Cuando vemos en los medios de comunicación la descripción de un hecho de corrupción se comprende muy bien la naturaleza del delito e, incluso, causa cierta extraƱeza el que, siendo tan clara la situación, Āæcómo no se habĆa descubierto hasta este momento?
Bien, hay que tener en cuenta que esa descripción deriva, suele hacerse, de una investigación judicial y policial realizada con la utilización de medios extraordinarios que solo puede decretar un juez y cuya autorización no se hace de forma aleatoria sino después de contar con unos indicios previos provenientes de una denuncia documentada.
La dificultad estriba, precisamente, en el inicio de esa investigación, es decir en la disposición del denunciante de las pruebas suficientes para hacer creĆble la denuncia y, de que, de esas pruebas, aĆŗn indĆciales, no se suele disponer en la lejanĆa del hecho denunciado. Suele ser precisa una cierta cercanĆa a la corrupción, o al corrupto, para tener acceso a las mismas.
Cuando ése, o ésa, persona cercana al hecho denunciable alcanzan una situación de inquietud en su conciencia, de enfrentamiento al corrupto o de decepción con el grupo al que pertenece, se convierte en lo que, en romÔn paladino, se conoce como un chivato, o chivata.
Es muy difĆcil que el resultado de cualquier batalla anticorrupción sea desfavorable para el corrupto si el desarrollo de esa batalla no es como el descrito en las lĆneas anteriores, es decir, si el corrupto no es abatido por lo que se conoce como fuego amigo.
Situaciones alternativas, como el que el chivato acabe en un medio de comunicación en lugar de acudir al juez, fiscal o policĆa, suele tener un recorrido insuficiente al no poderse utilizar en la investigación medios extraordinarios como escuchas telefónicas, datos bancarios o fiscales, etc, a no ser que se hagan de forma ilegal, lo que conlleva, obviamente, la nulidad de las pruebas obtenidas de esa forma. Por eso, el llamado periodismo de investigación suele tener una utilidad solo limitada a la formación de una opinión pĆŗblica si no va acompaƱada de su correspondiente investigación judicial y, para ella, hay que volver a repetir, son necesarias pruebas solventes.
Esta solvencia de las pruebas indĆciales es lo que diferencia ambas investigaciones, la periodĆstica y la judicial. Mientras que, para iniciar la primera puede ser suficiente el anĆ”lisis del modo de vida del presunto corrupto (trajes, coches, casa, viajes, etc.), para la segunda es preciso contar con datos, y pruebas, cuya procedencia sea el propio nĆŗcleo, o sus aledaƱos, del hecho denunciado.
Por eso, creo que es manifiesta la necesidad del fuego amigo y primordial, por tanto, el papel del chivato en la lucha contra la corrupción. Pero esta necesidad no deja de ser una paradoja.
Estamos hablando de corrupción en el sector pĆŗblico y, por tanto, de información de datos igualmente pĆŗblicos. ĀæPor quĆ©, entonces, es necesario que exista un chivato para que haga pĆŗblicas cosas que deberĆan ser pĆŗblicas?
En distintas ocasiones, siempre que he tenido la oportunidad de hacerlo, me he pronunciado por la necesidad de que todos los expedientes administrativos de la Administración PĆŗblica, sean pĆŗblicos, de tal manera que cualquiera pudiera verlo y en cualquier momento. Esto que tiene la lógica de facilitar lo que ahora solo se hace durante cortos periodos de tiempo, es decir la información pĆŗblica, sancionada por los procedimientos administrativos, ya es posible tĆ©cnicamente vĆa telemĆ”tica y, ademĆ”s, serĆa disuasorio para los presuntos corruptos que podrĆan temer el que un gran nĆŗmero potencial de ojos pudieran estar encima de sus actuaciones. ĀæPor quĆ©, entonces, no se hace asĆ?
El coste de su aplicación, las leyes de protección de datos y hasta el miedo a la acción pública pueden argumentarse para ocultar un dato: la voluntad de luchar contra la corrupción no es superior a la de vencer todos esos inconvenientes. Cuando lo sea, se implantarÔ.
Mientras tanto, hay que confiar en el fuego amigo y fomentarlo. Para empezar, yo cambiaré mi denominación de chivato por la de promotor de investigación, por ejemplo, para evitar cualquier sentido despectivo de la palabra que, por cierto, en el diccionario de la RAE, no existe.
Y tambien serĆa conveniente no matar al mensajero. Como dice Cristiano Ronaldo, si no le vamos a dar su nombre a una calle, por lo menos que no le piten.
