Angela Merkel acaba de decirlo. Y tiene razón. La victoria contundente de la ultraderecha en Sajonia supone un punto de inflexión en el devenir histórico de Europa. El regreso del nazismo al gobierno en tierra alemana puede ser el anticipo, para 2027 y 2028, de los gobiernos ultraderechistas en Francia, Italia, España, Reino Unido…

No se trata de un desafío más en una historia tan atropellada como la europea, ni tan siquiera se trata de un problema estratégico. La ultraderecha en el poder significa la muerte del alma de Europa, el fin del proyecto de paz, libertad y progreso que ha representado el culmen de la civilización humana y el faro de los derechos humanos en el planeta.

El avance exponencial de la ultraderecha en todo el mundo tiene muchas expresiones y consecuencias.

Pero tiene una causa fundamental. Los ultras en la política, en la economía, en la tecnología y en los medios de comunicación han logrado convencer a muchos trabajadores de que sus problemas y frustraciones se deben a los inmigrantes que les roban el trabajo, a los ecologistas que les roban sus tradiciones, a las feministas que les roban su hombría y a los progresistas que les roban su identidad y su nación.

Sus problemas y frustraciones son de verdad.

Pero los causantes son otros.

Los auténticos causantes de sus problemas y frustraciones son precisamente aquellos que les roban con una mano y les engañan con la otra.

Les roban acumulando la riqueza que genera la globalización tecnológica y les engañan usando esas mismas redes tecnológicas globales.

¿Quiénes son?

Quienes amasan dinero y poder con sus empresas globales, acumulando beneficios mientras reducen plantillas y salarios.

Quienes compran y controlan las grandes redes sociales y los grandes medios de comunicación para engañar a los trabajadores, señalando falsos culpables.

Quienes manipulan procesos electorales, colonizan instituciones públicas, compran políticos, influencers y periodistas.

Quienes manejan gobiernos que les reducen impuestos, les privatizan servicios públicos, les regalan viviendas sociales y hacen discursos sobre el Estado pequeño, la libertad grande, que vivan las cañas y que se pudran los feos y los pobres.

Quienes normalizan el odio al diferente y la guerra al que puedo aplastar.

Quienes procuran agravar desgracias humanitarias, como la que sufre la población de Ceuta y los miles de inmigrantes llegados en tromba.

Quienes mueven los hilos de marionetas a su servicio como Trump, Netanyahu, Le Pen, Farage, Meloni, Feijóo, Ayuso y Abascal.

Trabajador, espabila. Solo tienes un arma para pararles. Pero es un arma poderosa, todavía. Tu voto. Úsalo mientras estás a tiempo.