Con estas palabras, “el poder pertenece a la gente”, James Talarico celebraba su victoria, tras pasar treinta y ocho años desde que un demócrata fuera elegido senador por Texas. En este tiempo, las élites económicas, cada vez más milmillonarias, han creído que con su dinero podían comprar todo. Pero en esta ocasión, los ciudadanos han reaccionado. Por eso, el recién elegido senador añadía, recordando la historia de David contra Goliat, que “vosotros habéis sido mi honda…Esta noche hemos derrotado a Goliat”
Esta escena, es la imagen de unas elecciones que han roto barreras. En Texas, con Gina Hinojosa como primera mujer latina en ser elegida gobernadora. En Kansas, con la victoria de Adam Hamilton al senado, primera de un candidato demócrata desde 1932. En Georgia, con Keisha Lance Bottons como primera mujer negra elegida gobernadora de un estado. En Nuevo México, con Deb Haaland como primera gobernadora indígena de un estado. En Minnesota, con Peggy Flanagan como primera mujer indígena elegida senadora federal. En Michigan, con Abdul El-Sayed, como primer senador musulmán. En Nuevo Hampshire, con Chris Pappas, como primer hombre abiertamente homosexual elegido senador. Y muchos más lugares.
Surgen ahora varias preguntas decisivas para saber si podemos o podremos conservar la democracia en la era digital
¿Podemos cambiar las cosas con nuestro voto cuando quienes gobiernan tienen enormes recursos y capacidad para modificar las reglas de juego electoral?
¿Podemos los ciudadanos de a pie poner límites a las élites económicas, políticas, mediáticas y judiciales que concentran cada vez más poder?
¿Podemos además de votar representar a nuestros vecinos?
Parece que sí, porque la democracia no solo consiste en tener reconocido el derecho al voto y ejercerlo, sino en hacer realidad también competir por la representación política sin exclusiones arbitrarias.
Estos resultados dan esperanza, porque visibilizan que se puede controlar al poder votando y siendo elegido, pero hay que conservar las condiciones que lo hacen posible sin que ningún juez o político nos pretenda arrebatar nuestro derecho a votar.
El editorial del The New York Times del 27 de octubre, Trump has failed, hold him to accoount” (Trump ha fracasado, exíjanle responsabilidades) iba en esta dirección cuando tras exponer las promesas incumplidas, la corrupción y el deterioro de las instituciones democráticas por parte de Trump, y señalar las carencias del Partido Demócrata, afirmaba que las elecciones eran una oportunidad para exigir responsabilidades al poder político.
Estas elecciones, como recientemente en Brasil o Serbia, han demostrado que el malestar de una parte importante de la sociedad por el coste de la vida, la inflación, la corrupción, la violencia, las incertidumbres, puede transformarse en resultados electorales y cambios. No lo olvidemos y aprovechémoslo, aunque no será fácil porque esas élites harán todo lo posible para conservar su poder y aumentarlo frente a la mayoría de los ciudadanos.
En Estados Unidos se ha visto con el cambio de las reglas de juego electoral, y también en España con un Tribunal Supremo suspendiendo el derecho a voto de españoles que ya había votado.
En septiembre de 2025, cuando todavía faltaba más de un año para que se celebraran las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, escribí en un artículo de Sistema Digital (TRUMP Y LOS REPUBLICANOS PREPARANDO LAS ELECCIONES DE MITAD DE MANDATO | Fundacionsistema) donde señalaba que Trump y los republicanos estaban preparando las elecciones eligiendo candidatos, recaudando dinero y, lo más grave, modificando las reglas para condicionar la participación en las elecciones y los resultados.
Frente a estas advertencias, algunas personas consideraron que las modificaciones electorales no serían muy numerosas. Pues bien, según Brennam Center for Justice, desde las elecciones presidenciales de 2020 hasta septiembre de 2026 se han aprobado 125 leyes restrictivas del voto en al menos 31 estados (exigir documentos adicionales, limitar las identificaciones aceptadas, dificultar la inscripción electoral, modificar los requisitos del voto por correo, etc).
Solo desde noviembre de 2024, 22 estados han aprobado 47 leyes de este tipo, de las cuales treinta y ocho y una parte de otra para entrar en vigor antes de estas elecciones. La reacción, ha sido que desde 2024, 32 estados aprobaron 61 leyes destinadas a facilitar la participación.
