Una de las incógnitas de la campaña electoral en España es si, de ganar, como indican algunas encuestas, el PP tendría que gobernar con VOX, a dónde estaría dispuesto a llegar para conseguirlo y qué líneas rojas interpondría. Los acuerdos de gobierno autonómicos nos brindan muchas pistas. Pero ¿son replicables a escala nacional?
Durante mucho tiempo, la derecha conservadora y liberal (autodenominada centrista, por oportunismo sociológico y electoral) proclamaba que se atenía a un “cordón sanitario” para evitar el acceso de la extrema derecha a los ejecutivos nacionales.
Con el paso del tiempo, ese “cordón” se ha convertido en gasa traspasable, que ha permitido excepciones en forma de fórmulas flexibles: colaboración exterior, pactos legislativos, acuerdos parciales sobre aspectos programáticos, etc.
LA ULTRADERECHA YA TOCA PODER
A día de hoy, digan lo que digan los dirigentes de la derecha en sus proclamas solemnes, la incorporación de la ultraderecha en los gobiernos es un hecho creciente que a casi nadie escandaliza. En el estudio se han tenido en cuenta a los partidos de ideología o con programas de extrema derecha en Europa. Conviene señalar a quienes se tiene por tales. Se trata de los partidos adscritos a los tres bloques del Parlamento Europeo que se reclaman de esas doctrinas (1):
– Conservadores y Reformistas Europeos. Liderados por el partido neofascista de Meloni, los Fratelli d’Italia. Los otros miembros más influyentes son el PiS polaco, de orientación ultranacionalista conservadora, y la Nueva Alianza Flamenca (NVA) belga, nacionalistas con veleidades separatistas. Tiene pujanza creciente la Alianza para la Unión de los Rumanos (AUR). Del norte de Europa se unen los Demócratas suecos y el Partido finés (antes Verdaderos finlandeses). Los países bálticos aportan a los influyentes Agrupación Polaca y Campesinos verdes, de Lituania; y los nacionalistas de Alianza Nacional y Lista Unida, de Letonia. Se suman también Solución Griega y los otrora relevantes populistas búlgaros de Esta Gente. El resto son pequeños grupúsculos de importancia desigual, procedentes de Dinamarca (Demócratas daneses), Croacia (Movimiento por la Patria) y España (Se acabó la fiesta).
– Patriotas. El más numeroso e influyente. Reúne al Reagrupamiento Nacional, (RN), liderado por Marina le Pen; los nacionalistas libertarios holandeses, los nacionalistas secesionistas belgas de Vlaas Belang; la Lega Norte italiana; la Chega portuguesa; Foni Logikis, de Grecia; los nacionalistas-conservadoras daneses del Folke Partei; los nacionalistas xenófobos austriacos del FPÖ; el FIDESZ húngaro de Viktor Orbán; los populistas derechistas de ANO, en Chequia; los nacionalistas letones de Letonia Primero; y Vox, en España.
– Europa de las Naciones Soberanas. Es el grupo ultraderechista más radical. Está comandado por la pujante Alternativa por Alemania (AfD), el “partido de moda”, por sus recientes éxitos en los länder orientales. También tiene peso nacional notable el partido checo Libertad y Democracia Directa (SPD), que forma parte del gobierno del populista Babis. Los demás son marginales en sus países: Repúblika (Eslovaquia), Reconquéte (Francia), Nowa Nadzieja (Polonia), Revival (Bulgaria), Mi Hazánk (Hungría) y Suvereniu Tautu (Lituania).
En el mapa inferior se señalan los países donde gobierna de una u otra forman partidos de extrema derecha y la importancia que tienen. Se han incluido también países externos a la Unión Europea.
Los paises coloreados por completo en negro son aquellos en los que esos partidos detentan el papel predominante y, en consecuencia, la jefatura del Ejecutivo. Se trata de Italia, Bélgica y de la República Checa.
