Si no consideraran que aciertan, las derechas no se pondrían nerviosas y agresivas ante los barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas sobre la intención de voto de las próximas elecciones. Si no temieran que los pronósticos se cumplan, no protestarían ante unos resultados cuyo efecto inmediato sobre el electorado puede ser desmovilizarlo y, en sentido contrario, movilizar el voto conservador. ¿Por qué la habitual inquina contra el Centro de Investigaciones Sociológicas, inquina en la que incluso participa el Grupo PRISA, como hemos visto recientemente en El País y en la SER? 

En las campañas electorales valen tanto las verdades que se cuentan como las mentiras que calan en la opinión pública. Los diarios madrileños de la derecha, con pseudo-encuestas telefónica o por internet, han acordado atribuir al Partido Popular y a Vox dos centenares de escaños, armoniosamente distribuidos en razón de dos tercios a la vieja derecha del Partido Popular y un tercio a la nueva (y extrema) derecha. Las mentiras bien colocadas pueden tener mucha influencia y, por eso, las dos derechas se ponen nerviosas cuando otro centro demoscópico más solvente les lleva la contraria. En realidad, no está demostrado que los barómetros que se publican antes y durante la campaña favorezcan necesariamente a los partidos beneficiados por esos barómetros porque, como hemos apuntado, pueden tener efectos desmovilizadores entre sus potenciales electores, pero para las derechas no debe haber más verdad que la suya, debidamente difundida por sus abundantes medios de comunicación, escritos y digitales. Por eso una mentira machaconamente repetida se vuelve una verdad.

También se ponen nerviosas las derechas por las alusiones que hizo Pedro Sánchez a su mujer en el último mitin de Fuenlabrada. Llama la atención lo inconsecuentes que son las derechas porque quienes han puesto a la esposa de Pedro Sánchez en el centro de la opinión pública no ha sido el PSOE ni su marido, sino las derechas que han azuzado una persecución judicial que aún no ha acabado a pesar de que carece de fundamento jurídico y fáctico. Organizan una cacería impropia de una democracia, pero se ponen nerviosos cuando el marido de la víctima lo expone ante la opinión pública. Persecución a los familiares de los políticos, sí, y todas las veces que haga falta, pero en silencio, que las víctimas se callen. Dicho de otra manera, provocan con su persecución que un marido salga en defensa de su mujer, pero les molesta este gesto.

Todo obedece al mismo fenómeno: están vendiendo la piel del oso antes de cazarlo. Núñez Feijóo se ve habitando el Palacio de la Moncloa, Abascal se mira en el espejo y se ve con uniforme de Vicepresidente Primero del Gobierno. Empresarios importantes regalan los oídos de Núñez Feijóo afirmando en público que será el próximo Presidente del Gobierno. Además, figuras que hoy no están en la primera línea publican artículos patrióticos en la prensa de Madrid para que se les tenga en cuenta en su momento. Pero la ciudadanía no es tonta, comprende que el verdadero jefe del Gobierno sería Abascal, que el programa gubernamental que se aplicaría sería mayoritariamente el de Vox y que, a poco que nos descuidáramos, tendríamos a la Policía Nacional y a la Guardia Civil persiguiendo inmigrantes como hace Trump en Estados Unidos.

En la misma situación está Junts, que ve (paradoja suprema) que una parte de sus electores se va a ir a… Vox, por decisión de Aliança. ¿Alguien quiere más contradicciones?

Todo ello explica que los barómetros rigurosos, realizados con métodos científicos y con medios suficientes no den los clamorosos resultados en favor de las derechas que publican ABC o El Mundo. También explica el nerviosismo del Partido Popular, pues algunos sondeos señalan una tendencia menguante de este partido y otra creciente de Vox y posiblemente ambos partidos de la derecha manejan estudios propios que señalan tanto la fortaleza del PSOE como el estancamiento de la derecha. Y ahí no pueden acusar al Centro de Investigaciones Sociológicas porque son sus propios estudios demoscópicos, financiados por los propios partidos.

Por eso, irá ascendiendo el nerviosismo y la agresividad de las dos derechas, pues los datos que tienen no confirman los datos falsos que los diarios de derechas de Madrid difunden en la opinión pública y, además, como ha comentado algún diario, a Núñez Feijóo sólo le queda una bala en el cargador, lo que incrementa su rabia y su inquietud. Que no se preocupe, que la CEOE le colocará bien.