El aumento de los incendios, las inundaciones, las DANAs, las olas de calor y otros fenómenos extremos están haciendo habitual lo que hasta hace poco considerábamos excepcional. Esto, obliga a asumir que las emergencias forman ya parte de los riesgos ante los que debemos estar preparados para responder.
Esa preparación exige servicios de emergencia adecuados, medios materiales, sistemas de alerta y administraciones capaces de coordinarse y cumplir su labor, no como sucedió con Mazón en Valencia. Pero también necesita de una población informada y preparada, que sepa cómo actuar cuando se produce una situación de riesgo.
Se repite mucho, pero algunas Comunidades Autónomas y ayuntamientos siguen sin asumirlo, con sus políticas negacionistas del cambio climático. La protección civil no puede comenzar cuando aparecen las llamas, llega una inundación o se recibe una alerta en el teléfono móvil. Empieza mucho antes, con prevención, planificación, información y formación.
La gente es cada vez más consciente del riesgo. El 80,5 por ciento de los españoles cree que el número de incendios forestales aumentará durante los próximos años, según los datos de la encuesta Protección civil IV del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). 10,8 puntos porcentuales más que el año pasado cuando lo creía el 69,7 por ciento.
Aun así, todavía hay bastante diferencia entre percibirlo y saber cómo actuar. Solo un 35,2 por ciento afirma que tiene un conocimiento alto o muy alto acerca de cómo debe comportarse en un incendio forestal. Frente a un 53,2 por ciento que reconoce tener conocimientos bajos (35,1 %), muy bajos (8,2 %) o nulos (9,9 %). Si analizamos los datos del CIS con más detalle:
- Hay una gran diferencia entre hombres y mujeres en el conocimiento autopercibido. Un 42,3 por ciento de los hombres dice tener un conocimiento alto o muy alto sobre cómo comportarse ante un incendio, mientras entre las mujeres baja al 28,5 por ciento. Y en sentido contrario, el 59,9 por ciento de las mujeres dice tener conocimientos bajos, muy bajos o nulos, frente al 46,1 por ciento de los hombres.
- También hay diferencias según el lugar donde se vive. En los municipios de entre 2.001 y 10.000 habitantes, un 44,7 por ciento dice tener conocimientos altos o muy altos sobre cómo actuar. En los municipios de hasta 2.000 habitantes el porcentaje es del 42,3 por ciento. En cambio, entre los habitantes de municipios de 100.001 a 400.000 personas desciende hasta el 31,2 por ciento, y en las ciudades de más de un millón se sitúa en el 33 por ciento.
Otra cuestión que se ve con claridad en los datos de la encuesta es que la mayoría de las personas cree que la prevención es la parte más importante en la gestión de los incendios. Concretamente, el 58,5 por ciento dice que la prevención debe tener más peso, mientras que solo un 0,6 por ciento piensa que la extinción es más importante. Por otro lado, un 40,7 por ciento señala que ambas actuaciones, prevención y extinción, son igual de importantes.
Resultan significativas las diferencias que existen por edad. El 66,1 por ciento de las personas de 65 a 74 años y el 68,8 por ciento de las de 75 y más años creen que la prevención es más importante que la extinción. Mientras en los jóvenes de 18 a 24 años, el porcentaje se sitúa en el 43,1 por ciento. Aunque un 56,9 por ciento de ellos señalan por igual la importancia de la prevención y la extinción.
La demanda de formación también es necesario destacarla y es prácticamente transversal. El 89,4 por ciento considera muy o bastante necesario aumentar la formación de la población para reducir el riesgo y atajar mejor los incendios. Entre las mujeres alcanza el 91,9 por ciento y entre los hombres el 86,7 por ciento. Solo un 9,4 por ciento de la gente cree que es poco o nada necesario aumentar la formación.
Llegados a este punto, parece evidente que no se puede pedir a una persona que sepa cómo actuar bien en una emergencia si antes nadie le ha explicado qué debe hacer.
Hay que volver a repetirlo una y otra vez para que por fin se haga. Una sociedad preparada necesita ciudadanos informados y formados, pero también administraciones coordinadas, profesionales suficientes, formados y con condiciones laborales y salariales adecuadas para desarrollar su trabajo, medios materiales apropiados, sistemas de alerta eficaces y una buena gestión de nuestros montes y territorios.
Los datos de la encuesta del CIS apuntan en una dirección inequívoca. La protección civil debe centrarse cada vez más en la prevención y en la preparación de la ciudadanía, y no limitarse a actuar cuando la catástrofe ya se ha producido.
Para conseguirlo, la cultura de protección civil debería empezar en los colegios, continuar en los municipios y llegar también a los hogares mediante información, formación y simulacros. Igual que hemos aprendido unas normas básicas de seguridad vial, deberíamos conocer también cómo actuar ante incendios, inundaciones y otras situaciones de emergencia.
Una cosa es saber que existe un riesgo y otra muy distinta estar preparado para enfrentarse a él. Los españoles son cada vez más conscientes de lo primero. Ahora el reto es avanzar mucho más en lo segundo.