En Italia, preside el Consejo de Ministros la neofascista Giorgia Meloni. Aunque a lo largo de estos años ha ido moderando su lenguaje, nunca ha abjurado de sus orígenes leales al legado de Mussolini. Su estilo pragmático le ha permitido granjearse ciertas simpatías en el Partido Popular Europeo. No en vano, en su coalición gobernante participan no sólo la Lega Norte (aliada de Le Pen en Bruselas), sino también Forza Italia del desaparecido Berlusconi, que es miembro del PP europeo. No obstante, la irrupción del exgeneral Vanacci, al frente de otra formación de ultraderecha, Futuro Nazionale (con casi un 9% de intención de voto en las encuestas), le ha obligado a radicalizar puntualmente algunos de sus discursos (2).
En Bélgica, los nacionalistas de la Nueva Alianza Flamenca fueron los más votados en las elecciones de hace dos años, pero tras varios intentos fallidos, consiguieron un pacto de gobierno con algunos partidos del consenso centrista (liberales y socialcristianos francófonos o valones; y socialistas y cristiano-demócratas flamencos). Se trata de una especie de gran coalición con no pocas tensiones, pero de momento estable, para los estándares belgas.
En Chequia, el Gobierno está presidido por el populista ultraconservador Andrej Bubis, apoyado por otras dos fuerzas de similar orientación: los nacionalistas fascistoides de Libertad y Democracia Directa (SPD), miembros del Grupo Soberanista del PE, el más radical de la ultraderecha; y los Automovilistas, populistas de extrema derecha y socios de Vox en Estrasburgo.
Además, en el mapa están señalizados con un círculo negro los países donde los ultraderechistas no controlan o encabezan el gobierno, pero forman parte de él:
- En Finlandia, el Partido de los Fineses (anteriormente, Verdaderos finlandeses), soporte de la Coalición Nacional, adscrita al PP europeo.
- en Croacia, el Movimiento por la Patria un pequeño grupo ultraconservador y nacionalista, que proporciona a los nacionalistas conservadores de HDZ (el partido nacionalista histórico de Franjo Tudjman, afiliado al PP europeo) los diputados necesarios para alcanzar la mayoría absoluta).
- en Eslovaquia, el Partido Nacionalista eslovaco (SNS), con tendencias filofascistas, constituye un apoyo imprescindible del gobierno de los exsocialistas de Robert Fico.
- en Lituania, la Agrupación de Electores polacos (LLRA) y la Alianza de Familias Cristianas (KSS), junto a los agraristas de la Unión de Campesinos y Verdes (LVZS).
En el mapa se ha incluido tambien a Serbia, que no está en la UE ni parece que vaya a acceder en mucho tiempo. El país es un feudo del Partido Progresista (SNS), liderado por el ultranacionalista Alexander Vucic, cercano a Putin y a otras formaciones de ultraderecha europeas y camarada de trapicheos en los negocios de la familia Trump.
Más allá de los puestos gubernamentales conquistados, la creciente importancia e influencia de la extrema derecha en Europa reside en la adopción de algunos de los capítulos de sus programas por los ejecutivos, participen en ellos o no. La derechización se ha consumado no sólo en Italia, Bélgica, Chequia, Finlandia, Eslovaquia o Lituania. Los partidos del PP europeo han asumido discursos y medidas de la ultraderecha en inmigración, identidad, derechos sociales y culturales, seguridad y otros asuntos en Austria, Alemania, Suecia y Portugal. Este empuje ultra también ha alcanzado a los partidos liberales que gobiernan en Francia, Paises Bajos, Polonia y Letonia (3).
LA TENTACIÓN ALCANZA AL CENTRO-IZQUIERDA
Incluso ha contaminado a los ejecutivos liderados por los socialdemócratas. El caso más claro es el de Dinamarca, con la primera ministra Frederiksen como estandarte de una política de inmigración dura y críticas severas a su correligionario Pedro Sánchez por la política de regularización en España.
