El aĂąo 2018 se presentĂł inmejorable para la defensa de los derechos de la mujer.

Se iniciĂł con el MeeToo, y continuĂł con una larga serie de manifestaciones descubriendo el silencio que muchas mujeres habĂ­an sufrido, y culminĂł con un exitoso 8 de marzo, que fue mucho mĂĄs que una manifestaciĂłn, y que EspaĂąa vio cĂłmo sus calles se llenaban de mujeres y hombres, chicas y chicos, que pacĂ­ficamente y de forma multitudinaria mandaban un mensaje feminista al mundo.

Las mujeres veĂ­amos con optimismo con el siglo XXI era, definitivamente, el siglo de la igualdad de los derechos entre hombres y mujeres. Igualdad, ni mĂĄs ni menos. Algo tan simple pero tan complejo.

Pero la alegría ha durado poco, aunque no la resistencia que sigue en la calle y que se moviliza ante las numerosas agresiones que provienen de los ultraconservadores. Desde Trump y su recalcitrante machismo, siguiendo con Bolsonaro y su ministra evangelista que reza para que “las niñas vistan de rosa y los niños de azul”, afirmaciones que despiertan la carcajada si no fueran porque van en serio, para terminar en la ofensiva más preocupante que supone Vox.

Se analiza que el voto a Vox es una consecuencia de la situación de miedo, de incertidumbre, de inseguridad que la ciudadanía vive. Seguramente. Pero, por otro lado, el votante de Vox no se preocupa de temas como la sanidad o la educación, ya que eso no parece prioritario en el programa de Vox. Sino que el voto se nuclea en torno a sentimientos exaltados y extremos: España versus Cataluña, españoles contra inmigrantes, y, por supuesto, hombres contra mujeres. Cataluña, “el moro” y las “feminazis” somos el mayor problema que tiene España.

ÂżDe verdad que enfrentarse de forma visceral a que las mujeres tengamos los mismos derechos que los hombres solucionarĂĄ el problema de EspaĂąa? Es evidente que no, y que a Vox no le importa saber cĂłmo solucionar la desigualdad o la precariedad laboral, pues de esos temas ni se habla.

Lo que sí está haciendo es, en primer lugar, exaltar ánimos, mostrar fortaleza y chulería, ser absolutamente incorrectos y maleducados, y manejar datos falsos en las redes para crear un estado social de peligrosidad, de odio, de enfrentamiento. En segundo lugar, está creando una franja entre ellos, como de pura raza, y el resto (incluido Ciudadanos y PP) como los “políticamente correctos” y, por tanto, parte de un sistema acabado o deteriorado. En tercer lugar, está despertando a la bestia que nunca desapareció, pero estaba aletargada.

Quien lo tiene mĂĄs complicado en esta situaciĂłn es Ciudadanos que hace tiempo que abandonĂł su papel de liberal centrista, de partido moderno y regenerador, para atrincherarse en un lateral del parlamento, y ahora coquetear un noviazgo con Vox. Su dilema reside en que aceptar ir con Vox para conseguir parte del pellizco de AndalucĂ­a, dĂĄndole ademĂĄs un inmerecido balĂłn de oxĂ­geno al PP, supone dejar de ser un interlocutor vĂĄlido en Europa.

El PP, aunque no quiera admitirlo, ha despertado de nuevo las dos caras del partido. Rajoy y su equipo han sido laminados, apartados y renegados por Casado, pero ÂżestĂĄn dispuestos aquellos que confiaron en Rajoy y gobernaron con ĂŠl en EspaĂąa a permitir el viraje ultra de Casado? No es solamente una cuestiĂłn de votos, sino tambiĂŠn de convicciĂłn.

Al igual que le ocurriĂł a la izquierda desde la transiciĂłn, ahora es la derecha la que se fragmenta. Todos son hijos de la misma raĂ­z, pero con troncos diferentes. Y cada uno tendrĂĄ que dar cuenta de con quĂŠ compaĂąeros y con quĂŠ ideas pretende reformar el conservadurismo espaĂąol.

AndalucĂ­a es el primer experimento de una ĂŠpoca confusa y convulsa, de la agitaciĂłn de los sentimientos mĂĄs egoĂ­stas y primarios, pero tambiĂŠn de quitarse las caretas y definir cuĂĄl serĂĄ el futuro polĂ­tico de este paĂ­s. Si Vox es quien tiene la llave, la democracia espaĂąola irĂĄ claramente en retroceso. Y serĂĄn responsables tanto el PP como Ciudadanos.

Los que en su dĂ­a se afiliaron a Ciudadanos o quienes le han votado deberĂĄn preguntarse si el partido que hoy dirige Rivera sigue la misma andadura que en sus comienzos. Porque creo que no lo conoce ya ni su propio fundador.