La promulgaciĂłn de leyes de memoria democrática constituye un deber moral para aquellas sociedades que han conquistado la democracia tras sufrir regĂmenes dictatoriales. Se trata de una obligaciĂłn Ă©tica ineludible para valorar debidamente lo conquistado, para evitar el olvido y para neutralizar los intentos de reversiĂłn.
En el caso de España, además, el sufrimiento por la represión franquista es lo suficientemente reciente y dramático como para convertir esta iniciativa legal en un imperativo a compartir por todos los demócratas sin excepción. La ley de la Memoria Democrática constituye una buena oportunidad para reafirmar los principios constitucionales y afianzar la convivencia democrática.
Por eso resultan difĂciles de entender las falsas polĂ©micas con que algunos grupos polĂticos han recibido el proyecto del Gobierno que, desde el primer momento, ha estado abierto a las aportaciones de quienes han tenido la voluntad de mejorarlo.
Porque no es cierto que el proyecto de ley reniegue de la TransiciĂłn Democrática. Todo lo contrario. Quienes dicen tal cosa reconocen de facto no haber leĂdo ni tan siquiera el primer párrafo de la exposiciĂłn de motivos.
Tampoco es cierto que el proyecto reconozca la impunidad de los crĂmenes del franquismo, como aseguran otros. Antes al contrario, la propuesta del Gobierno subraya el carácter imprescribible y no amnistiable de los delitos de lesa humanidad en España, en aplicaciĂłn del Derecho Internacional Humanitario suscrito por nuestro paĂs.
El proyecto de Ley de Memoria Democrática tiene vocaciĂłn de unir y cohesionar a los demĂłcratas, no de dividir y confrontar a las formaciones polĂticas que les representan.
Tres son los grandes propósitos del proyecto. Celebrar la democracia que abrió la Constitución de 1978, como el periodo más brillante de nuestra historia contemporánea. Preservar, reconocer, dignificar y reparar la memoria de quienes sufrieron represión por defender los principios democráticos. Y garantizar que la sociedad española no vuelve a cometer los errores de nuestro pasado más trágico.
Todo lo demás puede hablarse, tratarse y acordarse. Porque la Ley de Memoria ha de ser la ley de todos los demócratas.
La ley vigente de memoria histĂłrica data del año 2007, fue impulsada por otro gobierno socialista, el de Zapatero, y en su dĂa constituyĂł un avance sustancial para las reivindicaciones memorialistas. Pero en el año 2011 llegĂł el gobierno del PP y la aplicaciĂłn de la ley se frenĂł en seco.
Desde entonces se han producido modificaciones sustanciales en la regulación internacional de la protección de los derechos humanos, que implican la necesidad de una ley actualizada en España.
El proyecto de Ley de Memoria Democrática que se tramita en el Congreso introduce novedades de gran interĂ©s y alcance. Declara el carácter nulo de todas las condenas y sanciones producidas durante la dictadura por razones polĂticas. Regula un Censo Estatal de VĂctimas. Reconoce especialmente el papel activo de las mujeres en la lucha por la democracia.
La ley establece la competencia estatal en la bĂşsqueda y exhumaciĂłn respetuosa de las personas desaparecidas. Crea el Banco Estatal de ADN de VĂctimas para auxiliar a la ciudadanĂa en bĂşsqueda de sus familiares. Regula el acceso gratuito a los fondos y archivos pĂşblicos y privados, y crea un censo de fondos documentales para la Memoria Democrática.
Se configura tambiĂ©n el Fiscal de Sala para la investigaciĂłn de los hechos que constituyan violaciones de los derechos humanos y del Derecho Internacional Humanitario. Plantea una auditorĂa pĂşblica para identificar daños y bienes expoliados que aĂşn no hayan sido objeto de reconocimiento y reparaciĂłn. Regula la adquisiciĂłn de la nacionalidad española para los nacidos fuera de España de padres o madres exiliados, asĂ como para los descendientes de los brigadistas comprometidos con la democracia en nuestro paĂs.
