Algunos partidos políticos, medios de comunicación y empresarios de las encuestas han comenzado una campaña de desprestigio contra el Presidente del CIS, con la falsa excusa de la polémica en cuanto a la metodología de las encuestas. El hecho es sorprendente, aunque no novedoso, en la reciente historia política de España. Ante esta ofensiva coordinada, surgen algunas preguntas: ¿Por qué? ¿Cuál es el motivo? ¿De verdad hablamos de metodología o es algo más?

La primera cuestión que hay que despejar es que no es una discusión de metodología en relación a dejar de hacer cocina en el CIS y mostrar directamente lo que opinan los ciudadanos. Cualquiera que haya dedicado en su vida algo de tiempo a la investigación sabe que en ciencia todo es debatible. Por eso, es oportuno recordar las palabras del profesor Alaminos, en su artículo Desaforados: “Cuando se explica lo que se hace, los efectos que tiene y es reproducible por los demás de forma que genere debate y reflexión colectiva entre los investigadores se llama “Ciencia”. Cuando pontificas y no se sabe cómo (afirmaciones genéricas), ni la razón de la estimación, se llama “cocina”. La “cocina” se puede hacer con datos y sin datosParece que se entiende.

Entonces, ¿cuál es el verdadero motivo? La respuesta es EL PODER ES UNA OFENSIVA PLANIFICADA PARA RECUPERAR EL PODER. Una estrategia política, económica y mediática que tiene como objetivo volver a situar al Partido Popular en el gobierno de España. ¿Por qué? Porque simplemente les interesa. Y, para ello, han pensado que si desprestigian al Presidente del CIS, a Tezanos, porque los ataque tienen que ser personales, los ciudadanos no se creerán lo que ellos mismos han opinado, y de paso sacarán rédito político frente al Presidente del Gobierno Pedro Sánchez.

En el apartado de los empresarios de las encuestas, es evidente que todo empresario, sea del sector que sea, pretende sacar el mayor beneficio económico de su actividad empresarial. ¿Hasta dónde llegar para conseguirlo? Que cada uno se responda. Pero aquí también pasa eso. La decisión de preguntar en cada barómetro del CIS por intención de voto, y además dar con más antelación los datos, ha molestado a algunos empresarios de las encuestas, porque es cierto que les limita negocio y las encuestas son caras.

Pero hay más, en un marco donde las encuestan han sido utilizadas sin ningún pudor para influir políticamente en los ciudadanos, intentando presentar como ciertas situaciones políticas que no se correspondían con la realidad, es necesario polarizar. Crear un clima de buenos y malos para intentar, como se dice coloquialmente, arrimar el ascua a tu sardina.

En este punto de la estrategia, hay que presentar en sociedad al buen encuestador, al que acierta, frente a los que no aciertan. ¿Cómo se hace esto? Creando un personaje mediático, el buen encuestador, esa persona que va por las televisiones y a la que se exalta por sus supuestas victorias en forma de acierto en sus encuestas. Se sigue el refrán “cría fama y échate a dormir”. El buen encuestador se presta, y gana notoriedad y contratos.

Ejemplos hay muchos, pero uno de los más recientes fue el que realizó el diario ABC la noche de las elecciones andaluzas, cuando publicó una encuesta al cerrar los colegios electorales. ¿Por qué lo hicieron? Para dar imagen de acierto frente al resto de las encuestas. Para intentar que los españoles piensen que las encuestas que hacen ellos son las que vale. Y a la par, para tapar en el imaginario colectivo otras encuestas que habían publicado antes.

Es importante crear esa fama de acierto. ¿Pero es real? Lo decía anteriormente, las encuestas se han utilizado y se utilizan para influir en los ciudadanos. Un ejemplo sistemático se produjo en las elecciones generales de Junio de 2016, donde se intentó hacer creer a la sociedad española que el PSOE iba a quedar en tercer lugar en las elecciones por primera vez desde 1977, porque era más interesante que apareciera Podemos en segundo lugar para movilizar al electorado del PP.

No exagero, en las encuestas que realizó GAD3 para ABC durante el mes de junio de 2016, Podemos era la segunda fuerza política. En una de las informaciones se recogía: “Han pasado 192 días desde el 20-D. Poco más de seis meses en los que el electorado apenas se ha movido de sus posiciones iniciales y en los que la mayor novedad ha sido la aparición de Unidos Podemos. Medio año en el que, si seguimos la evolución de las encuestas de GAD3 publicadas por ABC, observamos que los escasos cambios llegaron tras la coalición de las formaciones de Pablo Iglesias y Alberto Garzón, cuya suma de votos favorecida por la ley electoral les ha situado por delante del PSOE. Un vuelco histórico en la izquierda de nuestro país que deberá confirmarse mañana, 26-J.”

Era propaganda, el vuelco histórico no se produjo y no pasó nada. ¿La cocina había funcionado? En cuanto a los resultados no. Pero en cuanto a la posible movilización de votantes del PP por el miedo a Podemos y la desmovilización de votantes del PSOE, a lo mejor sí.

Llegados a este punto, cuando ya se ha creado al buen encuestador, y se cantan sus loas, falta ser duro con el adversario para seguir alimentando la estrategia. En este sentido, se incrementa y personaliza el ataque, ya sea diciendo “José Félix, hacéis la peor de las cocinas”, o pidiendo comparecencias parlamentarias o dimisiones.

A nadie parece importar la volatilidad, la decisión cada vez más tardía de a quién votar. Ya se sabe es una lucha de poder y no conviene distinguir sociología y ciencia de empresarios de encuestas y negocio. Todo sea por el negocio, o mejor dicho todo sea por el poder.