El auténtico valor añadido que Feijóo ha traído a la derecha española del PP es la mimetización con la derecha más populista y radical, uno de cuyos rasgos más característicos es el uso de la mentira y el insulto deshumanizador contra los adversarios políticos.
Se trata de una estrategia planteada para evitar el conocimiento de su auténtico programa político y para ocultar los éxitos del adversario en el ejercicio del gobierno. Ponerla en práctica requiere de una gran potencia mediática y en redes sociales, desde luego.
Y supone un comportamiento que degrada la calidad de nuestra democracia, al pervertir la conversación pública conducente a la formación del criterio de libre elección por parte de la ciudadanía.
La estrategia de la mentira y del insulto de la derecha española comparte dos rasgos con la empleada recientemente por Bolsonaro en Brasil y por Trump en los Estados Unidos: su violencia y su fracaso.
Ambos dos mintieron, insultaron y perdieron. Es lo que le pasará al dueto Feijóo/Abascal.
PPVox han descalificado al gobierno de organización criminal, de mafia y de traidor. Son todos ellos descalificativos infamantes y calumniadores, que atribuyen delitos sin prueba ni base de veracidad alguna. Simples mentiras.
Han llegado a afirmar que el presidente Sánchez ha financiado su carrera política con dinero procedente de la prostitución. Que el régimen marroquí le chantajea con información incriminatoria. Y que, incluso, ha encargado a un clan mafioso “eliminar” a una jueza.
Todo puro disparate, falsedades y engaños que inventan y expanden por los medios afines, para intentar ejercer daño al gobierno progresista y tapar el proyecto de recortes sociales que preparan de cara al poder.
Por si no bastase con semejante sarta de embustes infamantes, la estrategia del engaño y el insulto se ha dirigido también a la familia de Pedro Sánchez, de una manera indigna, además.
A la madre del presidente la llaman puta, incluso en boca de la presidenta de la Comunidad de Madrid, fomentando el insulto en cuanto acto público, concierto o evento deportivo se organiza congregando a más de dos derechistas.
A la mujer del presidente le achacan con igual falsedad haber usurpado el título de catedrática de universidad y haberse lucrado con un software de titularidad pública. Y a su hermano, un músico de larga trayectoria y formación notable, le acusan, falsamente también, de no ejercer el trabajo para el que se le pagaba.
Las mentiras y los insultos se producen cada día y contra cualquier miembro del gobierno o dirigente progresista. Uno de los últimos y más penosos ha sido la acusación en sede parlamentaria al exministro Puente de “no tener consideración por las vidas humanas”. Y lo dicen los herederos directos del franquismo responsable de la persecución y asesinato de miles de españoles.
Los cómplices mediáticos de las derechas, financiados con dinero público de las administraciones que gobiernan, contribuyen a generar y amplificar los bulos y descalificaciones.
Algunos de ellos pagan cientos de miles de euros a imputados y condenados por la justicia para que mientan contra el gobierno, como se ha demostrado recientemente. Otros inventan encuestas que atribuyen escaños en las 52 circunscripciones sin hacer una sola entrevista en varias de ellas.
A veces, incluso, inventan que el gobierno inventa encuestas, como el medio que acaba de publicar la falsedad de que el CIS había realizado un estudio que daba al PSOE tan solo 95 diputados como consecuencia del accidente de Urda. Inventan y mienten sin vergüenza, moral ni rubor.
Es bastante evidente que si estuvieran seguros de su triunfo electoral, como vaticinan falsamente las encuestas que pagan, no tendrían necesidad de mentir tanto y de insultar tanto. La realidad es que sus encuestas de verdad, las que no publican, dicen cosas bien distintas.
Y es que la fuerza de la gente es mucha fuerza.
Y el 29 de noviembre se hará valer, pese a las mentiras y pese a los insultos.
