El 27 de marzo de 1958, en la sede de las Naciones Unidas y con motivo del décimo aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, Eleanor Roosevelt ofreció un discurso titulado The Great Question (La gran pregunta). En él, planteó una reflexión que sigue vigente: “¿Dónde comienzan, después de todo, los derechos humanos universales?” Y respondía: “En lugares pequeños, cerca de casa… tan cercanos y tan pequeños que no pueden verse en ningún mapa del mundo”.
Eleanor Roosevelt sabía bien de qué hablaba. Había presidido la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas que impulsó la elaboración de aquella Declaración. Pero diez años después centraba su mirada en la realización de esos derechos en la vida cotidiana, porque creía que “a menos que estos derechos tengan significado allí, tienen poco significado en cualquier otro lugar.”
La reflexión no terminó ahí, y dijo: “sin una acción concertada de los ciudadanos para defender estos derechos cerca de casa, buscaremos en vano el progreso en el mundo.” Qué gran verdad.
Los derechos humanos se construyen en el barrio en el que vivimos, en la escuela o en la universidad a la que vamos, en el lugar donde trabajamos. Es ahí, donde cada persona busca igualdad de oportunidades, igualdad ante la justicia, y vivir con dignidad libre de cualquier discriminación.
Hay que recordar esto todos los días, porque una cosa es tener reconocido un derecho y otra poder ejercerlo realmente. Más aún en momentos como los actuales donde las elites utilizan todas sus armas, y especialmente las redes sociales, para criminalizar a los ciudadanos que quieren hacer realidad sus derechos en su vida cotidiana.
La historia nos demuestra que los derechos no son conquistas que puedan darse por terminadas. Hay que respetarlos, sostenerlos, preservarlos, defenderlos, mantenerlos en pie.
Veinte años después de aquellas palabras, España aprobó la Constitución de 1978. Con ella llegó la democracia y un amplio reconocimiento de derechos y libertades. Pero esa Constitución no se conformó con proclamar una igualdad meramente formal. El artículo 9.2 estableció que “corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.”
Si, la Constitución dice que la libertad y la igualdad sean “reales y efectivas”. Dice “remover los obstáculos” que lo dificulten o impidan. Y dice “facilitar la participación” de todos los ciudadanos.
Ese compromiso con una igualdad real se concreta en dos pilares esenciales del Estado del bienestar, como son la educación y la sanidad. El artículo 27 señala que “todos tienen el derecho a la educación” y los poderes públicos tienen que garantizar ese derecho. Y el artículo 43 reconoce el derecho a la protección de la salud.
Casi medio siglo después de la aprobación de la Constitución, ¿creen los españoles que esas oportunidades son de verdad iguales para todos? Los datos de las encuestas Actitudes hacia el Estado de bienestar realizadas en 2024 y 2026 por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) muestran una realidad que invita primero a pensar un poco y después a actuar.
Ante la pregunta ¿Cree Ud. que en España todas las personas tienen las mismas oportunidades para acceder a los servicios públicos, como por ejemplo la educación y la sanidad, o cree que no todas las personas tienen las mismas oportunidades para acceder a dichos servicios? Más de la mitad de los españoles creen que no. Concretamente un 51,5 por ciento en 2024 y un 52,6 por ciento en 2026, lo que significa que el porcentaje de los que no lo creen está aumentando.
Que a lo largo del tiempo más de la mitad de los españoles crea que las oportunidades de acceso a servicios públicos esenciales no son iguales para todos, es algo muy preocupante.
España cuenta con un amplio sistema público de educación, sanidad, pensiones y protección social, y con una Constitución que exige que la libertad y la igualdad sean “reales y efectivas”. Sin embargo, no todos viven ni perciben el Estado del bienestar de la misma manera.
Los derechos pueden conquistarse en un momento histórico determinado. Pero lo decisivo es hacerlos realidad en la vida diaria. Por eso hay que respetarlos, sostenerlos, preservarlos, defenderlos, y mantenerlos en pie.
Recuérdalo. Los derechos empiezan cerca de casa, en los barrios. En el colegio al que van nuestros hijos. En el centro de salud o cultural al que acudimos. En el barrio en el que envejecemos. En las oportunidades disponibles para que los jóvenes puedan empezar su propia trayectoria vital. En la posibilidad de que dos personas, independientemente de cuánto dinero tengan o del lugar en el que vivan, puedan ejercer realmente un derecho que les pertenece.
Recuérdalo. Como dijo Eleanor Roosevelt, “a menos que estos derechos tengan significado allí, tienen poco significado en cualquier otro lugar.”
Recuérdalo. “Sin una acción concertada de los ciudadanos para defender estos derechos cerca de casa, buscaremos en vano el progreso en el mundo.”

