El alcohol sigue estando muy presente en el tiempo libre y en las relaciones sociales del conjunto de la población. Es cierto que existen diferencias culturales entre países, con consumos más sociales o individuales, que inciden directamente en el porcentaje de la población que puede verse afectada por consumos nocivos. Pero lo cierto, es que el consumo nocivo de alcohol provoca al año 3 millones de muertes en el mundo, lo que representa un 5,3 por ciento de todas las defunciones, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En España, hay una cultura de permisibilidad hacia el alcohol, que hace que beber no se vea como algo malo. Afortunadamente, los usos sociales del alcohol están evolucionando hacia una menor tolerancia a la ingesta de éste en los entornos familiares. Pero, aun así, muchos adolescentes siguen consumiendo alcohol para socializarse.

Precipitaciones, lluvias y nieve han recorrido estos días España. Este mal tiempo, que ha causado desgraciadamente pérdidas humanas y materiales, no ha impedido que en muchos parques y calles de nuestro país se pudieran ver las habituales imágenes de grupos numerosos de jóvenes consumiendo alcohol.

En España, vender alcohol a menores está prohibido. En España, beber en la calle es ilegal. Entonces, ¿Qué está pasando? Aquí, tengo que reconocer cierto enfado y preocupación ante la impunidad con que en ciertos establecimientos se venda alcohol a menores, ya sea diciéndoles que beban un sorbo de la lata de refresco que acaban de comprar para rellenarla con un poco de alcohol a un módico precio, o vendido botellas de alcohol sin pedir el DNI para ver que son mayores de edad.

En España, según datos de la Encuesta sobre uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias en jóvenes de 14 a 18 años en 2016, los adolescentes empiezan a consumir alcohol a los 14 años de promedio. El 76,9 por ciento de los jóvenes entre 14 y 18 años ha bebido alguna vez en su vida y el 1,6 por ciento lo ha hecho diariamente el último mes.

Durante los últimos 30 días, el 21,8 por ciento de los jóvenes se ha emborrachado y el 31,7 por ciento ha bebido cinco o más copas, vasos o cañas de alcohol en un tiempo aproximado de 2 horas (binge drinking o consumo en atracón). Las mujeres beben y se emborrachan más que los hombres, aunque declaran menos consumo diario y menos binge drinking.

Todos estos datos, en un momento de menor consumo, en relación con años anteriores. Y con una Policía Municipal de Madrid que, en el año 2018, abrió un total de 13.321 expedientes por venta ambulante ilegal de alcohol y 29.739 por consumir alcohol en la vía pública.

Acabar con el consumo nocivo del alcohol debe ser una prioridad de la sociedad en su conjunto. Un objetivo de salud pública que debe estar siempre presente tanto en la educación como en el quehacer de las administraciones, para aumentar el bienestar de las personas.

Si esto es así para la población en su conjunto, cuando se trata de adolescentes no se puede hablar de consumo responsable. La única conducta responsable es no beber. Y aquí, a los adultos hay que decirles que el ejemplo es lo más preventivo. Y a los adolescentes, repetirles hasta la saciedad que beber a edades tempranas aumenta las posibilidades de desarrollar dependencia al alcohol en la edad adulta.

Un consumo de alcohol que puede producir alteraciones en sus relaciones personales, en su rendimiento escolar, y provocar comportamientos violentos y conductas peligrosas como prácticas sexuales de riesgo o conducir bajo los efectos del alcohol.

Con el alcohol, hay que hacer el mismo trabajo en los espacios públicos que se hizo con las leyes antitabaco. Los problemas sanitarios, de seguridad y socioeconómicos que ocasiona el alcohol se pueden reducir eficazmente mediante distintas medidas que van desde la educación; la prevención y la sensibilización; la regulación más estricta de la comercialización de bebidas alcohólicas, especialmente a menores; el aumento de los impuestos a las bebidas alcohólicas; la prohibición de la publicidad en más espacios, el tratamiento de las personas que ya padecen problemas con el alcohol, entre otros.

Mientras tanto, repitamos una y mil veces: ¡Cuando se trata de adolescentes, la única conducta responsable es no beber!