No había otro remedio que convocar elecciones después de la derrota de los decretos de vivienda y las plazas llenas de gente pidiendo una solución.
Ahora el PP grita que lo ha hecho de forma interesada al mismo tiempo que su slogan es un “Por fin”. Una vez más, se juega con el doble lenguaje, con una hipocresía desvergonzada. Porque si no hubiera convocado elecciones, sería una jauría diciendo cuánto se aferra al poder. Da igual porque haga lo que haga, todo es ir en contra, un NO continuo porque cuanto más barullo exista mejor para un partido deshonesto como el PP.
Nos hace falta una derecha democrática, honesta, sincera, que defienda sus valores y principios sin necesidad de enturbiar, mentir y engañar deliberadamente.
Será una campaña dura, difícil, como lo han sido estos años. Desde el primer momento de la toma de posesión de Pedro Sánchez ya hubo gritos de dimisión, gobierno ilegítimo y convocar elecciones. ¿Por qué? Porque siempre que el PP está en la oposición, su juego es sucio. Lo hizo con Felipe González (debería recordarlo hoy que le flaquea la memoria) como lo hicieron con Zapatero. Pero lo de Sánchez no tiene comparación.
La campaña ha empezado con un Vox y Abascal desatados viendo cómo sus números crecen. Y enseñan la patita hablando de desmontar las pensiones y la Seguridad Social (¡¡horror!!), tirar a patadas a los inmigrantes (¿quién trabajará en el campo o en la construcción?) y con ataques a la Unión Europea. Trumpismo que practican soltando falsos testimonios sobre las trampas del proceso electoral democrático.
Un trumpismo al que se apunta el PP. Díaz Ayuso ya ha salido antes que su jefe a decir que no voten por correo. ¿Por qué? No se les olvida que las últimas elecciones ganaron el voto por correo. Pero eso da igual. Hay que mentir que algo queda. Hay que generar dudas para que la gente desconfíe. Hay que desestabilizar el sistema para que sea más fácil desmontarlo.
Un trumpismo al que se apunta Aznar diciendo que si vuelve a ganar Sánchez caerá la monarquía, la constitución y la democracia. ¿Diga usted? Pero, cómo se pueden consentir tales barbaridades por parte de un expresidente. Un presidente que tuvo el gobierno más corrupto de toda la historia democrática, ese de la guerra ilegal, ese que casó a la hija desde Moncloa, ese que se reunía con los mayores mafiosos que trampeaban en España.
Llega un momento que la indignación es tal que la memoria se enciende. Porque la actuación del PP, hoy exagerada y esperpéntica, viene de lejos, desde que vio cómo podía actuar sucio con el sistema democrático. Ya lo hicieron Arenas, Acebes, Zaplana, Rato, Rajoy, etc y etc.
Como dice Fernando Garea, no es una treta, es un arma electoral. Es una perfecta estrategia de campaña planificada y orquestada, sin importar el daño que hagan al sistema democrático.
A uno puede gustarle Sánchez o no. A uno puede gustarle el PSOE o no. Uno puede ser de izquierdas o no. Pero la democracia, en su forma y en su fondo, está por encima de todo. Y el PP y Vox llevan tiempo destrozando la confianza social para obtener el poder.
Efectivamente, la situación y el malestar es asfixiante. Hay problemas reales y complejos como la vivienda. Y hay un malestar provocado intencionadamente. Se trata de repetir una y otra vez qué mal está todo para que al final uno se lo crea.
Así nos olvidamos de los ERTE´s de la pandemia que permitió no perder ningún puesto de trabajo; de las ayudas con las graves catástrofes naturales que España ha vivido estos años; con las ayudas al carburante en medio del conflicto de Ormuz; de los aumentos de las pensiones y su revalorización; del aumento del salario mínimo interprofesional; de las tasas más bajas de paro desde hace 17 años; del aumento extraordinario de las becas para estudiar, incluso con sueldos de becario para quienes preparan oposiciones a juez (eso sí molestó mucho a la élite de la judicatura).
Hay problemas. Claro que sí. ¿Se ha hecho suficiente? No ¿Se podría haber hecho más? Pues no sé responder, porque las responsabilidades están repartidas entre quien gobierna (que tiene sin duda mucha más responsabilidad) y los grupos de la oposición (aquellos que han procurado apoyar medidas sociales y aquellos como Vox y PP que han boicoteado siempre).
El gobierno Sánchez ha recibido el mote de “Gobierno Frankestein”. Enfrente tendremos (o no) un gobierno PP-Vox. Pongan ustedes el adjetivo.