Lo mismo se apunta en Bulgaria, donde ha triunfado una opción difusa de centro izquierda nacionalista. En Lituania, no han tenido problemas para apoyarse en la minoría de origen polaco y en los agraristas, aliados de Meloni en el Parlamento Europeo, para asegurarse la jefatura del gobierno.En Eslovaquia, los socialistas históricos, herederos del viejo partido comunista, han asumido un discurso tan nacionalista y xenófobo que les valió la expulsión del Grupo europeo. No han tenido problema alguno en compartir gobierno con los ultras del Partido Nación y Libertad (SNS). Con todo, esta cooperación es más programática y oportunista que estratégica.
Las derechas, en cambio, evidencia una proximidad programática cada vez mayor con la ultraderecha. Esquivan matices ideológicos o de discurso. Las fuerzas socio-económicas que las apoyan, financian y utilizan sienten que los riesgos para su estrategia de conquista del poder no provienen de un centro-izquierda en crisis, sino de las movilizaciones sociales impulsadas o apoyadas desde sectores más críticos.
LAS REVUELTAS JUVENILES
Las protestas estudiantiles y juveniles en Francia, Bélgica, España y Portugal, aunque de características distintas y alcance diverso, constituyen la la expresión más sonora de ese descontento social, ante una ultraderecha crecida y la falta de respuestas eficaces de los partidos tradicionales de gobierno.
En Francia, la protesta ha virado a revuelta con ribetes violentos. Aún es pronto para saber si los disturbios, saqueos de tres mil negocios y enfrentamientos con la policía responde a una estrategia programada (y por quién) o a una radicalización provocada por la frustración y desesperación de sectores sociales marginados.
El gobierno liberal-conservador francés ha asumido los errores de cálculo en el “insuficiente despliegue policial”. Pero también se ha apresurado a acusar, sin pruebas, a la izquierda crítica (La Francia Insumisa) de alentar a “redes en la sombra” afines, y de justificar esta deriva radical, con fines electoralistas.
Sin embargo, la orgía de violencia, destrozos y exhibición de vandalismo del pasado sábado benefician a las derechas. Si bien el partido ultra de Marine Le Pen ha hecho gala de sus habituales alardes de llamada al orden, la autoridad y la sacralización de la Policía, los macronistas han reactivado su discurso de moderación frente a lo que su líder, el Presidente de la República, denominó la “amenaza de los dos extremos” (de derecha e izquierda).
Esta estrategia política parece la última baza del centro-derecha para impedir que en las elecciones presidenciales de mayo pasen a la segunda vuelta el Reagrupamiento Nacional y La Francia Insumisa, que hoy son los favoritos (4).
Con medidas fuertes, como el toque de queda, la detención de casi tres mil personas y un endurecimiento del despliegue policial, el Gobierno de París quiere convencer a las clases medias de que puede garantizar el orden. Pero esta semana han ido más lejos: algunos de sus líderes han dejado caer la posibilidad de ilegalizar a La France Insumisa (5). Este orden de combate de las derechas ha incomodado a socialistas y ecologistas, alejados ahora de los insumisos. Olivier Faure (PSF) dijo que se puede cuestionar a LFI, pero “en una democracia no se manipula la verdad para eliminar a un oponente”.
La tensa política francesa, el probable reforzamiento de la extrema derecha en Italia y la perspectiva de un acuerdo de gobierno estatal entre el PP y Vox en España acreditan que las derechas europeas han entrado en una fase de turbidez.
(2) “Rise of far-right leader Roberto Vannacci challenges Meloni as she celebrates Italian milestone”. ANGEL GIUFFRIDA. THE GUARDIAN, 3 de septiembre.
(3) “Gobiernos europeos: partidos, coaliciones, primeros ministros”. CIDOB, 29 de junio y actualizaciones posteriores.
(4) “Manifestations du 17 octobre: entre LFI et le gouvernement, un face-à-face de plus en plus virulent qui resserre les rangs à gauche”. LE MONDE, 21 de octubre.
(5) “Gérard Larcher: «La France a été prise en flagrant délit de faiblesse»”. LE FIGARO, 19 de octubre.

