En la sociedad de la post-verdad, la realidad laboral de los jóvenes no puede arruinar la historia de felicidad que, determinadas instancias de poder, quieren presentar de unos jóvenes, que por el camino han perdido hasta su nombre, por el de millennials. O lo que es más grave, desde la tergiversación, se pretende influir, condicionar y ocultar uno de los más graves problemas sociales de nuestra sociedad: la crisis de empleo que afecta a los jóvenes. Y que de no ser resuelta, puede llegar a provocar un bloqueo del sistema.

Solo así, se puede comprender como, un día sí y otro también, se quiere presentar una realidad donde los jóvenes, ahora millennials, son jóvenes sonrientes, que según distintos estudios, pocas veces precisados, o revistas, no se contentan con un único empleo. Como puede observarse en el titular “Los millennials no se contentan con un único empleo. La mayoría de los pertenecientes a la generación del milenio deciden aumentar su salario mensual con un segundo empleo en modalidad freelance”. O no ven preciso encontrar empleo, como afirma el titular, “Los millennials españoles no ven determinante encontrar un empleo a largo plazo”.

Sin ser muy suspicaces, ¿será más bien que los jóvenes no encuentran empleo? ¿Será que los que logran tener empleo tienen muchos de ellos sueldos de miseria que no les permite salir de la denominación de trabajadores pobres, y para sobrevivir tienen que compaginar varios? ¿Será que la sociedad no ha cumplido la parte del trato? Vamos a verlo, porque si se quiere se ve, cuando no se sufre.

La Encuesta de Condiciones de Vida (ECV), del año 2016, presenta un escenario distinto, donde del 20 por ciento de la población con menor renta en España, un 53,4 por ciento tienen menos de 30 años.

Pero antes de presentar más estadísticas, advertir que también éstas se suelen retorcer hasta que cuadran. Un ejemplo. Si alguien le pregunta, ¿qué entiende por una persona que está trabajando? Desconozco su respuesta, pero más o menos la mayoría de las personas entenderán lo mismo. Salvo la Encuesta de Población Activa (EPA).

Según la EPA, es aquella persona de 16 o más años que durante la semana anterior a la encuesta haya trabajado, incluso de forma esporádica u ocasional, al menos una hora a cambio de un sueldo, salario u otra forma de retribución conexa, en metálico o en especie. Es decir, que si el fin de semana anterior fuiste a casa de tus padres y lavaste su coche, durante más de una hora, y te invitaron a comer, ya eres una persona que está trabajando.

Pues bien, aun así, y a pesar del maquillaje, la EPA del último trimestre de 2016 confirma que las circunstancias de muchos jóvenes son terribles. En cuanto al porcentaje de parados por tramo de edad, el 58,67 por ciento de los jóvenes de 16 a 19 años está en paro. El 39,83 por ciento en el tramo 25 a 29 años. Y un 18,46 por ciento entre los que tienen edades comprendidas entre los 30 y 34 años. Y todo ello, en una sociedad que, tras realizar un gran esfuerzo colectivo e individual, formó y está formando a las generaciones más preparadas de la historia de España.

Si nos centramos en los jóvenes que tienen un empleo, las condiciones también son pésimas. ¿Sabes que muchos jóvenes tienen contratos de entre 2 días y menos de un mes? Concretamente, el 16,2 por ciento de los que tienen entre 20 y 24 años; y el 26,1 por ciento de los que tienen entre 25 y 29 años. ¿Qué proyecto vital se puede realizar en esas circunstancias?

¿Qué plan de futuro se puede tener cuando el único camino que te ofrecen es nada o empleos parciales, que solo lo son en los salarios y no en las horas de trabajo? Porque el 55,3 por ciento de los jóvenes entre 16 y 19 años tiene un contrato parcial; el 37,3 por ciento entre los que tienen edades comprendidas entre 20 y 24 años; y un 22, 4 por ciento entre los que están entre los 34 y 29 años.

Que la sociedad está cambiando, y entramos en un nuevo periodo civilizatorio, es una evidencia. Pero no puede servir de excusa para ejercer el negacionismo social. En este caso, con los problemas laborales de los jóvenes. Si la sociedad y la democracia quieren tener presente y sobre todo futuro, hay que reconocer que se ha roto el itinerario de inclusión social de los jóvenes. Y a continuación realizar propuestas y acciones concretas para restablecerlo.

Ese es un camino. El otro, el populismo.