La visión apocalíptica y sumamente crítica que Felipe González suele transmitir sobre la situación actual del PSOE y del gobierno de Pedro Sánchez supone que no se acuerda –o no quiere acordarse– de sus últimos años de Gobierno. Años en los que estaba sometido a una crítica destructiva por los sectores más reaccionarios y tardofranquistas, que veían con preocupación los éxitos de su gestión, y temían que en España se consolidara un período dilatado de gobiernos socialdemócratas como en Noruega, en Suecia o en la Alemania de Willy Brandt.

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