La economía crece, la riqueza aumenta y los avances tecnológicos cambian nuestras vidas, pero siete de cada diez españoles creen que los menores de hoy vivirán peor que sus padres cuando alcancen la edad adulta, según los datos del estudio sobre las actitudes y opiniones acerca de la infancia y la adolescencia, publicado recientemente por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).
¿Qué está ocurriendo para que exista esta profunda desconfianza y pesimismo en el futuro? ¿Para quién se está construyendo el progreso y quienes se están quedando o robando los beneficios? ¿Estamos ante una percepción de posible movilidad social descendente o es real?
Hasta hace poco tiempo la mayoría de la gente creía que sus hijos vivirían mejor que ellos. Existía la convicción de que la siguiente generación tendría mejores condiciones de vida, a pesar de las dificultades y los retos de la vida diaria. Pero ahora, nos ahogamos en un preocupante pesimismo colectivo que resulta paradójico en una sociedad cuya economía continúa creciendo.
Como dice el grupo Vetusta Morla en su canción Si vuelves queremos ser dueños de nuestro mañana (Si vuelves//brindemos al alba//porque seas la dueña de tu mañana) pero cada día parece más difícil, e interiorizamos como se va resquebrajando, rompiendo algo en nuestro interior personal y colectivo.
Tal vez la distancia que hay entre el crecimiento macroeconómico y nuestra vida diaria sea la causa. Pero creo que no es suficiente, o no solo, porque este pesimismo está presente con mayor o menor intensidad en prácticamente toda la sociedad:
- Por edad, quienes tienen entre 45 y 54 años son los más pesimistas, con un 76,2 por ciento que cree que los menores vivirán peor que sus padres cuando alcancen la edad adulta. Seguido de los de 35 a 44 años, con un 73,9 por ciento; de los de 55 a 64 años, con un 71,6 por ciento; y con unos jóvenes que comparten esta visión negativa, ya que el 66,9 por ciento de los que tienen entre 18 y 24 años piensan igual.
- Por nivel educativo, la formación no sitúa a la gente en una visión más optimista hacia el futuro de los menores. En las personas con estudios superiores, el pesimismo alcanza el 73,3 por ciento, frente al 62,8 por ciento de quienes tienen estudios primarios, o el 61,3 por ciento de los que no tienen estudios
- Por clase social subjetivo, la percepción negativa tampoco desaparece. El 75,3 por ciento de quienes se consideran clase media-baja cree que los menores vivirán peor cuando sean adultos. Y el 69,5 por ciento de la clase alta o media-alta también. Esto demuestra que tener más formación o disfrutar de una posición económica más o menos acomodada no garantiza una mayor confianza en el futuro de los menores.
- Por auto ubicación ideológica, aunque el pesimismo con el futuro es mayoritario hay una diferencia de 11,1 puntos porcentuales entre los que se sitúan en la posición 1(izquierda) con un 67,7 por ciento y los que se sitúan en la posición 10 (extrema derecha) con un 78,8 por ciento.
- Por recuerdo de voto, el 85,4 por ciento de los votantes de Vox creen que los menores vivirán peor cuando sean adultos. Una opinión compartida por el 74,1 por ciento de los votantes del PP, el 72,1 por ciento de los de Sumar y el 66,9 por ciento de los del PSOE. Hay diferencias importantes, aunque lo significativo es que independientemente de las preferencias políticas, el pesimismo social es mayoritario.
Conclusión. Tenemos un problema que va más allá de la situación económica de cada familia o de las preferencias políticas de cada uno, ya que lo que se está cuestionando es la idea de movilidad social ascendente, la idea de progreso generacional.
Y esto, dentro de una contradicción brutal, entre una España que con su crecimiento económico genera más riqueza y una mayoría de españoles que tiene la percepción de que sus hijos vivirán peor cuando sean adultos.
Hay que ser claros, de poco sirve que aumenten los grandes indicadores económicos si una parte de la población tiene cada vez más difícil tener un empleo estable con un salario decente, acceder a una vivienda, emanciparse o desarrollar un proyecto de vida independiente.
De nuevo tenemos que elegir y dejar de ser espectadores en nuestras vidas. La riqueza que se está creando tiene que visualizarse y traducirse en mayores oportunidades y seguridad para toda la población, especialmente para los jóvenes. La otra alternativa es la que proponen quienes son los capataces de unas élites económicas insaciables. Tú decides.
Como dice Vetusta Morla en su canción Si vuelves:
Si vuelves
brindemos al alba
porque seas la dueña de tu mañana

