REPARTIR EL TIEMPO Y COMPARTIR LA VIDA

Eva Sotomayor

Revista Temas 305-306 – Reformas institucionales después de la crisis – Mayo-junio 2020, pg. 14-18

 

A principios de marzo de 2019, si se me hubiera pedido un deseo más allá del trabajo, la salud y el amor, hubiera pedido tiempo; tener tiempo, que el día tuviera 48 horas, que me diera tiempo a hacer todo lo que quiero y deseo y no puedo porque se colapsan las obligaciones diarias. Tener tiempo para mis hijos, para escribir aquel libro planificado, tiempo para los amigos, tiempo de leer, de viajar, de ver aquella película, de dormir un poco más, de hacer deporte, de mejorar el idioma, tiempo de reflexión, de sanación, de crecimiento personal. Estoy segura de que no soy la única. A mediados de marzo de 2020, España en estado de alarma, pandemia mundial, inicios del distanciamiento social y confinamiento, el deseo de tiempo cambiaba de matiz. Resignados y conscientes de la excepcionalidad, los días venideros se dibujaban en nuestra imaginación como cajas vacías desprovistas de quehaceres, y nos aplicamos en planificar ese tiempo amargamente gozoso, recopilando libros, películas, juegos de mesa, videoconferencias con la familia.

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