Al mismo tiempo, a nivel federal, Trump intentó modificar distintos procedimientos electorales mediante órdenes ejecutivas de marzo de 2025 y 2026, especialmente en lo relativo a la acreditación de ciudadanía y voto por correo. Varias de las cuales fueron impugnadas y bloqueadas judicialmente.
En esta batalla entre la restricción y la participación, un aspecto muy grave ha sido la manipulación partidista de los distritos electorales, conocida como gerrymandering, realizada sin ningún tipo de disimulo tras la resolución del Tribunal Supremo de 2019, donde dictamino que las reclamaciones basadas exclusivamente en el gerrymandering partidista no podían ser resueltas por tribunales federales.
Una barra libre donde Texas fue de los primeros estados gobernados por republicanos en realizarlas, aunque la fuerza del voto de la gente las ha dejado sin el efecto que pretendían para limitar la representación demócrata.
Otro elemento ha sido el voto anticipado y el dinero disponible para la campaña. Según los datos del Election Lab de la Universidad de Florida, la participación anticipada en las elecciones fue de en torno a 59 millones de votos, de los cuales cerca de 32 millones se emitieron presencialmente y 27 millones correspondían a voto por correo. Lo que demuestra su importancia en el resultado final.
En cuanto al dinero, a partir de los datos presentados ante el Comité Federal Electoral todavía provisionales, el gasto total del ciclo electoral puede llegar a 11.900 millones de dólares frente a los 8.900 millones de 2022. A lo que hay que sumar el gasto de las PAC y Super PAC, unas organizaciones independientes que cada vez tiene más protagonismo en el gasto. Con datos hasta el 30 de octubre, las organizaciones que apoyaban a los republicanos habían gastado alrededor de 2.300 millones de dólares, frente a unos 1.670 millones de las organizaciones que apoyaban a los demócratas.
Y a pesar de todo lo anterior, HA VENCIDO LA GENTE AL DINERO.
Aun así, hay que decir que las elecciones de mitad de mandato suelen ser difíciles para el presidente de turno. Desde comienzos del siglo XX, el presidente que estaba en la Casa Blanca ha pedido representación en ambas cámaras, algo distinto a perder el control.
Si se atiende al control efectivo de las dos cámaras, en trece de las treinta y dos elecciones celebradas (40,6%) el partido del presidente quedó en minoría tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado. En otras seis ocasiones (18,8%) consiguió controlar una de las dos cámaras. Y en trece (40,6 %) mantuvo la mayoría en ambas.
La derrota de Trump abre una nueva etapa, ya que tendrá que gobernar con las dos cámaras en manos de los demócratas. Esto significa que, a partir del 3 de enero, cuando se constituya el nuevo Congreso, los demócratas podrán supervisar, controlar e impulsar iniciativas, además de controlar en el Senado la confirmación de cargos públicos y jueces federales. Pero Trump conserva su capacidad ejecutiva y, como ya ha amenazado, su capacidad de vetar leyes impulsadas por el Congreso.
¿Habrá negociación o confrontación? Creo que más lo segundo que lo primero, aunque habrá que ver cómo reaccionan los representantes republicanos en ambas cámaras sabiendo que Trump no puede presentarse a las presidenciales.
En todo caso, HA GANADO LA ESPERANZA. EL VOTO VALE, pero hay que ser realistas con la situación institucional tan complicada que existe en Estados Unidos. Porque como señalaban Levitsky y Ziblatt, en su libro la Tiranía de la Minoría, el sistema constitucional americano sigue permitiendo que minorías electorales ejerzan una influencia política desproporcionada.
El problema no depende solo de un presidente, sino de determinadas reglas institucionales que hay que cambiar. Entre ellas, reforzar la protección del derecho de voto, sustituir el Colegio Electoral por un sistema de elección presidencial por voto popular directo, cambiar la representación territorial del Senado, limitar temporalmente los mandatos de los jueces del Tribunal Supremo, o facilitar determinados procedimientos de reforma constitucional. Unas reformas son fáciles de hacer, otras complicadas, pero hay que iniciar el camino.
Hace un año, cuando analizaba los preparativos republicanos para estas elecciones, terminaba aquel artículo con una frase escrita en las paredes de algunos gimnasios. “Si luchas puedes perder, si no lo haces estás perdido”.
Pues eso, las elecciones de medio mandato en Estados Unidos, como las recientes de Brasil o Serbia, demuestran que cuando la gente reacciona y se activa gana al poder y al dinero, porque como dijo Talarico “El poder pertenece a la gente”, y añado NO LO OLVIDES. VOTA.

