La austeridad parece retornar a Europa. El canciller alemán ha indicado que el Estado del Bienestar no es sostenible. Deberá recortarse. A pesar del incremento que su gobierno va a hacer en gasto militar: de 80MM de euros a más de 170MM. Francia plantea una estrategia similar: recortes y ajustes, con la preocupación en sendos indicadores: el déficit y, sobre todo, la deuda pública. Un incendio social visible estas semanas. El tema retrotrae a fases anteriores, en las que paÃses destacados de la Unión Europea abogaron por la reducción del gasto público, especialmente el social, sobre todo a raÃz de la crisis financiera y económica de 2008. Con resultados letales, tanto para las cuentas públicas como para el bienestar general. Actuaciones que alimentaron grandes descontentos de la población y el avance de opciones polÃticas de izquierdas, por un lado; pero también, con Ãmpetu inusitado de la extrema derecha, auspiciada por generosas apuestas de instituciones ultraconservadoras. Milmillonarios en escena. Y es este espectro el que se está fortaleciendo cada vez más, espoleado por las polÃticas que se van implementando desde la administración estadounidense.
Resulta difÃcil entender cómo se persiste en esa obstinación, cuando los datos conocidos y divulgados indican el fracaso de tales recetas, en su aplicación práctica. Datos que demuestran que los recortes han acabado por fomentar mayores déficits públicos (por la caÃda de los ingresos) y deuda pública (por la financiación de esos déficits). Lo hemos visto en el marco de la Unión Europea, que tardó seis años en salir de la crisis, que se empezó a superar tras la expansión de la polÃtica monetaria por parte del Banco Central Europeo; lo estamos comprobando ahora con las polÃticas extremistas en Argentina e, incluso, en Estados Unidos, donde este tipo de medidas anarcocapitalistas están provocando situaciones de enorme dificultad para la población. Se arguye que, por ejemplo, en Estados Unidos el corto plazo está demostrando que los factores de austeridad económica no están pasando factura; pero esta visión elude la perspectiva del medio plazo –que es donde los analistas más serios están poniendo el foco de atención–, que puede ser más próximo cuando se dejen sentir con intensidad dos consecuencias importantes: los aranceles en el interior de la economÃa estadounidense –el incremento de los precios– y los despidos tanto en el sector público como en el privado –la menor creación de empleo–.
La austeridad, como polÃtica económica, es un fracaso. Esta afirmación se edifica sobre evidencias empÃricas. Sobre datos, alejados de planteamientos estrictamente ideológicos. De hecho, los paÃses que han mantenido componentes relevantes en su gasto social han estado atajando con mayor robustez los vaivenes del estado de incertidumbre en el que nos encontramos. La Unión Europea, sus primordiales locomotoras, no deberÃan incurrir en errores de un pasado reciente, y olvidar que solo con colaboraciones y la apuesta por el Estado del Bienestar en todos sus componentes –se apreció claramente durante la crisis pandémica– puede bloquear los desequilibrios económicos.
