Trabajo Digno, aprobado por el Consejo de Ministros del 27 de julio. El Plan Director se configura en un conjunto de medidas integradas e integrales para garantizar el respeto a los derechos de las trabajadoras y trabajadores mediante el cumplimiento y la correcta aplicaciĂłn de nuestra legislaciĂłn sociolaboral y de los convenios colectivos de trabajo.

Persigue poner en marcha polĂ­ticas e instrumentos para erradicar la explotaciĂłn laboral, con la implicaciĂłn y coordinaciĂłn del conjunto de las administraciones pĂşblicas, la participaciĂłn de los sindicatos y patronales a travĂŠs del diĂĄlogo social y de otras partes interesadas. Este mismo verano se pondrĂĄn en marcha planes de choque contra los fraudes de la temporalidad injustificada y la parcialidad abusiva.

El Plan Director es una apuesta clara y decidida por el empleo de calidad, igualitario y con derechos. Pretende, entre otros objetivos, poner fin a la temporalidad y la parcialidad abusivas; los falsos autĂłnomos y la utilizaciĂłn de ficticias cooperativas de trabajo asociado; los excesos de jornada y las horas extraordinarias ilegales; las discriminaciones por razones de gĂŠnero, edad, raza, etc.; la explotaciĂłn de los jĂłvenes bajo la figura de los becarios; potenciar la prevenciĂłn de riesgos laborales; controlar el cumplimiento de los derechos de libertad sindical y negociaciĂłn colectiva y combatir el fraude laboral y la economĂ­a sumergida.

Para ello, se prevĂŠ mejorar los medios tĂŠcnicos y aumentar los efectivos de la InspecciĂłn de Trabajo y de la Seguridad Social (ITSS) para implementar las acciones de inspecciĂłn y control derivadas en este Plan Director, contando con la necesaria cooperaciĂłn de las Comunidades AutĂłnomas sobre la base de sus propias competencias en las materias sociolaborales. TambiĂŠn se propone una FiscalĂ­a especializada en delitos contra los derechos de los trabajadores y la Seguridad Social y establecer un convenio entre la ITSS y la FiscalĂ­a General del Estado para luchar contra la precariedad.

Este Plan Director comporta tambiĂŠn iniciativas de carĂĄcter normativo para revertir las medidas lesivas de la reforma laboral, mediante el diĂĄlogo polĂ­tico, como las siguientes Proposiciones de Ley: para mejorar la protecciĂłn de los trabajadores de las contratas y subcontratas (artĂ­culo 42.1 del Estatuto de los Trabajadores); fijar la obligaciĂłn del registro de los horarios (artĂ­culo 34 del ET); garantizar la igualdad de trato y oportunidades entre hombres y mujeres en materia retributiva y tambiĂŠn en el empleo y la ocupaciĂłn.

A su vez, establece el compromiso de desarrollar a travĂŠs del diĂĄlogo social tripartito aquellas materias que han acordado UGT, CCOO, CEOE y CEPYME en el IV Acuerdo para el Empleo y la NegociaciĂłn Colectiva. El Gobierno tiene la voluntad de proponer para su discusiĂłn la modificaciĂłn de diferentes aspectos de la reforma laboral de 2012, como la negociaciĂłn colectiva o sobre la inestabilidad y precariedad de la contrataciĂłn laboral.

El nuevo rumbo de las polĂ­ticas laborales necesita un cambio del modelo econĂłmico y social; potenciar un crecimiento econĂłmico sostenible y justo que desarrolle polĂ­ticas redistributivas, potencie los servicios pĂşblicos y la protecciĂłn social y que impulse el trabajo digno, con buenos empleo y salarios decentes.