Resulta difícil escribir un artículo optimista cuando el panorama de nuestros bosques y montes es desolador. Cada año, cuando llega el verano y las olas de calor, nos envuelve la angustia ante los incendios voraces que están destruyendo nuestros paisajes naturales.
Este 2026 está siendo un año especialmente dantesco. Terminando todavía el mes de julio ya hay más de 170.000 hectáreas quemadas. Estamos sufriendo el mayor incendio de la historia de España en la zona de Madrid, Toledo y Ávila; hace unos días, en Almería, fallecieron 14 personas a causa del incendio; en la Comunidad Valenciana, estamos pendientes de la Vall d’Uixó, una de las zonas naturales más bellas de bosque y arbolado.
Los incendios están provocando víctimas mortales, destruyen miles de bienes materiales, las casas que se queman son pérdidas de hogares, animales que mueren o que pierden su único hábitat. Las cicatrices y el dolor que provoca la pérdida de nuestros bosques son irreparables. Mucho dolor, mucha rabia, mucho sufrimiento.
Vemos a bomberos jugarse la vida contra un fuego que cada año ruge con más fuerza y fuera de control. Incendios de sexta generación, megaincendios, que son fuegos de extrema intensidad y que, según los expertos, liberan tanta energía que son capaces de crear su propia meteorología.
Tenemos más masa forestal que hace treinta años. Tenemos más medios humanos y materiales para combatir los incendios. Nuestros bomberos están más formados y preparados para realizar su trabajo. El problema real es que el cambio climático no provoca incendios, pero sí los explosiona. Y esa es la realidad que el negacionismo y el populismo están dispuestos a negar.
Sin embargo, lo más desolador es el regusto amargo de saber que no habrá posibilidad de que haya un Pacto de Estado, ni que los negacionistas o falaces como Vox reconozcan la gravedad del problema y apoyen soluciones. Este es el verano más cálido y de temperaturas más altas; ya no sufrimos olas de calor, estamos en una permanente ola de calor que alcanza más de 40 grados con breves periodos de respiro. Nuestros mares tienen el agua cada vez más caliente. Vemos episodios de meteorología extrema. En mi Comunidad, todavía están las huellas visibles de la DANA del 2024. Pero todo eso parece ser insuficiente para un partido como Vox que está colándose de la mano del PP en todas las CCAA.
No debemos olvidar que la mayoría de las CCAA están gobernadas por el PP con la colaboración y complicidad de los negacionistas de Vox. Y, aunque en medio de tanta desgracia resulta complicado atribuir responsabilidades políticas, sí es imprescindible recordar algunas cuestiones como:
Son los acuerdos PP-Vox en las CCAA, como bien señala Cristina Monge, los que cuestionan las políticas ambientales, reducen las medidas de adaptación y de protección, reducen las plantillas de bomberos forestales, reducen los presupuestos para prevención en el cuidado de los montes, y rechazan la emergencia climática, atacando además al Pacto Verde Europeo.
Resulta vergonzoso y preocupante que, en momentos como estos, circulen los bulos intencionados como que la Ley de Montes prohíbe limpiar los montes y bosques, algo absolutamente falso, porque la ley obliga a que las CCAA mantengan activa permanentemente la prevención. ¿Quién mantiene y difunde los bulos? La responsabilidad de que la ciudadanía tenga la información correcta no es solo del gobierno, también de una oposición rigurosa que pretende gobernar algún día.
En medio de estas catástrofes, se acaba de aprobar el presupuesto de la Comunitat Valenciana con unos datos escalofriantes. Por ejemplo, que el presidente Pérez Llorca (sucesor a dedo de Carlos Mazón) ha reducido un 10% el presupuesto para la prevención de incendios, alegando que la reparación de zonas arrasadas por la DANA ya se ha realizado, aunque al mismo tiempo se rebaja la Educación Ambiental. Pero hoy mismo dicen los expertos que Paiporta, municipio cero de la DANA, no estará reconstruido totalmente hasta dentro de 10 años.
Fue el innombrable Carlos Mazón quien, nada más llegar a presidente, eliminó la Unidad de Emergencias Valenciana por resultar inútil. Hoy todo el mundo sabe que una de las mejores medidas que tomó el gobierno socialista de Zapatero fue crear la UME. Y que debía haberse extendido a las CCAA, aunque esto ya no ha sido así.
