SegĂşn el Banco de EspaĂąa, la deuda pĂşblica de la economĂa espaĂąola ha cerrado el ejercicio 2022 con un 113% sobre PIB. Una reducciĂłn de cinco puntos porcentuales, a pesar de que ello no elude el incremento en volumen del dĂŠbito. El proceso de endeudamiento ha sido relevante en los Ăşltimos aĂąos, motivado por las necesidades de atajar los enormes problemas derivados por la crisis de la pandemia e, igualmente, por la guerra. La pregunta que deberĂamos formularnos, en tal contexto, es para quĂŠ ha servido âestĂĄ sirviendo, de hechoâ el incremento de la deuda. La respuesta es obvia: el endeudamiento se ha insertado en mecanismos contra-cĂclicos, que han inferido incrementos de ayudas de todo tipo a colectivos variados, directamente afectados por las consecuencias de la crisis. Igual ha sucedido en otros paĂses de la Eurozona. La cuestiĂłn se relaciona de forma directa con la estrategia de los ingresos en las cuentas pĂşblicas: tambiĂŠn aquĂ debemos preguntarnos, impuestos Âżpara hacer quĂŠ? Ambos interrogantes se abrazan: nos endeudamos y mantenemos una fiscalidad determinada porque nuestros propĂłsitos son palmarios, esto es, enfrentarnos a las desigualdades de renta. El debate sobre el recorte de los impuestos, por ejemplo, no deberĂa derivarnos hacia una carrera para ver quiĂŠn los baja mĂĄs (o quiĂŠn los aumenta mĂĄs, todo sea dicho), sino en situarnos en sendos apartados: quiĂŠnes deben pagar mĂĄs, cĂłmo encarar el fraude fiscal y, con los recursos obtenidos, hacia dĂłnde se canalizan. AquĂ, en teorĂa, la ideologĂa debiera pesar menos, y la efectividad de las medidas deberĂa ser lo que analizĂĄramos. El factor polĂtico y electoralista prima, por desgracia, sobre el tĂŠcnico y el de la eficiencia en los instrumentos desplegados.
Ahora bien, en el terreno de la deuda pĂşblica es importante no descuidar que urge controlarla. El dato de 2022 es positivo; pero no es menos cierto que en volumen la cifra se ha incrementado, como ya se ha dicho. Esto obliga a pensar en un programa de consolidaciĂłn fiscal que ha de ser temporalizado: no se puede aplicar de manera abrupta como se hizo en 2012, con recortes profundos del gasto pĂşblico que tuvieron como corolario esencial justamente el aumento de la deuda pĂşblica al incrementarse el dĂŠficit. Los ingresos extraordinarios que hemos tenido âNext Generation y otros paquetes de ayudas provenientes de Europaâ se irĂĄn retirando, lo que obliga a los gestores pĂşblicos a ajustar las partidas presupuestarias. La palanca de la inversiĂłn va a generar efectos multiplicadores âya lo estĂĄ haciendoâ, junto a la mayor contrataciĂłn laboral y las mejoras salariales, lo que debe incrementar el nido de los ingresos pĂşblicos. Pero esto no es Ăłbice para pensar, de forma cautelosa y gradual, en proyectos plurianuales de consolidaciĂłn fiscal: de racionalizaciĂłn de los indicadores de deuda, tanto en tĂŠrminos de volumen, como en porcentajes sobre PIB. Las administraciones pĂşblicas no pueden confiar en la estabilidad de aquellos ingresos puntuales, y deberĂĄn por tanto pensar en los equilibrios necesarios para dar confianza a los mercados, en un escenario de alza de tipos de interĂŠs. La deuda espaĂąola es solvente: se coloca bien, en plazos beneficiosos, sin problemas insalvables. Esta es una prueba mĂĄs de la consistencia de la economĂa espaĂąola. Pero, insistimos, no podemos ser negligentes con la realidad de una deuda que nos debe preocupar y ocupar.Â
