Hay aún muchas incógnitas respecto a la crisis migratoria en Ceuta, pero también hay algunas certezas incontestables.
El 30 y 31 de julio se produjo una entrada masiva, ilegal e intolerable de personas, con consecuencias dramáticas para los migrantes y para los habitantes de Ceuta. Recuperar la normalidad es el objetivo y se logrará, pero no será fácil ni rápido. Y los adversarios del Gobierno de España, los nacionales y los internacionales, han adoptado un comportamiento oportunista e irresponsable, contribuyendo a agravar la situación.
Las causas de la avalancha están por identificarse en detalle, pero también hay algunas cosas claras. Las motivaciones de esos miles de criaturas tienen más que ver con la huida de la miseria y la persecución que con la voluntad de “invadir” país alguno o participar en operaciones alambicadas de geoestrategia. Pero hubo colaboración antes, durante y después por parte de actores con intereses espurios, desde las mafias que trafican con personas hasta plataformas ultras prorrusas y proisraelíes que persiguen hacer daño a España.
El papel de los funcionarios marroquíes está por determinar, pero las supuestas “evidencias”, a las que aluden algunos bienintencionados y los malintencionados de siempre, podrían evidenciar tanto “guía y colaboración activa” como simple voluntad de evitar una catástrofe humanitaria aún mayor en caso de oponer la fuerza a la avalancha. Más probable lo último, en tanto no haya pruebas en contrario.
¿Qué hacer? Lo que hace el Gobierno resulta comprensiblemente exasperante, por complejo y lento. Pero si queremos comportarnos como un país democrático, como un Estado de Derecho cumplidor de la ley y como una sociedad comprometida con los derechos humanos, no hay alternativa decente. Desde luego, no lo es la de “devolverlos ya, a los mayores y a los menores”, como exclama de manera cínica e irresponsable Feijóo.
Con los menores, trato individualizado, garantía de protección humanitaria, triaje, respaldo jurídico, exploración de la posibilidad de reagrupamiento familiar, devolución si hay seguridad e integración si no es posible. Con los mayores, la misma garantía de protección humanitaria, triaje y respaldo jurídico, para ofrecer la protección internacional a quien sea merecedor de ello conforme a la ley y para devolver a Marruecos a quien no lo sea.
Se explica en dos frases, pero se requiere mucho tiempo, muchas gestiones, mucho personal público, muchos recursos, mucha colaboración institucional y mucha paciencia por parte de las personas migrantes y la sufrida población ceutí, que merece todo el apoyo posible en estos momentos de dificultad.
Es lo que está haciendo el Gobierno de España desde el primer momento, sabiendo que cada exhibición de impaciencia y cada reclamación de eficiencia es legítima, justa y justificada. Lo que no es legítimo, justo y justificado es acusar al Gobierno de inacción, abandono o desinterés.
¿Y ahora cuál es la responsabilidad de cada cual? La del Gobierno de España, espabilar en la gestión emprendida. La del Gobierno de la ciudad, colaborar lealmente y poner sus recursos a disposición de las soluciones, discursos aparte. La de la UE, ayudar en esta crisis, que es crisis europea, como hizo y hace España en cada ocasión, de Lampedusa a Ucrania o Groenlandia. La de Marruecos, aclarar, colaborar y no echar leña al fuego con reivindicaciones extemporáneas y negacionistas de la historia.
Y la responsabilidad de PPVox pasa de entrada por dejar de mentir, con aquello de “lo sabían y lo taparon”. Dejar de alimentar conspiranoias de película de serie B, como la del teléfono del Presidente. Dejar de meter miedo, como hacen amplificando agresiones o planteando confinamientos. Dejar de proponer lo imposible o lo ilegal, como la devolución inmediata y masiva. Dejar de traicionar a España, haciendo seguidismo de las agresiones de Italia o los insultos de Trump. Y dejar de perseguir la barbarie, como en los llamamientos a la “caza” de migrantes.
Es especialmente irresponsable llamar a una guerra diplomática con Marruecos, retirar embajadores, denunciar tratados y acuerdos, a partir de indicios cuestionables y de interpretaciones tan aviesas como interesadas. Marruecos es nuestro vecino y lo va a seguir siendo, porque la geografía no entiende de intereses electoralistas.
Con Marruecos compartimos economía, cultura, sociedad… Y se debería requerir mucho más que la expectativa de recoger unos cuantos votos racistas y xenófobos para poner en jaque esta relación estratégica. La prudencia del Gobierno de España es muestra de inteligencia, y la imprudencia de Feijóo es muestra de todo lo contrario. Lo de Abascal es previo a cualquier juicio de racionalidad.
En realidad, si no son capaces de ayudar, como no lo han sido en crisis alguna, que se hagan a un lado, mientras los que sí tienen voluntad y capacidad procuran resolver una crisis muy compleja.
Pero es como la naturaleza del escorpión en la fábula. Ya no saben evitarlo. Y lo pagarán, en las urnas.