Si seguimos con el presupuesto recién aprobado del gobierno valenciano PP-Vox, una de las medidas más impopulares bajo la indecente proclama de “prioridad nacional” es rebajar el IRPF a las rentas de más de 100.000 euros, así como bajar el impuesto de patrimonio a fortunas de más de 2 millones de euros. Alguien preguntará qué tiene que ver esto con los incendios. Tiene que ver con que son nuestros impuestos los que pagan bomberos, los que presupuestan la prevención, los que cubren la reforestación. Nuestros impuestos crean la estructura imprescindible para apagar fuegos, atender la sanidad, disponer de una buena educación, tener ayudas de dependencia, aumentar las becas, disponer de subvenciones para viviendas y un largo etcétera. ¿Cómo cree la gente que se pagan las cosas? ¿Acaso Vox tiene una máquina mágica de crear dinero de Monopoly? El tema populista de los impuestos hace muchísimo daño. En primer lugar, porque crea desafección y falta de solidaridad ciudadana con nuestro país; pero, en segundo lugar, porque los impuestos que se bajan son de los que más tienen, mientras que la mayoría de los españoles veremos que pagamos lo mismo pero recibimos menos servicios. Porque las CCAA del PP-Vox que bajan sus impuestos de forma populista y engañosa son quienes reclaman luego al gobierno central más y más dinero de una forma claramente insolidaria.
Y lo más preocupante es qué haremos mañana respecto a la gravedad del cambio climático. Porque la respuesta del PP ha sido, una vez más, lamentable.
El PP ha salido ya a rechazar de nuevo el Pacto de Estado sobre el Cambio Climático con varias razones: la primera, cuestionando la influencia del calentamiento global en los incendios, y la segunda, argumentando que ese Pacto es claramente ideológico. Una vez más, hemos oído ese mantra del PP que dice: “Que el clima cambia es algo que ha ocurrido durante la historia de la humanidad” (portavoz del PP).
Si el PP llega a gobernar será el primero que pida Pactos de Estado con urgencia y exigirá responsabilidad y colaboración. Toda la que él no está dispuesto a ofrecer desde su papel de oposición. Porque, como bien señala Daniel Innerarity en su artículo “El consentimiento de los perdedores en la democracia”: “La democracia necesita gobernantes competentes y gobernados críticos, pero también requiere perdedores a la altura de la situación. Necesitamos unos buenos perdedores tanto o más que buenos ganadores. Un buen perdedor es aquel que reconoce la legitimidad de quien ha ganado y juega sus cartas en la oposición sin poner en peligro los procedimientos que le permitirían volver a gobernar. Es más difícil hacer una buena oposición que gobernar y se acredita para esto quien ha sabido hacer aquello”.
El PP no sabe hacer buena oposición democrática. Solo sabe hacer ruido, barullo, revolcarse en el barro para provocar la peor de las situaciones y generar un ambiente de malestar. Desde el minuto cero, la estrategia de Feijóo y el PP fue declarar ilegítimo a un gobierno legítimamente aprobado y tensionar al límite los resortes del Estado de Derecho.
Feijóo y el PP tienen elementos serios para hacer una buena oposición: pactar lo que es imprescindible pactar por el bien de España, alegrarse por las buenas noticias económicas y laborales, y criticar con fuerza y razones (sin demagogia) lo malo de este gobierno, que lo hay. Saber hacer una buena oposición es un requisito para la salud democrática y da garantías frente a quien pretende gobernar.
Porque, a menos de un año de las elecciones nacionales, no sabemos cuál es el programa del PP ni de Feijóo. En estos momentos, en sus CCAA, gobiernan al dictado de Vox, tragándose sapos, metiéndose en el “lío” (como decía Moreno Bonilla), pero no hay ni una sola propuesta seria que nos indique qué piensa hacer el PP si llega al gobierno.
Ya es momento de que el PP y, especialmente Feijóo, ponga encima de la mesa un programa de gobierno. Si es que lo tiene. Si es que lo puede decir. Si es que piensa el PP que sería aceptado por los españoles.
Volveremos en septiembre y Feijóo ya tiene la agenda preparada. No es la lucha contra el cambio climático. No son las propuestas de gobierno. No es una alternativa económica. Es, como él ya ha dicho, “la traca final” contra el PSOE, porque según advierte, “vendrá lo peor”. Y yo me pregunto: ¿qué sabe y cómo lo sabe? Hay ciertas declaraciones, ciertas actuaciones, ciertos comportamientos que generan las comprensibles dudas de que “el que pueda hacer que haga” funciona con buena coordinación.