Establece medidas para retirar sĂmbolos que ofendan la dignidad de las vĂctimas. Revoca tĂtulos y distinciones otorgadas por la dictadura. Promueve la Memoria Democrática en los ámbitos educativos y en la formaciĂłn del profesorado. Resignifica el Valle “de Cuelgamuros” y extingue la FundaciĂłn de la Santa Cruz, asĂ como todas las fundaciones que se dedican a la apologĂa del franquismo…
Estos son los contenidos reales del proyecto de Ley de Memoria Democrática registrado por el Gobierno en las Cortes, asà como de las enmiendas presentadas por los grupos que le apoyan. A partir de ahà han surgido varias controversias indeseables, porque no se atienen a la verdad de lo propuesto o porque conllevan una evidente intención aviesa.
Se dice que el proyecto “rompe” con la TransiciĂłn Democrática, y es radicalmente falso. Todo lo contrario. El texto reivindica la TransiciĂłn, la ConstituciĂłn de 1978 y la Ley de AmnistĂa de 1977, que forma parte indeleble de aquel proceso que alumbrĂł nuestro vigente sistema de derechos y libertades.
Se asegura, por otra parte, que la propuesta “consolida” la impunidad de los crĂmenes del franquismo, cuando en realidad los denuncia, los repudia y subraya la vigencia en nuestro ordenamiento jurĂdico del Derecho Internacional que declara imprescribibles los delitos de guerra, de genocidio, de lesa humanidad y de torturas.
Algunos denuncian que no se plantea la obligaciĂłn de reparar daños y bienes incautados, cuando la propuesta incluye literalmente “medidas de reparaciĂłn de carácter econĂłmico dirigidas a las vĂctimas de la guerra y la dictadura” que, lĂłgicamente, habrá que auditar y concretar.
Vayamos a la Ley de AmnistĂa. Hay quienes plantean reformar esta ley clave en nuestra TransiciĂłn a la democracia para suprimir ahora, más de cuarenta años despuĂ©s, los apartados e) y f) de su artĂculo segundo. Estos apartados declaran “comprendidos en la amnistĂa” los delitos y faltas que pudieran haber cometido “las autoridades, funcionarios y agentes del orden pĂşblico”.
Pero, ÂżquĂ© se pretende en realidad con esta derogaciĂłn parcial de la Ley de AmnistĂa? Si, como dicen algunos, el propĂłsito es la condena por esta vĂa a “los jerarcas del franquismo que quedan vivos”, se incurre en un grave error. El artĂculo 9.3 de la ConstituciĂłn garantiza “la irretroactividad de las disposiciones sancionadoras no favorables o restrictivas de derechos individuales”, por lo que cualquier reforma legal que entre en vigor en el año 2021 o 2022 serĂa inaplicable en el sentido que se pretende.
Si, como interpretan otros, lo que se pretende en realidad es denostar por esta vĂa la TransiciĂłn Democrática española y lo que llaman “el rĂ©gimen del 78”, no nos parece justo ni aceptable. La sociedad española en su conjunto, y muchos militantes de izquierda en particular, hubieron de luchar duro, con mucho sacrificio, para conquistar ese “rĂ©gimen” que hoy asegura nuestros derechos y nuestras libertades. No vamos a poner en cuestiĂłn esa lucha digna, aquellos terribles sacrificios, y su fruto legĂtimo en la ConstituciĂłn que ampara nuestra democracia.
El proyecto de Ley de Memoria Democrática bebe directamente del Derecho Internacional Humanitario y sus principios rectores de verdad, justicia, reparación y deber de no repetición. Y no existe razón alguna que pueda explicarse para oponerse a su tramitación, mejora y aprobación definitiva.
Nada se espera a este respecto de parte de la ultraderecha nostálgica de la dictadura, como es lógico. Esta ley va directamente contra sus intereses.
SĂ cabe esperar mucho más de la derecha democrática, sin embargo. La derecha democrática fue partĂcipe de la TransiciĂłn y de la ConstituciĂłn del 78, si bien no votaron la Ley de AmnistĂa y buena parte del texto constitucional que hoy intentan patrimonializar incluso.
No hay razón para que el PP no se sume, como hace la derecha alemana, francesa o italiana, a los esfuerzos por condenar los totalitarismos y afianzar los valores democráticos; con una buena Ley de Memoria, a la manera en que se hace en toda Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Y, desde luego, resulta imprescindible la colaboraciĂłn activa de las formaciones progresistas para completar y mejorar la propuesta registrada por el Gobierno, y enmendada ya por los grupos que le apoyan en el Congreso. AhĂ les esperamos.
La memoria no es solo un derecho en toda sociedad libre, sino un deber inexcusable para no acabar perdiendo esa libertad.
